Violencia política y equilibrios de poder en Kenia

Tras las elecciones del pasado martes y las alegaciones del líder de la oposición, Raila Odinga de fraude electoral, el miedo a la violencia política en Kenia crece. Todas las miradas están puestas en Kenia, cuyo rol estabilizador en África oriental es vital.

El desarrollo de la campana electoral se ha caracterizado por un clima de tensión política considerable. Las similitudes entre estas elecciones y las de 2007 son varias: la falta de confianza en la autoridad electoral, la confianza en el sistema judicial y la alta competencia electoral entre los candidatos. Dado que ambos bandos consideran que su candidato va a ganar, las expectativas son altas. Siendo esta la campaña más cara de la historia reciente de Kenia, la manipulación informativa llevada a cabo por ambos partidos políticos, el asesinato del responsable de administrar el voto electrónico y el ataque a la casa del vicepresidente han sido indicadores claros de lo mucho que están dispuestos a arriesgar ambos partidos y lo mucho que tienen que perder si no ganan las elecciones. Muchos keniatas han dejado sus casas en Nairobi y Kibera por miedo a la violencia poselectoral.

Pese a que hay diez candidatos a la presidencia, los resultados se disputan entre el partido Jubilee, partido del actual presidente, y la coalición en la oposición Súper Alianza Nacional (NASA). Ambos partidos han hecho campana prometiendo que crearan nuevas oportunidades para los jóvenes en Kenia e invertir para generar crecimiento económico. Kenyatta ha prometido educación secundaria gratuita y reducir el coste de vida, marcando un giro de su enfoque en infraestructura en su pasada legislatura, a la provisión de servicios públicos. Odinga promete atacar la corrupción en el país, crear empleo, asegurar la provisión de alimentos y frenar la deuda pública.

Pero las diferencias programáticas de ambos candidatos tienen poco peso en el comportamiento electoral de los votantes. Pese a la evaluación negativa que los votantes del presidente dan de su legislatura y la falta de confianza que genera, sus apoyos no han disminuido desde las últimas elecciones en 2013. Kenia es un país donde la identificación partidista es extremadamente estable. Esto se debe principalmente al rol que juega la etnicidad en la identidad política. Ambos candidatos han fomentado la lealtad política entre sus grupos étnicos respectivos: el 96% de los Kikuyu votan al candidato de su grupo étnico, Kenyatta, y el 99% de los Luo votan a Odinga.

Sin embargo, Kenia no está compuesta solo por dos grupos étnicos, sino más de 40 divididos territorialmente (ver mapa para ver la fragmentación étnica y la conversión de la organización territorial en circunscripciones). Los cinco principales grupos étnicos- los Kikuyu, Luhya, Kalenjin, Luo y Kamba, forman aproximadamente el 70% de la población del país según el censo de 2009. Dado el diseño electoral, cada candidato necesita el 50% de los votos para ganar y en caso de no conseguirlos se va a una segunda ronda entre los dos candidatos más votados. Por lo tanto, para ganar, los candidatos a la presidencia deben formar coaliciones. Odinga ha formado una coalición con los Luhya y los Kamba, mientras que Kenyatta tiene como socio político a los Kalenjin.

Fuente: https://www.theelephant.info/future/2017/06/28/the-numbers-game-predicting-winners-and-losers-in-the-august-2017-poll/

La representación política de un grupo étnico depende principalmente de la existencia de un candidato político con posibilidades de ganar y los Luo dependen de que Odinga gane ya que es el único político con perfil de candidato presidencial del grupo étnico. Este diseño partidista tiene fuertes implicaciones para el diseño de políticas públicas dado el riesgo de sobre representar aquellos grupos étnicos que han ganado las elecciones. Politólogos consideran que  la alineación étnica de los partidos políticos reduce la calidad legislativa y fomenta el favoritismo legislativo de unos grupos frente a otros y la corrupción política (ver Abhijit V. Banerjee and Rohini Pande).

Bajo los auspicios de la teoría de juegos y las teorías de la elección racional, este problema se ve intensificado dado que  los candidatos buscaran formar coaliciones minimas ganadoras, termino adoptado por William H. Riker para definir una coalición que tiene suficientes socios para ganar una mayoría, pero ni uno más. Asi, el candidato evita dividir el pastel de la victoria electoral entre mas socios de los necesarios, lo que tiene mas sentido si se consideran los beneficios que la formación de gobierno supondrá para los grupos que han garantizado su victoria. Asi, ninguno de los candidatos tiene incentivos para garantizar una representación igualitaria de los keniatas.

En estas elecciones en particular, dado que esta es la última oportunidad como candidato presidencial de Odinga y la quinta vez que se presenta, los Luo tienen poco que perder si Odinga no gana las elecciones y las posibilidades de rebelión son muy elevadas, especialmente si se hace pública la manipulación por parte de Kenyatta de los resultados electorales. Según datos de Twaweza un 58% de los votantes de Odinga creen que las elecciones acabaran siendo violentas, versus un 37% de los votantes de Kenyatta.

Cómo se desarrollen los acontecimientos dependerá de la respuesta de Odinga a los resultados y como recomiende que se comporten sus simpatizantes, sin embargo, el candidato no tiene los mismos incentivos que en las elecciones de 2013 para mantener la paz. Tras las elecciones, Odinga ya ha declarado que considera que los resultados han sido manipulados. Dos días tras las elecciones ya hay cinco muertos. Cualquiera que sea el resultado electoral, la clara división política en Kenia y la falta de voluntad de cooperación entre las dos coaliciones son un mal precedente para la próxima legislatura.

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