Vértigo e incertidumbre económica

Lo increíble ha ocurrido. El candidato republicano, Donald Trump, será el próximo inquilino de la Casa Blanca. Y desde luego, no son buenas noticias. Sin embargo, los mercados internacionales vivieron una jornada discreta, tras las primeras palabras conciliadoras del ya presidente electo. Nos encontramos en un terreno inexplorado, en el que el populismo ha ganado la presidencia de la primera potencia militar y económica del mundo. Los electores norteamericanos nos acaban de invitar con su voto a abrocharnos los cinturones de seguridad porque todo apunta a que nos espera un vuelo con fuertes turbulencias y alta volatilidad.

Durante los últimos días, la mayoría de los analistas han realizado sus estimaciones sobre el impacto financiero que tendría una hipotética victoria de Trump. Confirmada en las urnas,  el mensaje es claro y desesperanzador: prepárense contra agudas tensiones financieras.

Por ejemplo, respecto a la posible evolución en el s&p500 Barclays prevé caídas de entre el 11% y el 13%. El profesor del MIT Simon Johnson es aún más pesimista y ha señalado estos días que una eventual victoria de Trump provocaría “un derrumbe de los mercados y sumergiría al mundo en una recesión“.

En términos de política fiscal existen motivos para disparar todas las alarmas ya que la situación es de por sí muy delicada. La economía norteamericana se enfrenta a crecientes déficits estructurales y niveles de deuda pública en máximos históricos. Los compromisos electorales lanzados en campaña por Trump amenazan seriamente la sostenibilidad de las cuentas públicas. En el futuro está por ver si los mantiene.

Y es que sus promesas electorales en materia fiscal solo pueden ser calificadas como irresponsables e ilusas. Donald Trump ha prometido masivas bajadas de impuestos, concentradas en las clases de mayor poder adquisitivo,  ya que, según ha manifestado en innumerables ocasiones, “EEUU es uno de los países con mayor presión tributaria del mundo”. De materializarse, se estima que estos recortes de impuestos reducirían la recaudación tributaria en torno a 10 trillones de dólares.

Al mismo tiempo ha prometido el mayor programa de infraestructuras públicas desde los años 50. “Construiremos- ha declarado-  las carreteras, las autopistas, los puentes, los aeropuertos y las redes ferroviarias del futuro”. Populismo en estado puro que conseguiría incrementar la deuda pública en 11.5 trillones de dólares, alcanzando la alarmante cifra del 130% del PIB en 2026.

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La política monetaria es otra de las grandes incógnitas y siembra enormes temores en todos los actores. Los comentarios de Trump durante la campaña electoral, cuestionando los cimientos de la Reserva Federal y la independencia de la presidencia de Janet Yellen, suponen una amenaza real a la actual hoja de ruta de la FED.  El presidente electo ha acusado en varias ocasiones a Yellen de mantener los tipos extremadamente bajos con el fin de crear una economía falsa que favoreciera la agenda política de la Casa Blanca. Según sus palabras “el presidente Obama es el que mantiene baja la tasa de interés”.

El magnate elegido en las urnas ha dado a entender en más de una ocasión su intención de controlar el funcionamiento de la política monetaria. Solo el hecho de que cuestione la independencia de la FED resulta amenazador y justifica los temores sobre el retorno de las tensiones financieras y la recesión económica. Las consecuencias sobre los tipos de interés, los mercados de deuda soberana, y las primas de riesgo son inciertas y poco esperanzadoras.

Una disputa abierta entre el presidente de EEUU y la FED sería catastrófica para los mercados y se traduciría en episodios de alta volatilidad. Los países emergentes estarían entre los mayores damnificados, como mostró el taper tantrum de 2013, en el que el solo rumor de una subida de los tipos de interés causó desplomes en los flujos de inversión, bajó los precios de los activos y devaluó sus divisas ante el dólar.

Preocupan seriamente los efectos sobre el comercio internacional. Donald Trump nunca ha escondido su rechazo a la globalización, y en cambio propone entusiasta un rancio proteccionismo comercial. El panorama sombrío que se avecina no puede olvidar las repercusiones sobre la economía global de una hipotética guerra comercial con China, un escenario este que provoca escalofríos.

En Europa la situación preocupa especialmente dado el mayor nivel de incertidumbre económica. La mayoría de los expertos señalan que la presidencia republicana tendrá efectos muy negativos sobre la creación de empleo.

Se ha abierto un nuevo ciclo histórico que va a cuestionar muchos de los principios democráticos hasta ahora mayoritariamente aceptados por los ciudadanos. Mantengamos las alertas.

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