Trump, Irán y un acuerdo (nuclear) en peligro

Donald Trump anunció ayer la retirada unilateral de Estados Unidos del Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA), más conocido como el pacto nuclear con Irán. Con numerosas cancillerías mundiales y medios esperando acontecimientos para poder hacerse una idea cabal de cuáles serán los próximos movimientos y, por tanto, cuál será el futuro del acuerdo, exponemos brevemente cómo hemos llegado aquí y qué podemos esperar del futuro inmediato.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

1.- Un éxito del sistema internacional de no proliferación. El acuerdo, en vigor desde enero de 2016 y firmado por Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Reino Unido, Alemania e Irán, con la participación de la Unión Europea, constituyó un éxito de la diplomacia multilateral y de la política de no proliferación de armas de destrucción masiva. Tras años de negociación, Irán se avino a poner su programa nuclear bajo supervisión internacional ante el creciente daño que las sanciones internacionales estaban infligiendo a su economía.

2.- En qué consiste el acuerdo. Entre los compromisos adquiridos por Teherán figuran reducir un 98% sus reservas de uranio y en dos tercios del número de centrifugadoras de enriquecimiento operativas, o abstenerse durante 15 años de desarrollar investigación y desarrollo en materia nuclear. Para verificar éstas y otras condiciones del acuerdo, el JCPOA obligaba a Irán a garantizar el acceso a todas sus instalaciones nucleares, sin restricción, a los inspectores de la Organización Internacional para la Energía Atómica (OIEA), que actuaba como garante del acuerdo. A cambio, se suprimirían las sanciones económicas que pesaban sobre Irán en sectores como el comercio, la tecnología, las finanzas y la energía.

3.- Cuál es su valor. Con sus disposiciones, el JCPOA impide el desarrollo de cualquier programa nuclear por parte de Irán, al imponer sobre el país un régimen de inspección internacional a lo largo de toda la cadena de valor, limitando la consecución de materia prima, el enriquecimiento de la misma y su almacenamiento. ¿Se está cumpliendo? Desde la firma del acuerdo, la OIEA ha comprobado y notificado a las partes –la última vez, en marzo de 2018– el cumplimiento iraní.

4.- ¿Por qué Estados Unidos ha decidido salir del acuerdo? Ya durante su campaña electoral, Trump denunció como un error clamoroso la firma del acuerdo por parte de la Administración Obama, por cuanto aquél no impedía de forma definitiva e irrevocable que Teherán pudiera hacerse con la bomba atómica ni contenía sus ambiciones de influencia en Oriente Próximo. Ahora, presionado por sus dos principales aliados en Oriente Próximo y varios representantes de su Administración que nunca han escondido su insatisfacción para con el acuerdo, el presidente estadounidense ha decidido abandonarlo unilateralmente aun a riesgo de quedar aislado frente al resto de potencias mundiales y de facilitar todavía más la influencia en la región de países como Rusia o China.

5.- ¿En qué ha afectado el contexto en Oriente Próximo? Para justificar su decisión y probar que Irán incumple el JCPOA, Trump citó una reciente presentación del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu con exactamente el mismo mensaje. Bibi lleva años luchando contra el acuerdo, tanto antes como después de su firma y en numerosos escenarios, incluyendo el propio Congreso estadounidense. Israel es el único actor de la región que dispone de armas nucleares, un estatus que consigue conservar tanto en los despachos de la Casa Blanca como bombardeando reactores en Irak o Siria. Con la guerra en Siria como telón de fondo, no hay semana que pase sin rumores de escalada de tensiones y enfrentamiento asegurado entre el Estado hebreo y Teherán (o alguno de sus proxies, como es el caso de Hezbollah).

A su vez, Arabia Saudí ha sido uno de los protagonistas más activos no tanto contra el acuerdo per se como contra la posibilidad de que Irán se dote de armas nucleares que puedan consagrar su creciente influencia regional en el marco de la llamada nueva guerra fría de Oriente Próximo. Los saudíes han hecho girar buena parte de sus reacciones y estrategia sobre el eje de su animadversión vis à vis con la República Islámica, como evidencian el conflicto en Yemen y el bloqueo a Qatar por parte del llamado Cuarteto Árabe (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahrein). Trump, el príncipe heredero saudí y Netanyahu comparten así una cosmovisión que ha favorecido una complicidad cada vez más evidente entre actores que en su momento no tenían tanto en común, pero ahora comparten archienemigo.

6.- ¿Hacia un cambio de régimen? La decisión de Donald Trump representa, asimismo, un ejemplo de desinformación; compartida, eso sí, por no pocos en su Administración y entre sus votantes: presentarla como el primer paso para lograr un levantamiento democrático en Irán. Es un discurso en esencia paternalista, utilizado ya con ocasión de las protestas del pasado mes de enero y que demuestra, además, un preocupante desconocimiento del funcionamiento (en ocasiones extremadamente opaco) de la República Islámica. Aunque el acuerdo fue presentado al mundo como un logro del presidente Hassan Rouhani y el ministro de Asuntos Exteriores Javad Zarif, contaba (como no podía ser de otra manera) con el respaldo implícito del líder supremo de Irán, Ali Khamenei.

A pesar del crédito inicial y de su victoria en las últimas elecciones presidenciales, Rouhani se ha convertido en los últimos tiempos en el chivo expiatorio predilecto del régimen, sometido a una considerable presión política (e inevitablemente social) para demostrar los beneficios económicos del acuerdo, cuestionado desde el principio por sus rivales más duros. La economía del país no levanta cabeza, el rial se devalúa, los inversores extranjeros se muestran cada vez más dubitativos y el ciudadano de a pie no acaba de experimentar los efectos del levantamiento de sanciones. Se fortalece, así,  un sistema que se ha intentado derrocar sin éxito desde 1979, y que puede aprovechar cualquier renuncia de Estados Unidos para demostrar que sus halcones tenían razón, y avivar así el sentimiento nacionalista de su población (alimentada durante años por propaganda anti-imperialista) presentándose como víctima y, en ese contexto, impulsar políticas agresivas dentro y fuera de sus fronteras.

7.- De nuevo el ‘Eje del Mal’. La decisión de Trump se enmarca, al igual que gran parte de sus acciones de política exterior, en una narrativa inspirada por la teoría del choque de civilizaciones y la idea de que Irán encabeza un Eje del Mal. Así, Teherán aparece como principal culpable de la inestabilidad de la región y como miembro de ese selecto club, y le está prohibido lo que sus vecinos buscan legítimamente –garantizar su espacio de influencia en la región–, tanto a través de relaciones comerciales como de normalización de relaciones diplomáticas. Todo ello en un ejercicio maestro de dobles estándares que permite a Israel conservar su armamento nuclear o a Arabia Saudí crear una coalición para bombardear Yemen mientras Irán es presentado como una amenaza para la paz y la seguridad internacionales.

Esta narrativa maniquea no hace sino reafirmar a Khamenei y los suyos en su estrategia de enfrentamiento frontal y resistencia. Así, y muy particularmente si los inversores europeos abandonaran el país, se corre el riesgo de que Irán concluya que ya no le reporta ningún beneficio permanecer en el acuerdo y rompa los límites impuestos al enriquecimiento de uranio y otras actividades nucleares. La opción más drástica sería ver a Irán retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear y que expulsara a los inspectores internacionales que tanto han hecho por la no proliferación. Sería el probable pistoletazo de salida para una carrera nuclear en la región, como han advertido los propios saudíes.

8.- ¿Cuál está siendo el papel de Europa? Hasta el momento, el de ofrecer un coro de voces discrepantes: el 25 de abril, el presidente Macron sorprendía a propios y extraños al reconocer explícitamente la posibilidad de que el acuerdo con Irán pudiera ser renegociado. Dos días después, la canciller Merkel anunciaba que el acuerdo “no era suficiente”. Ambos dirigentes visitaron Washington DC en un intento a la desesperada por mantener a Estados Unidos dentro del acuerdo. Mientras, la Unión Europea –a través de su Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini– viene reiterando desde hace meses que Bruselas está comprometida con el acuerdo. Macron, Merkel y May reafirmaron ayer noche la trascendencia de conservarlo y mantener viva la vía diplomática.

No hay que olvidar a este respecto que un considerable número de compañías europeas ha sentado estos meses las bases para vincularse con el tejido económico iraní, y hoy por hoy corren el riesgo de que sus países sean víctimas colaterales de sanciones (re)impuestas por la Administración Trump.

10.- ¿Y ahora qué? El resto de firmantes del acuerdo debe decidir si se mantienen en el pacto o abren un tiempo muerto que contribuiría a potenciar los recelos de Teherán y daría fuerza a sus halcones, contrarios al acuerdo desde el primer momento. La UE y sus países miembros deben trabajar con actores que, como Rusia –flamante king maker en Oriente Próximo y cercano, aunque no aliado, a la República Islámica como consecuencia de la guerra en Siria–, se han comprometido con el acuerdo, para erigirse en garantes del JCPOA y facilitar al Gobierno de Rouhani que adopte una postura de contención que no empeore la situación. A día de hoy, nadie parece estar en posesión de una alternativa al acuerdo que sea realista y viable.

Pese al rechazo del resto de firmantes y a las indicaciones de la OIEA de que Irán estaba cumpliendo, la Administración Trump ha decidido romper la baraja, anunciar su salida del acuerdo de manera unilateral y establecer nuevas sanciones a Irán, en línea con lo propugnado durante hace meses por los más duros del Gobierno estadounidense. Su presidente vuelve a plantar cara al Derecho Internacional, al multilateralismo y a los esfuerzos por resolver los conflictos a través de negociaciones pacíficas, además de erosionar por enésima vez la confianza entre los socios a un lado y al otro del Atlántico (muchos rememoraban ayer los días y horas previos a la decisión de George Bush Jr. de invadir Iraq en 2003).

Trump ya mostró su desdén por los compromisos adquiridos por sus predecesores cuando se retiró de los acuerdos de París, cuando reconoció a Jerusalén como capital de Israel y cuando dio con la puerta en las narices al Acuerdo Transpacífico (TPP). Se plantea así una pregunta abierta: ¿por qué volvería Irán (o cualquier otro actor internacional) a negociar un acuerdo con alguien que rompió el anterior? Las sanciones funcionaron cuando había una perspectiva de acuerdo en el horizonte; seguramente no lo hagan si tienen un fin meramente punitivo.

En política, los halcones siempre tienen una extrema facilidad para generar profecías autocumplidas. Al resto de firmantes del acuerdo en general, y a la UE como poder normativo nacido de los principios que Trump desdeña en particular, les corresponde decidir si quieren contribuir a que las predicciones de los halcones de Washington y Teherán se hagan realidad.

 

Autoría

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.