Trump y compañía

Da igual que cite a Mussolini o que se niegue a condenar al Ku Klux Klan. Que pretenda insultar a los periodistas diciendo que son “peores que los políticos” y a las mujeres con sutilezas como “si Hillary no puede satisfacer a su marido, ¿cómo va a satisfacer a América?”. Poco importa que prometa construir un muro que –no se sabe a cuento de qué- van a pagar los mexicanos, o que confunda el 11-S con el 7-Eleven. Inicialmente despreciado por analistas y comentaristas, Trump se ha convertido en la pesadilla de los dirigentes del Grand Old Party que asisten impotentes a su ascenso entre unos votantes impermeables a sus carencias y sus meteduras de pata, y precisamente ahí está el problema. Trump pasará, todas las encuestas apuntan que tiene poco que hacer en un enfrentamiento directo con Clinton o Sanders, pero sus votantes -esos que le jalean cuando dice que hay muchos culos que patear- se quedarán buscando un nuevo referente en el que recalar.

¿Quién es esa gente y qué es lo que les atrae de Trump? Buscando alguna pista para contestar a esa pregunta, decidí acudir a uno de sus mítines. Me interesaba el discurso del candidato -esa familiar mezcla de populismo (“los políticos son estúpidos y deshonestos”) y arrogancia (“a mí no me van a comprar, llevo toda mi vida amontonando dinero”); de macho alfa (“se me dan bien las mujeres”) y recurso al resentimiento ante los inmigrantes- pero nada de eso es original en Trump. Lo que sí ha cambiado, en EEUU igual que en Europa, es que ahora ese discurso vende, esas palabras calan.

Y efectivamente, entre los 4.500 asistentes al mitin había algún indicio de quién está comprando el mensaje de Trump -al que, por cierto, los medios han dedicado el triple de espacio que a todos sus rivales republicanos juntos. Primer indicio: una mayoría abrumadora de los asistentes eran los ya famosos Angry White Men, pero muy muy blancos (solo encontré a una afroamericana y resultó ser una “agitadora”) y muy muy enfadados. El hábito no hace al monje pero ayuda a identificarlo y, entre trajes de corbata y ropa militar, no faltaban las camisetas que indican claramente a quién consideran su rival (Trump that bitch) mientras alababan las virtudes políticas de Trump (we need someone with balls). Enseguida se repartieron carteles en los que “la mayoría silenciosa”, desasistida por sus representantes en Washington, decía encontrar su voz en Trump; a pesar de la incoherencia de un candidato que se dedica a despellejar a los “políticos tramposos” pero hace suyo el más conocido lema de Tricky Dicky Nixon. Una última pista de este improvisado experimento de observación no participante fue comprobar que, ya antes de que comenzara el acto, esa “mayoría silenciosa” se desgañitaba gritando una y otra vez los mismos eslóganes: “Build the Wall, build the Wall, build the Wall”, “USA, USA, USA” y “Trump, Trump, Trump”. Si alguien quería saber qué es lo que les movía, solo tenía que escuchar.

Pero más allá de los indicios están los datos y esta vez parece que la vista no engaña. En alguna ocasión Trump ha dicho que si una mujer tiene un buen trasero no tiene que preocuparse por lo que digan los demás; quien sí debería preocuparse algo más por sus palabras es él mismo porque, con frases como esa, ha conseguido que 7 de cada 10 mujeres le valoren desfavorablemente. Algunas encuestas ya apuntan que puede alcanzar el peor registro de voto femenino de los últimos 50 años.

Algo similar le está pasando con las minorías. El omnipresente muro, sus asociaciones de los inmigrantes con violadores o sus propuestas de hacer redadas entre la población musulmana, encuentran acomodo en ese segmento de la población blanca que se siente amenazada por el cambio cultural e identitario del país. Varias encuestas apuntan que Trump ha aniquilado a sus rivales republicanos entre los votantes que creen que los inmigrantes amenazan los valores y las costumbres americanas. En la misma línea, pero introduciendo la variable económica, el avance del American National Election Study de 2016 indica que la probabilidad de que los votantes blancos que se sienten discriminados se inclinen por Trump es 40 puntos superior a quienes no perciben esa discriminación, y alcanza los 50 puntos más entre quienes creen que los blancos están perdiendo sus empleos por culpa de las minorías. Ahí está su apoyo, pero también la razón de su escaso atractivo entre otros segmentos de la ciudadanía, especialmente entre una población latina que se ha multiplicado por cuatro en los últimos 30 años, que ya sepultó a Rommney con un 27% de su voto y –más movilizada que nunca- puede dejar en el 11% a Trump.

La desafección y el sentimiento antiestablishment es otro de los grandes caladeros de Trump. Sus votantes son los más críticos con Washington, con la política y con los políticos. La probabilidad de votar a Trump se dispara hasta más de un 80% entre quienes afirman que “la gente como yo no tiene ninguna voz en lo que hace el Gobierno” y desconfían de todo lo que viene de la Administración Federal.

Hombres, blancos y muy enfadados. Ese es el fuerte de Trump pero también su punto flaco porque puede ser suficiente para ganar las primarias republicanas, pero se va a quedar corto ante los demócratas en un país en el que las mujeres ya son la mayoría de los votantes y la composición demográfica ha cambiado rápidamente. En 1980 Reagan obtuvo una clara victoria con el voto del 62% de los varones blancos; en 2012 y con el mismo porcentaje de voto, Romney perdió con Obama por 3’5 millones de votos. Entre uno y otro, ese segmento de votantes había caído del 45% al 35% del total. Ese es el muro con el que topará Trump tras las primarias.

Probablemente el momento de Trump pasará pero, con certeza, su influencia se quedará y se hará notar en un Partido Republicano aún más debilitado y aún más dividido. Su momento pasará, pero sus votantes se quedarán y se harán notar: millones de electores alimentados de extremismo buscando su oportunidad.

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1 Comentario

  1. Maria jesus
    Maria jesus 05-08-2016

    Esclarecedor y fundamental análisis sobre lo más preocupante de esta campaña norteamericana, entender como es posible que este señor tenga tantos seguidores y que papel van a jugar en el presente y el futuro de este país.
    Gracias

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