Socialistas mutantes ¿viaje de ida y vuelta?

Llegamos a la semana final de las primarias del PSOE y todo está por dilucidar. La distancia en avales parece remontable por Sánchez cuando los ciudadanos pueden emitir su voto sin el constreñimiento de hacer público su apoyo, pero nada permite descartar que Susana Díaz logre mantener su apoyo y aguar las expectativas de los sanchistas. Mucho está en juego. Lo que se decide en las primarias es trascendente para el futuro del partido. Los militantes van a decantarse por opciones que propugnan dos estrategias políticas completamente distintas para recuperar la confianza del electorado, que se evidencian claramente en las manifestaciones de los candidatos. Una busca situar al partido en unas coordenadas inequívocamente de izquierdas, propone alianzas con fuerza progresistas, y formula planteamientos más audaces en la cuestión territorial. La otra candidatura afea a la primera su deriva izquierdista, que considera que aleja al PSOE de una centralidad “ganadora”, y parece más proclive a participar en acuerdos que favorezcan la gobernación con fuerzas situadas a su derecha. Es también más cicatera en la cuestión territorial, evitando salirse de consensos en torno a un mínimo común denominador aceptable por todos dentro del partido.

Determinar cuál de las candidaturas es electoralmente más competitiva es una ambición que trasciende cualquier capacidad analítica. Los futuros están siempre por escribir. Mi objetivo es más modesto. Pretendo presentar solo unos datos que muestran dónde existe un caladero significativo de votos “recuperables” por el partido socialista, cuáles son sus características sociodemográficas y sus preferencias ideológicas. Utilizo para ello la encuesta postelectoral de 2016 del Centro de Estudios Sociológicos (Estudio 3126). Entiendo, en consonancia con una larga tradición politológica, que la probabilidad de que los votos perdidos puedan ser recuperados finalmente depende de que el partido pueda volver a resultar atractivo y percibido como próximo entre ese tipo de votantes.

Los votos “recuperables” en que me voy a centrar son votantes que declaran que votaron al PSOE en 2011 y a Unidos Podemos en junio de 2016. Es posiblemente una fracción reducida de los votantes que han abandonado el PSOE, puesto que la gran pérdida de votantes se produjo entre 2008 y 2011 (el voto pasó de 43,8 a 28,8%), pero análisis realizados en otros lugares revelan que las conclusiones extraídas aquí posiblemente sean extrapolables a muchos de esos votantes que abandonaron el PSOE anteriormente.

Si atendemos a los datos de recuerdo de voto de la encuesta postelectoral del CIS, entre las elecciones de 2011 y las de 2016, un 20,2% de los votantes del PSOE se pasaron a Unidos Podemos o alguna de las confluencias (en adelante UP). Esta cifra es muy superior a los ex -votantes socialistas que ahora votan Ciudadanos (7,6%), o que había transitado a otras opciones (casi insignificantes). Es decir, UP se nutre en 2016 de un voluminoso contingente de votantes que venían de votar al partido socialista en 2011. En realidad era el origen más común de los votantes de UP. Si desagregamos la composición de su voto, nos encontramos que un 34,3% del voto viene del PSOE, un 30,7% de IU y un 4,9% del PP. Cerca de un 20% no votó, ya fuera porque se abstuvo, no tenía edad de votar o no tenía derecho. Los votantes del PSOE son el principal caladero de votos de UP. Los de IU no le van muy a la zaga. El propósito de este post es comparar los perfiles sociológicos e ideológicos de estos dos grupos de apoyo a UP (llamémosles “votantes mutantes” si venían del PSOE, y “votantes enraizados” si venían de IU) y con los votantes que siguieron votando al PSOE (“leales”). No incluiremos toda la información obtenida, presentada recientemente en un seminario en el European Studies Centre de la Universidad de Oxford,  remitiendo al lector a publicaciones posteriores.

El primer plano en que se puede realizar esta comparación es el socio-económico. Mucho ya se ha dicho sobre los perfiles socioeconómicos de los votantes de Podemos en comparación a los del PSOE ¿pero qué sucede con los votantes mutantes en relación a los leales?

Una proporción mayor de votantes mutantes que leales han perdido su empleo en los últimos cuatro años (40,8% frente a 34,9%) y una proporción más alta han experimentado recortes salariales (49% frente a 39%). Pero estas diferencias obedecen a la menor edad de los primeros, y en un mercado de trabajo dual como el nuestro, a su menor vulnerabilidad laboral. Cuando en un modelo multivariante se tiene en cuenta este factor, no hay evidencia de que exista un efecto estadístico que no se deba exclusivamente a la composición edataria diferenciada de ambos grupos. Los votantes socialistas mutantes son más jóvenes. Tienen de media 46,8 años, ocho menos que los votantes leales (54,8), y son solo ligeramente mayores que los votantes de UP que provienen de IU (45).

De hecho, existe algo más evidencia de que los votantes mutantes tienden a vivir en hogares ligeramente más adinerados que los votantes leales, y su  perfil económico se aproxima más a los votantes enraizados en IU.

En sintonía con estos datos, los votantes que han abandonado el PSOE para apoyar a UP presentan un nivel más alto de estudios que los votantes leales (el 28,2% tiene estudios universitarios frente al 15,3% de los leales) y tienden a pertenecer a segmentos de las clases medias y medias altas (19% y 12 respectivamente). En contraste, entre estos socialistas mutantes hay un porcentaje más bajo de trabajadores no cualificados (13,9% frente a  17,2%) o personas sin estudios o nivel de estudios primarios (16,7% frente a 35,8%). Como resultado de estos flujos de salida, por tanto, la composición socio-económica de los votantes del PSOE ha cambiado sensiblemente.

Las pérdidas de voto del PSOE en beneficio de  UP se produjo en toda España, pero los socialistas mutantes son especialmente numerosos en el País Vasco (donde el 45% de los votantes del PSOE se pasan a UP), las islas (32,2% en las islas Baleares y 32,8 en Canarias), la Comunidad Valenciana (27%) y Madrid (25,7%). UP arrebata votantes al PSOE especialmente en las áreas más pobladas. En las metrópolis de Madrid y Barcelona, los votantes mutantes están claramente sobrerepresentados (27%).

Pero quizás más interesante que la comparación de perfiles socioeconómicos y sociodemográficos de los votantes perdidos, ya identificados acertadamente en la ponencia política del PSOE y artículos de sociólogos afines a la Gestora y Susana Díaz, es contratar los contornos ideológicos de lo que aquí llamamos votantes leales, mutantes y enraizados.

Cómo puede advertirse en el gráfico, los votantes mutantes presentan un perfil que los sitúa a medio camino entre los leales al PSOE y los enraizados en IU. El 40% se sitúa en el punto 3, y un nada desdeñable 29% en el 1 y 2. Es decir, casi tres de cada cuatro son genuinamente de izquierdas, escorados hacia este lado del eje bastante más que los votantes leales. Mientras los votantes mutantes se sitúan en el 3,0 de media, los leales lo hacen en el 3,8 de media. Los votantes de UP enraizados en IU lo hacen en el 2,6.

La posición intermedia de los votantes mutantes se confirma cuando examinamos su ubicación sobre cuestiones que vertebran otros ejes de autoposicionamiento político. El primero de ellos es la escala de libertad-seguridad y el segundo una escala de preferencias por un modelo multicultural/nativista.

En ambos casos, el perfil de los votantes que abandonaron el PSOE presenta diferencias notables con el de los votantes leales, y tiende a acercarse al de los votantes de UP enraizados en IU. En la escala sobre importancia otorgada a la libertad personal frente a la seguridad, los votantes mutantes se sitúan, de media, en el 2,6, más cerca del 2,0 de los votantes enraizados en IU que en el 3,8 de los votantes leales. En cuanto a preferencias por el multiculturalismo/nativismo, los votantes mutantes se ubican en el 4,3, de nuevo más cerca de los votantes enraizados que el 5,4 de los leales.

Lo mismo ocurre si se analizan las diferentes preferencias sobre la organización territorial del Estado. Aunque predominan los partidarios del statu quo, los antiguos votantes del PSOE que dejan de votarlo en 2016 tienden a mostrarse mucho más favorables que los leales a opciones que contemplan un mayor grado de autonomía o autodeterminación.

El debilitamiento electoral del PSOE responde a dinámicas claramente perfiladas. Los flujos de salida atraen a UP a un contingente de votantes socialistas que tanto por su perfil sociológico como sus preferencias pueden sentirse ubicados en la izquierda del PSOE, en un espacio próximo al que ha representado tradicionalmente en España Izquierda Unida o partidos de izquierda de ámbito autonómico. Es ahí donde el PSOE tiene su boquete electoral. La cuestión clave es si estos votantes son rescatables.

Evidentemente poco puede decirse al respecto porque resulta imposible anticipar las estrategias de los actores o fenómenos imprevisibles que pueden alterar los efectos de cualquier iniciativa encaminada a recuperarlos. Una aproximación a esta cuestión exige, por tanto, mucha cautela. Ahora bien, la encuesta del CIS permite capturar la predisposición subjetiva al retorno con una pregunta que interroga sobre la probabilidad de que el entrevistado vote a un partido (en este caso el PSOE) en una escala de 0 a 10. En el siguiente gráfico mostramos el porcentaje de quienes sitúan esa probabilidad por debajo de 5.

Mientras los votantes de Unidos Podemos enraizados en IU rechazan muy mayoritariamente la posibilidad de votar al PSOE, los votantes mutantes parecen mucho más proclives. Podríamos decir que aproximadamente 2 de cada 3 le otorgan una posibilidad significativa (igual o mayor que 5 en la escala).

A tenor de los datos, parece justificado pensar que ampliar la masa de apoyo al PSOE pasa por convencer a estos votantes de que vuelvan. Son votantes con un perfil claramente ideológico, de izquierdas y con valores profundamente liberales en lo social, que en muchos sentidos se parecen más a los votantes de UP que proceden de Izquierda Unida que a los socialistas leales que siguen votando al PSOE. Pero tradicionalmente, en los buenos momentos, el PSOE había sido capaz de arrebatárselos a IU, ya fuera porque se sintieran incómodos con los planteamientos ideológicamente maximalistas de IU o porque percibieran al PSOE como una opción útil para intentar aupar al gobierno un partido que llevara a cabo políticas progresistas. En el nuevo contexto político, buena parte de la debilidad electoral del PSOE deriva de la incapacidad de tejer complicidades con ese electorado.

La ponencia política que ha promovido la Gestora del PSOE ha preferido ignorar la dimensión ideológica de ese segmento electoral perdido. Prefiere reconocer solo sus perfiles sociológicos, descuidando la relevancia de otras dimensiones. A partir de ahí, señala que para concitar mayorías hay que recuperar la credibilidad y coherencia del mensaje del PSOE, sin entrar en muchos detalles sobre cómo se hace esto. Es un diagnóstico que parece haber comprado Susana Díaz, lanzada en el debate a criticar la volatilidad ideológica de Sánchez como causa principal de la debilidad electoral del PSOE. Los mecanismos por los que la credibilidad y la coherencia deben transformarse en apoyos de votantes con perfiles sociológicos y preferencias ideológicas alejadas de su candidatura no han sido explicitados. Quedan cuatro días, y si está a tiempo de presentar un programa, seguramente también lo está de explicar cómo va a conseguir que vuelvan los socialistas mutantes.

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