Últimas réplicas del terremoto

Los sondeos preelectorales de las elecciones autonómicas que se van a celebrar el próximo 25 de Septiembre en el País Vasco y Galicia publicados per el CIS ayer muestran algunas tendencias similares en ambas comunidades.

Euskadi y Galicia son las dos únicas comunidades que quedaban por realizar elecciones autonómicas en el ciclo de cambio que empezó con las europeas del verano de 2014. Así pues, los sondeos registran las últimas réplicas del terremoto electoral que ha asolado España desde entonces.

Los indicios son evidentes en las dos comunidades. En primer lugar se percibe la aparición con fuerza de las nuevas formaciones políticas, sobretodo Podemos, que entraría con fuerza en ambos parlamentos a expensas del voto socialista y del BNG en Galicia, y del socialista y de EH Bildu (y del PNV) en Euskadi.

La estimación del CIS dibuja dos parlamentos autonómicos más cercanos a los resultados de las últimas dos elecciones generales que a las autonómicas de hace cuatro años, antes de producirse el cambio electoral.

Aun así, los resultados estimados difieren de los generales, ya que se trata de elecciones diferentes, en las que el sistema de partidos tiene unas variables propias. Esto es muy evidente en el caso vasco donde Podemos no ganaría las elecciones autonómicas aunque sí lo hizo en las generales. La razón es que parte de su voto (y de PSE y PP) optaría el 25-S por fuerzas nacionalistas, claramente el PNV y también EH Bildu.

Así pues, las estimaciones del CIS (que deben confirmarse en las urnas dentro de dos semanas) dibujan ante todo una “normalización” del voto tanto en Euskadi como en Galicia, es decir una adecuación de ambas comunidades a lo que ha sucedido a lo largo de los últimos dos años en el resto del territorio y que ha configurado un escenario político más plural, con más actores en liza, algunos de ellos de reciente creación.

En Euskadi los datos indican un evidente trasvase de votos hacia Podemos de parte del voto de la izquierda hasta la frontera con el centro. Podemos parece erigir su apoyo desde las bases de la antigua Ezker Batua y la aportación de votos desde el PSE, el PNV y EH Bildu, en un abanico amplio.

Si se compara esto con la evolución de los resultados de las elecciones generales entre 2011 y 2016 se obtiene un dibujo muy similar, lo que estaría indicando un claro efecto de ciclo que se traslada a las elecciones autonómicas.

La única diferencia entre una evolución y otra parece producirse en la derecha. Si entre las elecciones generales de 2011 i 2016 se percibe un evidente trasvase de apoyos del PP a C’s, éste sería mucho más tímido entre las elecciones autonómicas de 2012 y las del 25-S. Esto podría responder no tanto a un efecto de ciclo como a una retracción de ese voto relacionada con la situación política en la escena estatal.

Algo de esto parece también ocurrir en Galicia, donde tampoco se reproduciría en el escenario autonómico el trasvase de voto de PP a C’s que se produjo entre las generales de 2011 y 2016. Aquí podrían jugar dos factores principales. De un lado, la coyuntura estatal, que muestra un claro debilitamiento del voto de C’s frente al del PP (como se puso de manifiesto en la repetición de las elecciones generales). Por otro lado, hay que tener en cuenta que el PP en Galicia actúa como “partido nacional”, de la misma manera que el PNV en Euskadi o el PSOE en Andalucía. Este rol le confiere al PP gallego una posición de centralidad que le permite aglutinar la mayoría del voto que se decide por un partido de gobierno. Este tipo de voto, con una fuerte concentración en el centro ideológico, es al que apela C’s.

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