¿Una mini-Convergencia?

Aunque nada lo hacía prever en su último congreso celebrado en marzo de 2012,  Convergencia, el partido nacionalista catalán más importante desde el restablecimiento de la democracia, está viviendo sus horas más bajas.  Por aquel entonces CDC, había recuperado el gobierno de la Generalitat de la mano de Artur Mas, gozaba de una cómoda mayoría de 62 diputados en el Parlament de Cataluña y había superado ampliamente a una ERC, su principal competidos. Y además con un partido muy unido había encarrilado la sucesión de Mas designado a Oriol Pujol,  hijo del histórico fundador, como secretario general del partido. No tenía problemas electorales ni internos.  Su principal problema,  y no era una cuestión menor,  era la gestión de la Generalitat en un contexto de profunda crisis económica y con unos ingresos muy mermados por la política de ajustes impuesta por el gobierno del Partido Popular.   Hoy,  en cambio,  Convergencia  tiene dificultades en todos los frentes.  ¿Qué es lo que ha cambiado desde entonces? 

En primer lugar CDC  se ha visto directa o indirectamente implicada en diversos casos de corrupción.  Desde el caso Palau que ha provocado el embargo judicial de 15 de sus sedes,  hasta el caso ITV que provocó la renuncia del delfín Oriol Pujol dejando el relevo en partido en el aire y  a la dirección en situación de interinidad, pasando por la confesión del propio Jordi Pujol de no haber regularizado una presuntamente millonaria herencia. 

En segundo lugar ha experimentado un continuo retroceso electoral. Desde la disolución anticipada de 2012,  que lejos de acercar a CiU a la mayoría absoluta la distanció,  sus  resultados electorales no han dejado de empeorar. CiU fue superada por ERC en las elecciones europeas de 2014, retrocedió en las elecciones municipales y aunque ya en solitario tras la ruptura de CiU,   salvó los muebles en las elecciones plebiscitarias del 27 de septiembre gracias a la coalición Junts pel Sí, en las elecciones generales de 2015, con la nueva fórmula de Democràcia i Llibertat obtuvo los peores resultados de su historia, sólo homologables a los que obtenía en la transición.  Este retroceso que ha dejado a CDC  con una  presencia institucional muy mermada es atribuible tanto a  la penalización sufrida por su condición de fuerza de gobierno en un contexto de crisis,  como a la desafección provocada por los escándalos de corrupción,  pero también es consecuencia de su cambio de posición ideológica tras haber abrazado el independentismo y  las dificultades para competir en ese espacio con ERC quien cuenta con mayor pedigrí y mayor credibilidad.

Y en tercer  lugar tiene problemas de liderazgo.  A la renuncia de Oriol Pujol, y obviando que Jordi Pujol fue despojado de su condición de presidente honorario del partido, hay que añadir la obligada renuncia de Artur Mas a la presidencia de la Generalitat condición sine qua non para que la CUP diese su apoyo a la investidura de un candidato de Junts pel Sí. Desde entonces, muy al estilo del PNV,  Carles Puigdemont un convergente sin cargo en la dirección del partido es Presidente de la Generalitat y Mas,  sin  ningún cargo institucional es  y previsiblemente seguirá siendo   presidente del partido.  La disputa por la secretaría general está abierta y aunque todavía no se han formalizado candidaturas, se han constituido diversas corrientes internas (Nova Convergencia, Llibergència, Moment Zero, Generació Llibertat)  alrededor de distintos posibles candidatos como Josep Rull, Jordi Turull o Germà Gordó.   Todas esas corrientes y todos los posibles candidatos  comparten el giro independentista de CDC  pero discrepan en cuanto a la posición en el eje izquierda derecha dado que el partido en este punto siempre ha sido muy ambiguo por su aspiración a integrar a liberales, democristianos y socialdemócratas.

Por ello hoy Convergencia se debate entre renovar el partido o fundar uno de nuevo,  cuestión acerca de la cual se han de pronunciar las bases el partido en este supersábado, antesala al congreso de julio. Pero el problema que ha de resolver Convergencia no es nominal es sustantivo. Convergencia ya se refundó en 2012 y lo hizo preparando el relevo generacional y asumiendo el independentismo como nuevo horizonte ideológico. Pero su refundación, vistos los resultados, ha resultado ser un fiasco.  El futuro líder era un corrupto y el proyecto ideológico ha sido un fracaso electoral. Ahora lo que ha de decidir Convergencia es si quiere ser una mini-Convergencia, se llame como se llame, o si aspira a volver a ser un proyecto mayoritario y  con voluntad de influir en la política española. De momento ninguno de los dos candidatos en las primarias para encabezar la lista a las generales parece estar por la labor.  Al contrario,  dicen querer ir a Madrid a estar el menor tiempo posible.

El problema de Convergencia es ella misma. Lo son sus crecientes contradicciones y sus fracasos. Es un partido lastrado por la corrupción que quiere construir un nuevo estado. Es un partido que ha cambiado de posición ideológica y que en vez de estar en mejor disposición para la lucha electoral ha acabado retrocediendo.  Es un partido que tiene un líder casi mártir, no olvidemos que Mas está imputado por la consulta del 9N,  al que no puede (y no todos quieren) usar.  Y es un partido que podría mandar en el conjunto de España y ha renunciado a hacerlo. 

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