Unión Monetaria: perfeccionar para avanzar

La profundidad de la crisis en algunos países de la zona euro ha puesto de manifiesto la necesidad de perfeccionar la arquitectura institucional y económica de la Unión Monetaria (UM). Paradójicamente, en un momento en que Europa no gozaba de gran popularidad, gran parte de las respuestas a los acontecimientos que se han ido instrumentando desde 2008, especialmente desde 2010, han ido en la dirección de más Europa. Pensemos, por ejemplo, en las actuaciones del Banco Central Europeo, en el reforzamiento de la arquitectura de supervisión fiscal (el llamado Fiscal Compact o pacto presupuestario), en la creación de una herramienta de respaldo financiero (el Mecanismo Europeo de Estabilidad, MEDE) o en la denominada Unión Bancaria. Esta última supone el avance integrador más relevante desde el lanzamiento del euro, al transferir la capacidad supervisora y resolutoria del sistema bancario a instituciones europeas (sistemas únicos de supervisión y de resolución, respectivamente).

Sin embargo, dada la intensidad de la crisis y los diferentes efectos en los distintos países del euro, este importante conjunto de respuestas no puede ni debe evitar la necesidad de seguir perfeccionando la UM.

La Comisión Europea presentó en mayo de 2017 un conjunto de reflexiones sobre cómo mejorar el funcionamiento de la UM, un documento que había sido precedido por el denominado Informe de los Cinco Presidentes de 2015 y que ya adelantaba la mayoría de las propuestas. Este ejercicio de la Comisión se concretó en diciembre de 2017, con la presentación de una hoja de ruta con un conjunto de propuestas que será discutido con los estados miembros a lo largo de los próximos meses. Sin entrar en muchos detalles, las más relevantes se refieren a:

1.- La creación de un Fondo Monetario Europeo (FME) sobre la base del MEDE actual, incorporando esta institución intergubernamental al conjunto de instituciones europeas y alejándolo del control directo que los gobiernos de los estados miembros ejercen en la actualidad. El FME mantendría la misión del MEDE de salvaguardar la estabilidad de la Unión Monetaria proporcionando financiación condicionada a los países en dificultades, mejorando el mecanismo actual de toma de decisiones y pudiendo actuar, también, como mecanismo de respaldo para la Unión Bancaria.

2.- El diseño de nuevos instrumentos presupuestarios para la estabilidad de la zona euro. Básicamente, se trataría de un mecanismo de apoyo a las reformas nacionales, otro de convergencia específico para los estados miembros en vías de adoptar el euro y una función de estabilización con el fin de mantener los niveles de inversión en caso de grandes choques asimétricos.

3.- La Comisión también propone la creación de la posición de ministro europeo de Economía y Finanzas, que se responsabilizaría de la compleja estructura institucional de la Unión Monetaria y que podría actuar para promover el interés general de sus economías, representar internacionalmente a la zona euro y facilitar la coordinación de las políticas económicas.

La mejora del funcionamiento del MEDE y su incorporación al paraguas europeo es un paso importante. Este mecanismo (y su antecesor, el EFSF) se creó en medio de la crisis para proporcionar financiación a los países en dificultades, dado que el nivel y volumen de los desequilibrios macroeconómicos alcanzados en algunos países hacían difícil que el Fondo Monetario Internacional pudiera hacer frente a los mismos con sus instrumentos habituales.

Y es que la crisis puso de manifiesto que, incluso en el ámbito de la UM europea, podía darse un episodio de parón repentino de la financiación a los países (el llamado sudden stop, o paralización repentina), posibilidad que se consideraba reservada a los países emergentes. Los estados con altos déficits por cuenta corriente y elevada deuda exterior se vieron repentinamente privados de financiación, agravando la crisis y las necesidades de ajuste acelerado: Esto ocurrió precisamente por sus dificultades para financiar sus desequilibrios.

En este contexto, es una buena noticia la mejora del funcionamiento del MEDE como mecanismo de financiación en situaciones de estrés y su imbricación en el entramado institucional de la Unión Europea.

En lo que se refiere al diseño de nuevos instrumentos presupuestarios para la estabilidad de la zona euro, habrá que esperar a los detalles del mecanismo de apoyo a las reformas nacionales, aunque probablemente no estará llamado a desempeñar un papel muy relevante. Lógicamente, el instrumento de convergencia para los estados miembros en vías de adoptar el euro no tendrá efectos en nuestro país y, en cambio, sin duda habrá que seguir con mucho detalle e interés las discusiones relativas a la herramienta de estabilización que tendría como objetivo mantener los niveles de inversión en caso de grandes choques asimétricos.

La Comisión considera que la crisis puso de manifiesto las limitaciones de los medios de que dispone cada uno de los estados miembros de la zona euro para absorber el impacto de grandes choques asimétricos y propone una función de estabilización a nivel europeo que ofrecería la posibilidad de movilizar rápidamente recursos en caso necesario, con el fin de complementar el papel desempeñado por los presupuestos nacionales.

Ya en el Informe de los Cinco Presidentes de 2015 se abordaban diferentes posibilidades para la función de estabilización: un sistema europeo de protección de las inversiones en apoyo de las planificadas y predeterminadas; un sistema europeo de reaseguro de desempleo que sirviera de fondo para los sistemas nacionales; y otro fondo para eventualidades que pudiera acumular recursos de los estados miembros de forma periódica (rainy day fund), y cuyos desembolsos se activarían sobre una base predefinida.

La posibilidad de una función de estabilización a nivel europeo es observada con mucho recelo por parte de algunos países, fundamentalmente sobre la base de que este tipo de instrumentos podrían reforzar el riesgo moral y traducirse en transferencias permanentes entre países, algo que no desean. Lamentablemente, la Comisión parece ahora querer limitar la discusión a un instrumento de seguro de inversiones en vez de abordar decididamente otros cuya naturaleza podría, además, reforzar la vinculación de los ciudadanos con el proyecto europeo, como podría ser, por ejemplo, la creación de un instrumento de seguro de desempleo que tuviera un mínimo financiado por un presupuesto común.
En todo caso, el debate para el perfeccionamiento de la UM está ya sobre la mesa y en los próximos meses vamos a ver numerosas propuestas y tomas de posición (como ya ha ocurrido con una reciente contribución de destacados economistas franceses y alemanes). Esperemos que nuestro país no se quede al margen de una discusión tan relevante.

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