Una mirada crítica a la política de inmigración de Donald Trump

Más allá de las incertidumbres que el triunfo electoral de Trump plantea en relación con el escenario económico y geopolítico internacional, resulta importante reflexionar, aun sea brevemente, acerca del significado que tendrían tanto para Estados Unidos como para México dos de sus principales promesas de campaña en materia de inmigración: por un lado, la deportación masiva de inmigrantes mexicanos indocumentados y por el otro, la construcción de un muro fronterizo entre ambos países, el cual además ―según ha afirmado reiteradamente― será pagado por México. El propósito de esta nota es ofrecer una explicación desmitificadora del significado e importancia estratégica que la migración y en particular la migración mexicana tienen para la economía y sociedad estadounidense.

La migración en el contexto del imperialismo estadounidense

La migración y en particular la migración mexicana hacia los Estados Unidos se inscribe en una trama a través de las cuales las grandes corporaciones multinacionales expanden sus tentáculos hacia zonas periféricas en busca de fuerza de trabajo barata y recurso naturales, aprovechando los diferenciales salariales imperantes en el horizonte Norte-Sur, a través operaciones de subcontratación (outsourcing) y/o comercio intra-firma (maquilización). Los programas de ajuste estructural (fincados en la tríada: apertura, privatización y desregulación) han tenido un impacto devastador en las economías de muchos países vecinos a Estados Unidos. Por un lado, estos programas tienen como cometido desmantelar el aparato productivo “nacional” y generar una desbordante masa de población redundante o desempleada (en el caso mexicano 60% de la PEA ha sido arrojada a las filas de la informalidad) y, por otro lado, han abierto el camino a la maquilización de nuestras economías (el 80% de las exportaciones del país provienen de las plantas de ensamble bajo el disfraz de exportaciones manufactureras) y, como contraparte, han generado una desbordante migración laboral que, en esencia, adquiere el estatuto de migración forzada.

Gráfico 1. Desbordamiento de la migración mexicana a Estados Unidos

image1

Fuente: Compilation from Decennial Censuses, 1850-1990; Pew Hispanic Center, 1994-2010 (Passel & Cohn 2011). SIMDE-UAZ, de 2011 a 2015 con base la CPS supplement de march.

El panorama descrito quedaría incompleto si no se considera que a los 12 millones de mexicanos que radican en Estados Unidos hay que sumar una comunidad de origen mexicano de poco más de 30 millones. No puede ni debe omitirse tampoco, en tanto reflejo de las condiciones en las que se despliega la migración mexicana, que el país cuenta también con el mayor número de migrantes indocumentados del planeta y que se ha convertido también en el principal corredor de migración de tránsito del mundo, con todos los costos que ello implica en materia de inseguridad humana y desapariciones forzosas y muerte.

A lo anterior habría que agregar los profundos cambios cualitativos experimentados por la migración mexicana. Entre otros, de un patrón circular se ha transitado a uno de carácter más permanente; la participación femenina e indígena han crecido significativamente; el espectro de actividades laborales en el que se insertan los mexicanos se ha diversificado hacia el sector industrial y una variada constelación de servicios, no obstante que la agricultura estadounidense continúa mexicanizada y crecientemente indigenizada; el fenómeno se ha extendido a casi toda la geografía de los dos países, a lo que se suma la creciente selectividad  que acusa el fenómeno: los niveles de calificación laboral de los emigrantes mexicanos se incrementaron ostensiblemente y con ello su participación en las esferas de ciencia, tecnología e innovación de Estados Unidos.

Cabe subrayar que, a raíz de la crisis en Estados Unidos desencadenada en 2007, se ha producido una desaceleración de la migración mexicana, acompañada de deportaciones masivas de mexicanos a lo largo de la administración del presidente Barak Obama, las cuales ascienden a poco más de 2 millones, acompañada de un endurecimiento sin precedentes de las políticas migratorias y de control y militarización fronterizos. Esta situación seguramente adquirirá matices aún más dramáticos bajo la administración del Presidente Donald Trump.

A los datos referidos habría que agregar algunos indicadores ―por lo general invisibilizados y distorsionados― que revelan la importancia estratégica que la migración mexicana ha tenido y aún tiene para la economía y la sociedad estadounidense. Debido al envejecimiento de la población nativa y el crecimiento de la demanda laboral en ese país, independientemente del traslado de partes del proceso productivo de las grandes corporaciones hacia el extranjero, multireferido y criticado por Trump, lo cierto es que una parte creciente de la demanda laboral en Estados Unidos ha debido ser cubierta por población inmigrante, como se aprecia nítidamente en el gráfico 2. Cabe acotar que la fabulosa demanda de fuerza de trabajo inmigrante por la economía estadounidense no se corresponde ni por asomo con el número de visas efectivamente otorgadas por el gobierno de aquel país, lo que devela que la criminalización de vastos sectores de la población inmigrante, tildados de “ilegales”, no son otra cosa que fruto de una política de Estado encubierta que no solo Trump y sus seguidores, sino la mayoría de los analistas y ciudadanos estadounidenses, pasa por alto.   

Grafico 2. Crecimiento de la demanda laboral en Estados Unidos 2000-2015

image2

Fuente: SIMDE-UAZ. Estimación con base en CPS-ASEC, March supplements, 2000 y 2015.

El aporte de los inmigrantes al crecimiento económico de la economía más grande del mundo constituye otro dato ignorado y obnubilado por la mayoría de los analistas del fenómeno migratorio. Con base en la estimación del valor del PIB generado por la fuerza de trabajo según su grupo étnico y origen migratorio, es posible calcular, con un alto grado de precisión, el inapreciable aporte que los inmigrantes, principalmente de origen mexicano, han hecho al crecimiento de la economía estadounidense (véase gráfico 3).

Gráfico 3. Aporte de los inmigrantes al crecimiento del PIB de Estados Unidos

image3

Fuente: SIMDE-UAZ. Estimación con base en U.S. Bureau of Economic Analysis, Gross Domestic Product by Industry Accounts, 2000 y 2015, y U.S. Census Bureau, CPS-ASEC, March supplement, 2000 y 2015.

Finalmente, resulta fundamental cuestionar la visión dominante sobre la relación entre migración y desarrollo que prevalece en los principales foros multilaterales y agencias internacionales encabezadas por el Banco Mundial, i.e. el famoso mantra de las remesas. Al respecto cabe subrayar que los recursos que los migrantes envían a sus familias lejos de representar un subsidio Norte-Sur y una poderosa palanca para el desarrollo del país de origen, entrañan exactamente lo opuesto: una modalidad de intercambio desigual que implica un subsidio Sur-Norte. En efecto, haciendo una estimación conservadora del costo de la migración para México considerando el costo de reproducción social del migrante a la edad y con el nivel educativos con el que arribaron por vez primera a Estados Unidos (considerando únicamente la canasta de alimentación básica y el costo de la educación pública), es posible aseverar que el costo para México a lo largo del periodo del TLCAN duplica al menos el total acumulado de remesas recibidas en el mismo lapso. Más aún, si esos migrantes hubieran nacido y sido educados en Estados Unidos su costo hubiese sido cinco veces superior. Ello demuestra fehacientemente que la migración, en las condiciones actuales, a contra sensu de lo que esgrime Trump, representa una modalidad de intercambio desigual que no solo rinde cuantiosos beneficios a la economía y sociedad estadounidense, sino que resulta indispensable para su crecimiento y dominación planetaria.

Por todo lo señalado la victoria de Trump, de seguir fiel a sus promesas de campaña, implicaría un duro golpe al modelo estadounidense. La demagogia, ignorancia, racismo, xenofobia, misoneísmo e inexperiencia política del magnate neoyorkino, en su afán de encontrar chivos expiatorios de la crisis por la que atraviesa Estados Unidos, amenaza no únicamente con la deportación a millones de migrantes mexicanos que cargan con el estigma de la “ilegalidad”, sino que conlleva también una amenaza al poder corporativo y financiero de la primera potencia del orbe. De cumplir Trump sus promesas de campaña erosionaría las bases sobre las que se finca el poder monopólico e imperialista del coloso del norte y arrastraría con ello lo que aún queda de la alicaída y desdibujada american way of life. Resulta evidente en este sentido que, en el fondo, Trump carece de un proyecto económico y geopolítico para superar la crisis global del capitalismo estadounidense y occidental.

La población migrante, forzada a salir masivamente del país, se enfrenta a una situación de doble migración forzada ante la amenaza de Donald Trump de llevar a cabo deportaciones masivas desde el primer día de su mandato. No cabe duda que este panorama resulta extremadamente crítico y a la vez desafiante. Por un lado, a través de él se vislumbra una profundización de la crisis sistémica por la que atraviesan México y Estados Unidos, haciendo resonar como nunca antes una de las estrofas del himno nacional mexicano: “… y retiemble en su centro la tierra…”. Por otro lado, la elección de Trump acabó por destapar la caja de pandora y colocar con firmeza en el tablero político la urgente necesidad de emprender procesos de transformación de gran calado tanto en Estados Unidos como (e incluso con mayor urgencia) en el caso de México.

Autoría

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.