¿De verdad es necesaria en la UE una Política Común de Seguridad y Defensa?

Tras décadas en el olvido, la Política Común de Seguridad y Defensa  (PCSD) ha vuelto a la agenda política de los líderes de la UE. Desde el pasado año asuntos como el terrorismo, los conflictos en el exterior y la respuesta a crisis compartidas han venido centrando el foco de atención de los líderes políticos europeos.

El escaso interés político, mediático y ciudadano hacia la seguridad y defensa había venido relegando estos asuntos a pesar de que ya formaban parte del proyecto europeo desde sus orígenes, tratándose así de una ambición aún insatisfecha.

Pero, ¿de verdad es necesaria la PCSD?

Sí y sin dudarlo.

La victoria Brexit y el triunfo electoral de Donald Trump en 2016 evidenciaron la vulnerabilidad de la seguridad y defensa europea. La Unión constató que necesitaba adaptarse a su nueva realidad geoestratégica:

Tras la confirmación de la salida británica de la UE, ésta pierde uno de los Estados miembros con mayor nivel de capacidades y gasto en defensa de Europa, que además cuenta con capacidad nuclear y presencia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El Brexit plantea cuestiones vitales para la seguridad europea como la salida de Reino Unido de EUROPOL o la pérdida del acceso británico a la orden de detención europea. No obstante, el Brexit puede suponer un punto de inflexión hacia el avance de la PCSD debido a la tradicional oposición británica a impulsar la integración europea en materia de seguridad y defensa, junto con la falta de consenso estratégico y recursos en la Unión.

Por otra parte, Europa y EE UU han sido socios estratégicos de primer orden desde el final de la Segunda Guerra Mundial compartiendo los valores, intereses y objetivos que conforman el conocido como vínculo transatlántico.

La seguridad y defensa europeas siguen siendo dependientes de Estados Unidos (éste financia el 72% de los costes totales de la OTAN). En consecuencia, las reiteradas declaraciones del ahora presidente Trump criticando a los aliados europeos por no asumir los gastos de su propia seguridad (incluyendo el compromiso del 2% del gasto PIB en defensa, que incumplen la casi totalidad de Estados de la Unión miembros de la Alianza) y abogando por la necesidad de revisar la atribución estadounidense a la OTAN encendieron las alarmas lógicamente a este lado del Atlántico.

La falta de un claro compromiso estadounidense con la Alianza junto con la volatilidad e impredecibilidad que hasta el momento han caracterizado la política exterior de la Administración Trump hacia Europa evidencia la necesidad de que la UE desarrolle una autonomía estratégica en  seguridad y defensa, acompañada de una política exterior coherente. Esto es así tanto por la incertidumbre que genera la situación como por las innegables consecuencias que una retirada del apoyo norteamericano a la OTAN acarrearía para la seguridad y defensa del continente europeo a corto, medio y quizás largo plazo.

La realidad es que vivimos en un contexto securitario incierto y complejo y los Estados miembros por sí solos no pueden hacer frente a los retos que afronta su seguridad y defensa a nivel interno y externo. Por si fuera poco, los Estados han primado recurrentemente sus intereses y su solución nacional ante crisis compartidas.

La gravedad de los desafíos que encara la UE es significativa y requiere que su resolución sea abordada de forma compartida. Así lo evidencian los conflictos en el próximo vecindario y la creciente inestabilidad en los flancos sur y este, con la necesidad de garantizar la seguridad y los derechos de las personas que llegan a la Unión buscando refugio; la amenaza del terrorismo yihadista y los ataques que venimos sufriendo en territorio europeo; Rusia como factor desestabilizador; la anexión de parte de Ucrania por Rusia; los retos en materia de ciberseguridad o, los riesgos y amenazas que plantean vulnerabilidades estratégicas como la seguridad energética, entre otros retos.

Y, en este contexto, ¿está preparada la UE para afrontar estos retos?

La respuesta es no.

La Unión dispone en la actualidad del segundo mayor presupuesto mundial en defensa, pero su relevancia militar no es proporcional a nivel global debido a la falta de proyecto político común, a la ineficiencia y falta de coordinación e interoperabilidad de sus sistemas. Además, la mayoría de las Fuerzas Armadas de los Estados miembros cuentan frecuentemente con dotaciones presupuestarias insuficientes, bien por falta de voluntad política y/o apoyo ciudadano.

Fuente: Servicio Europeo de Acción Exterior 

Desde el pasado año, se han venido produciendo hitos políticos e institucionales hacia la cooperación reforzada, desde la aprobación de la Nueva Estrategia de Seguridad Global de la UE, hasta la ratificación de la Cooperación Estructurada Permanente-PESCO, la activación de los Battle Group Packages, la Revisión Coordinada en Defensa Anual o el Fondo Europeo de Defensa.

La Cooperación Estructurada Permanente-PESCO supone una de las novedades principales. Aunque ya era una forma de cooperación prevista en el Tratado de la Unión Europea que nunca ha sido activada, permitirá a los Estados miembros avanzar a una mayor velocidad en base a un compromiso real y no verse obstaculizados por reticencias de otros países. Se trata de una solución de la “Europa a dos velocidades”, que ya existe en otros ámbitos en los que se ha acordado una cooperación reforzada (caso del Euro y Schengen).

El 13 de noviembre se produjo un paso histórico hacia el impulso de la seguridad y defensa común de la Unión. Los ministros de 23 Estados miembros firmaron una notificación conjunta sobre la Cooperación Estructurada Permanente dirigida a la Alta Representante Mogherini y al Consejo Europeo, con vistas a que éste último adopte por mayoría cualificada reforzada una Decisión por la que se establezca en el próximo Consejo de Asuntos Exteriores (el 11 de diciembre) la Cooperación Estructurada Permanente. Los Estados miembros participantes acordarán un primer listado de proyectos a desarrollar en este marco una vez se haya fijado.

Fuente: European Union Institute for Security Studies Media

En conclusión, es imprescindible que los Estados miembros cooperen intensamente y unifiquen posiciones en la implementación de reformas políticas e institucionales para optimizar los recursos ya disponibles y hacer frente a riesgos y amenazas que por sí solos no pueden. El objetivo será conseguir una verdadera autonomía estratégica, capacidades de seguridad y defensa y una sólida cohesión política, para además de garantizar la seguridad y defensa europea, no verse afectados por las decisiones y prioridades de otros países.

Por su parte, gobiernos y partidos políticos, enfocados en buena medida a políticas de corto plazo para maximizar beneficios electorales, deberán demostrar voluntad y responsabilidad política para avanzar en la política de seguridad y defensa, con frecuencia invisible en las campañas.

Iremos viendo si el grado de solidaridad y compromiso político final deriva en un proyecto europeo sólido capaz de garantizar la seguridad y defensa europea. Esperemos que sí. Al tiempo, seguro habrá actores que intenten aprovechar las vulnerabilidades estratégicas de la Unión.

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