Taxis (TX), peluquerías unisex (PU) y administraciones públicas (AP)

Algunas características que hacen semejantes dos subsectores del sector terciario, TX y PU:

1) Ofrecen un servicio personal a clientes de ambos géneros cuando éstos lo solicitan.

2) Cobran un precio por ello.

3) Salvo en circunstancias extraordinarias, no pueden negar la prestación del servicio solicitado.

4) Utilizan máquinas y utensilios para prestar el servicio, incluidos datáfonos para cobrar con medios de pago distintos al pago en metálico.

5) Los usuarios pueden concertar con un prestador concreto el momento del servicio con antelación.

Y 6) Deben cumplir los requerimientos que las normas les imponen: fiscales, de revisión de maquinaria o instalaciones, cobertura de responsabilidad civil en caso de daños sufridos por los clientes, etc.

La mayor diferencia entre ellos es que TX presta el servicio usando un vehículo a motor circulando por vías urbanas o interurbanas, mientras que PU lo hace generalmente en locales comerciales con acceso directo a la vía pública o en locales interiores de hoteles o centros comerciales, y en algunos casos en el domicilio del cliente. Pero esta única diferencia no desmiente la notable similitud entre ambas actividades y con otras asimismo semejantes.

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Sin embargo, hay otras diferencias muy relevantes derivadas básicamente de la regulación de TX, algunas de las cuales pueden ser o parecer relativamente justificables, aunque la inmensa mayoría no.

1) Precios: los de PU son libremente fijados por cada operador en un escenario de mercado. Los de TX son precios públicos y fijos que pueden ser distintos en cada municipio. El importe final lo suele calcular un contador automático llamado taxímetro que mide distancia y tiempo según zona o tipo de vía.

2) Tipología de los prestadores: PU está mayoritariamente formado por trabajadores autónomos y por pequeñas empresas que tienen un número muy reducido de asalariados. TX lo está -en teoría- necesariamente por autónomos; la regla es un autónomo, una licencia, aunque es frecuentemente vulnerada con algún tipo de irregularidad que permite que existan pseudo-empresas que explotan varias licencias con conductores asalariados que generalmente reciben unos ingresos proporcionales a la recaudación que obtienen.

3) Libertad de empresa: no hay ninguna limitación en el número de establecimientos PU, es el mercado el que adapta la oferta a la demanda y selecciona los establecimientos que subsisten en función de variables como ubicación, precio, eficiencia, calidad del servicio, etc. No hay casos conocidos de protestas por exceso de establecimientos ni de peticiones a AP para que se fije ninguna limitación. En TX hay un númerus clausus de licencias en cada municipio. Cuando éste pretende aumentar su número al detectar un crecimiento de la demanda que así lo requiere, o cuando se amplía la oferta regulando formas distintas de alquiler de coches sin conductor, las protestas de TX son intensas, suelen bloquear la circulación en las ciudades (las rotondas permiten incluso hacerlo con relativamente pocos vehículos) y acostumbran a usar métodos parecidos a los de los sindicatos portuarios de transportistas y estibadores. Generalmente, consiguen lo que pretenden.

4) Autorizaciones y licencias: el establecimiento de PU es fácil, generalmente una simple comunicación a AP con declaración responsable de cumplir las condiciones establecidas por la normativa. En TX el númerus clausus imposibilita obtener una nueva licencia, y cuando se amplía el contingente en algún municipio impera la opacidad en la adjudicación.

5) Horarios y festivos: Cada PU adapta sus horarios, dentro del margen que ofrecen las normas, a su percepción de idoneidad para atender la demanda y optimizar los ingresos. TX fija para cada licencia un día semanal de descanso obligatorio y un máximo de horas/día operativas; sin flexibilidad para casos de puntas esporádicas de demanda. Un ejemplo: el miércoles de la semana del Mobile World Congress llueve a cántaros en Barcelona. Es casi imposible pillar un taxi dado que no pueden salir los que libran los miércoles (1/7 del total de vehículos, actualmente unos 1.500 en Barcelona) ni el resto pueden ampliar su horario máximo.

6) Asociacionismo: puede que exista alguna asociación específica de PU, pero es improbable. Como mucho, forman parte de las de peluquerías en general o de las del conjunto del comercio por poblaciones o barrios. En el caso de TX, en las grandes ciudades existen organismos mixtos (institutos municipales del taxi o algún nombre parecido) con participación mayoritaria de los propios taxistas, que tienen una enorme influencia en diversos aspectos: fijación de las tarifas, número de licencias y asignación de las nuevas, días y horarios de cada coche para poder operar, etcétera.

7) Elección de proveedor por parte del usuario: lógicamente, cada cliente puede elegir su proveedor PU. También es lógico que, en el caso de TX, esta elección no sea posible en algunos supuestos como: a) en un aeropuerto, con la demanda masiva en la salida de pasajeros recién llegados; o b) al hacer una señal a un TX circulando: el resultado es obviamente azaroso. Pero es absurdo que el cliente no pueda escoger TX en una parada (en función de vehículo preferido por cualquier razón: comodidad del modelo o altura del acceso al vehículo en el caso de personas mayores; limpieza del vehículo; aspecto del conductor; cercanía si la fila es larga y el cliente está en su parte trasera y tiene prisa, etc. Tan sólo el usuario puede elegir proveedor reservando previamente un servicio si tiene un TX identificado y preferido.

Y 8) Traspasos: en UP, el titular de un establecimiento puede ser propietario del local y venderlo o percibir un traspaso -si es inquilino- por el local, las instalaciones y/o el fondo de comercio, pero no por la licencia o autorización administrativa, que no es traspasable. En TX se traspasan las licencias a precios lógicamente muy elevados al tratarse de un bien escaso debido al númerus clausus ya citado. Existe, pues, un mercado negro de licencias administrativas, que lógicamente no deberían tener ningún valor de mercado.

El resultado de estas diferencias derivadas de la pintoresca regulación del TX a lo largo de los años determina, asimismo, estrategias radicalmente divergentes en ambos sectores. La de PU, como la de prácticamente todos los subsectores de la economía, se caracteriza por incentivar la demanda global de su producto y competir con los colegas. Es decir, una estrategia fiel a la lógica de mercado. Como hemos visto, no es el caso de TX. Su estrategia consiste en reducir la oferta a la mínima expresión, perjudicando al usuario al eliminar totalmente la competencia tanto en precio como en calidad y evitando la garantía de suministro en puntas de demanda. Es decir, una estrategia fiel a la lógica de cártel, fruto de la condescendencia o incompetencia del regulador y con los siguientes resultados: un cártel de TX en cada municipio; precios elevados; calidad del servicio irregular, según el proveedor que toque en suerte; mercado negro de licencias administrativas; huelgas más o menos salvajes con importantes perjuicios económicos; entidades participadas por AP actuando como una especie de autolobby.

Por si ello fuera poco, AP se ha equivocado también en la regulación de otras modalidades de vehículos de alquiler con conductor, facilitando la especulación también con estas licencias y propiciando el caos actual (aquí).

Pero todo esto, hoy, no es lo más grave. Lo más grave es que a la incompetencia regulatoria de AP hay que añadir lamentablemente su cobardía. Ojalá esta mezcla letal afectara solamente al problema TX, pero no es así: afecta al futuro en general.

Es incompetencia por su enorme dificultad para comprender que la globalización y la tecnología lo están transformando casi todo. En el inmenso mar de tinta que trata de esta mutación me gusta recordar un paper ya casi antiguo (de 2016) del francés N. Colin (aquí) en el que rememoraba, en torno a una reflexión sobre el brexit, al economista Karl Polanyi, que publicó en 1944 una excelente descripción de la transición entre dos modelos económicos radicalmente distintos: el que a partir de finales del siglo XIX se empieza a desmoronar y que, simplificando, podríamos denominar como del patrón oro, hasta el que convencionalmente hemos llamado de la economía fordista y el patrón productividad, que se consolida ya avanzado el siglo XX. Nuevos modelos de producción, nuevos paradigmas sociales e ideológicos, la implantación de normas antitrust, nuevas instituciones, nuevas reglas del juego y, por supuesto, conflictos inevitables vinculados al cambio.

Colin afirma que estamos en un nuevo momento Polany, el paso de la economía fordista a la matemática o digital. Sólo que se trata de un cambio aún más radical y a una velocidad de vértigo. Es un cambio que viene para quedarse y no admite recetas convencionales de regulación; que exige ver qué ocurre en Asia u Oceanía, no necesariamente para copiar sus soluciones (o sí), pero cuando menos para comprender lo que llega. Un solo ejemplo: en Corea del Sur están desapareciendo los hoteles -excepto los de lujo- y las nuevas casas se construyen con dos entradas, una para los clientes que alquilan habitaciones mediante plataformas tecnológicas y otra para la familia.

Volviendo a TX: se comporta de forma parecida a los sindicalistas del ludismo, que en Leicester y Manchester destrozaban los primeros telares automáticos porque destruían puestos de trabajo (por cierto, otra vez Corea del Sur: la industria más robotizada del mundo y con tan sólo un 3% de paro). O como las cerilleras madrileñas, que vendían en la calle cerillas y cigarrillos a granel y que pedían a AP que prohibiera los mecheros.

Y la cobardía de no querer darse cuenta. Si el sector afectado no tiene capacidad de presión, AP dice qué bonito, es la economía colaborativa. Pero cuando la tiene, cede fácilmente e insiste en una regulación clientelar. E incluso les ríe las gracias. En definitiva, una cobardía para hacer frente a la realidad que sólo se puede traducir en decadencia. Y quieren ahuyentar su miedo nada menos que con la brillante idea de poner puertas al campo.

 

Autoría

1 Comentario

  1. Leonor
    Leonor 08-01-2018

    Genial el artículo, muy bien traída la comparación. Esto no hay quien lo pare.

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