Xi Jinping en Davos

Por primera vez, un jefe de estado de China, Xi Jinping, ha participado en el Foro Económico de Davos. Y desde una perspectiva política, ha sido su gran salvador, con un discurso a favor de la globalización y del libre comercio como pilares fundamentales del crecimiento económico mundial.

Este año, no hay otro lugar al que mirar. En EE.UU., la llegada al poder de Trump esta semana augura una transformación en la política económica del país bajo el lema auto explicativo “America First”.

En la UE, 2016 ha sido testigo de la implosión causada por la globalización: la decisión de Reino Unido de abandonar la UE, crisis políticas en España y en Italia, la incapacidad y falta de consenso para responder a conflictos como el de Siria y confrontar a una Rusia que está ganando poder. Y 2017 no parece que vaya a ser un año fácil: elecciones en Francia y Alemania en 2017 en las que el nacionalismo jugará un papel importante –la ausencia de los líderes de ambos países en Davos debe leerse en clave electoral, el inicio de las negociaciones con Reino Unido y una redefinición de las relaciones con EE.UU.

En este contexto, la participación de Xi Jinping en Davos ha simbolizado el éxito de la globalización en términos económicos – no así en términos de libertades políticas y sociales, que dejamos para un análisis posterior.

Más allá de las crisis en Europa y EE.UU., todos los dato económicos confirman el valor que la globalización, en forma de mayores flujos comerciales y de inversión, ha tenido para China.

En 20 años, China ha pasado de ser la séptima economía mundial –por detrás de Italia– a ser la segunda, y será la primera alrededor del 2020 si se cumplen las actuales previsiones de crecimiento. Durante este periodo, ha pasado de ser el décimo primer exportador a ser el primero, y se ha convertido en unos de los tres primeros socios comerciales de casi todos los países del mundo. 

En paralelo, China las cifras publicadas esta semana sobre inversión externa directa reflejan el ascenso de China, que se ha convertido en el motor de la inversión internacional. Según datos del Ministerio de Comercio chino, esta alcanzó los 170.000 millones de dólares, incluyendo 742 fusiones y adquisiciones internacionales en 73 países. En la UE, la IED (Inversión Directa Extranjera) de compañías chinas sigue aumentando año a año, de forma tal que que en ambos lados empieza a verse como un problema; en Europa, por relevancia que están tomando las compañías chinas en el tejido industrial europeo; en China, por el impacto que esta salida de capital tan relevante está teniendo en su moneda en un momento de mayor incertidumbre económica debido a los cambios en el gobierno de EE.UU.

La economía china no da señales de frenar. Esta semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó una actualización de sus estimaciones de crecimiento del PIB, situándola en 6,2% para 2017. En comparación, las previsiones de crecimiento del PIB global, EE.UU. y zona euro son del 3.4%, 2,2% y 1,5% respectivamente.

Quizás más interesante es cómo han cambiado los factores que impulsan este crecimiento: si bien tradicionalmente los motores habían sido la inversión y las exportaciones, desde 2015 es el consumo interno el principal motor, lo que refleja, la escala y velocidad de crecimiento de la clase media y cómo esta ha alcanzado una renta disponible suficiente como para impulsar el consumo.

Las implicaciones de esta transformación son muy relevantes para la UE y sus empresas: las preocupación por la competencia china en sectores de bajo valor añadido, se convierte en una por obtener el mejor acceso posible para productos de mayor valor añadido al que ya es uno de los principales mercados del mundo.

Es en este acceso a su mercado donde China debe ahora mostrar su compromiso con la globalización, liberalizando sectores donde todavía la participación de empresas internacionales está restringido.

Quizás aquí pueda retomarse uno de los temas específicos mencionados en el discurso de Xi Jinping: la sobrerrepresentación que siguen teniendo EE.UU. y la UE en los organismos internacionales. Un apoyo de la UE a aumentar la participación de China en estas instituciones podría facilitar la creación de puentes bilaterales y un desplazamiento hacia un reparto de poder más cercano a la realidad económica internacional.

Este año, Xi Jinping ha salvado Davos. Está por ver si será él de nuevo el año que viene o tendremos la posibilidad de ver un líder europeo definiendo y apostando por una globalización liderada desde nuestro continente.

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