Siete claves para entender el 21-D

A pocas horas de la apertura de los colegios electorales, siete elementos definen esta convocatoria extraña e inédita, de final incierto y de consecuencias imprevisibles.

1. La participación

Todos los datos apuntan a una enorme voluntad de participar en estas elecciones, lo que lleva a suponer que mañana se romperá el récord de voto no sólo en unas elecciones autonómicas, sino en todas las convocatorias de cualquier tipo que se han venido celebrando en Cataluña desde 1977.

El techo lo marcan las elecciones generales de 1982, con su 80,7% de participación. Los diferentes institutos demoscópicos apuntan a una tasa superior por pocos puntos: entre el 81% y el 84%.

A pesar del consenso general sobre esta tasa inédita de participación, esta convocatoria se celebra en día laborable, lo que debe ponernos en guardia sobre el comportamiento final de los electores. Es verdad que una mayoría nunca antes vista expresa su voluntad de acudir a las urnas, pero una cosa es querer y otra muy distinta poder. Y aquí puede haber sectores del electorado que tengan alguna dificultad para ir a votar.

Atención a los parciales de participación, sobre todo al que se anunciará en el mediodía. De todos modos, esta vez los parciales serán diferentes de las otras elecciones. Puede muy bien ser que el voto se concentre en las primeras horas de la jornada y en las últimas.

2. Los indecisos

El elemento de mayor incertidumbre en cualquier cita electoral, pero que el 21D se ha convertido en un auténtico rompecabezas. En primer lugar, por su dimensión. Nunca antes había habido tantos indecisos a tan poco tiempo del día de las elecciones. Según las encuestas publicadas por El Periòdic d’Andorra, cerca de 1,4 millones de electores catalanes no tendrían claro qué votar el jueves. Un contingente suficientemente grande como para dar el vuelco a las previsiones demoscópicas que se han manejado hasta hoy.

El perfil de los indecisos no ayuda a desentrañar sus intenciones. Según la mayoría de sondeos, los electores que no han decidido a qué partido dar apoyo son mayoritariamente mujeres de más de 60 años. La mayoría ha nacido en Cataluña y hablan habitualmente en catalán o son bilingües.

Son un grupo diverso que va a estar dudando hasta el mismo momento de escoger la papeleta. En 2012, en una convocatoria similar a la actual, 330.000 votantes decidieron su voto el mismo día de las elecciones. Hace dos años fueron 300.000, a pesar que el independentismo se presentaba en una sola candidatura. Esta vez los que se decidan una vez dentro del colegio electoral pueden llegar a rozar el medio millón.

3. Las encuestas

Las estimaciones demoscópicas van a ser esta vez una de las escasas brújulas con las que cuenten estos indecisos. El escenario electoral catalán ha dado tantos tumbos en los últimos tiempos que el votante ya no sabe dónde agarrarse: en siete años ha habido cuatro convocatorias autonómicas, ha desaparecido el partido más votado en 2010 (CiU, 62 escaños), ha desaparecido ICV, el PSC ha pasado de segundo a cuarto, Ciudadanos (C’s) de sexto a segundo (y con aspiraciones a primero)…

El problema es que las mismas encuestas sufren de este escenario cambiante y tampoco saben a qué agarrarse para asegurar sus estimaciones. Está bien recordar que hace dos años las previsiones fallaron en la estimación para Catalunya sí que es pot y C’s. A los primeros les auguraron un resultado mejor del que finalmente obtuvieron, mientras que los segundos reventaron todos los pronósticos con sus 25 escaños. También la CUP sorprendió a propios y extraños.

Esta vez parecería que las encuestas intentan resarcirse de aquel error. El momento Podemos parece claramente periclitado tres años después de su aparición fulgurante. Pero, ¿estamos ante un momento Ciudadanos o se trata, más bien,  de un espejismo demoscópico?

4. Los espacios de competencia

La competencia entre estos partidos acabará de definir el escenario postelectoral en Cataluña. Pero existen otros espacios con votantes fluctuantes que han ido moviéndose a lo largo de la campaña.

A un día de las elecciones, parece claro que C’s le ha ganado la partida al PP. Es difícil calcular la dimensión exacta, pero el trasvase de voto de los populares hacia Arrimadas ha sido constante a lo largo del último mes, lo que ha dejado a los de Albiol en los huesos.

El espacio que comparten los socialistas y Ciudadanos está aún vivo, con mucho voto en la indefinición y sin que se cierre la vía de trasvase entre ambas fuerzas.

Lo mismo podría decirse del espacio entre ERC y JxCat. Los últimos datos parecen apuntar a una ralentización de la progresión que había mostrado Puigdemont en este segmento. Aun así, las espadas siguen en alto, con una importante bolsa de indecisos.

En el espacio de la izquierda, Catalunya en Comú, la CUP y ERC siguen luchando por un voto no definido, que en los últimos días parece inclinarse por los comunes.

Este avance en el espacio de competencia con los independentistas se compensa, en el caso de CeC, con los problemas que sufre en su frontera con el PSC, que a lo largo de la campaña parece inclinarse algo en favor de los de Iceta.

Los socialistas, en cambio, parecen perder algo de espacio a favor de Puigdemont en el espacio en el que competían con los independentistas.

5. El voto útil

Los últimos días de campaña ERC y C’s, los partidos aspirantes a la victoria según los sondeos, han intentado generar una dinámica de voto útil para atraerse a los electores indecisos de sus espacios de competencia. Los de Arrimadas han cargado sin piedad contra el PSC, al que acusan de haber urdido un acuerdo con ERC para después de las elecciones. Los republicanos atacan a Puigdemont de manera más sibilina, con el argumento de ser los únicos que pueden evitar una posible victoria de C’s.

Los ultimísimos datos no parecen apoyar la idea de que exista una dinámica de voto útil ni en el espacio independentista ni en el no independentista. Las distancias entre ERC y JxCat, por un lado, y entre Ciudadanos y PS, por el otro, se mantendrían a solo un día de los comicios.

6. Las posibles mayorías

La noche del 21D va a aclarar algunas incógnitas, pero no todas. Se abrirán nuevas preguntas que deben obtener respuesta en las semanas y meses posteriores. La principal, qué mayorías puede haber en el nuevo Parlament. No es un juego abierto, ni mucho menos. Si tenemos en cuenta las estimaciones de los sondeos, se reducen drásticamente en comparación con las elucubraciones que pueden hacerse.

La mayor incógnita que la noche del 21D despejará es si puede repetirse la mayoría de las fuerzas independentistas de hace dos años. Las encuestas no se mojan. Los 68 escaños necesarios están en el alero.

Si no se produce este escenario, se abre el juego a posibles mayorías alternativas. De ellas, dos principales.

La primera, una mayoría de las fuerzas independentistas más Catalunya en Comú, que prácticamente todas las previsiones aventuran que superaría los 68 escaños. Habría una posible alternativa, que sería cambiar la CUP por los comunes en una mayoría dominada por ERC y JxCat. El problema de cualquier acuerdo de este tipo sería la Presidencia, habida cuenta de la campaña desplegada por Puigdemont.

La segunda sería la reedición del acuerdo de las fuerzas de izquierda (ERC, PSC y comuns) que gobernó Cataluña entre 2003 y 2010. Aquí el problema es la lejanía sideral entre republicanos y socialistas, lo que obligaría a uno de los dos a una renuncia significativa a sus planteamientos.

Estas dos opciones son las únicas viables si no se quiere explorar un acuerdo transversal de largo alcance. La posibilidad de una mayoría sin el concurso de alguna fuerza independentista es literalmente imposible. La suma de C’s, PSC y PP no consigue el mínimo de 68 escaños, y es un sinsentido pensar que Catalunya en Comú pueda dar apoyo (ni siquiera pasivo) a un acuerdo que incluya a los populares.

7. Los equilibrios

Lo que define estas elecciones, más allá de los resultados que obtenga cada partido, es la enorme estabilidad en las variables de fondo. Si se observan éstas, se concluye que los equilibrios en Cataluña siguen como hace dos años. El independentismo es la fuerza principal del sistema, pero no tiene la suficiente para materializar su propuesta. Al otro lado no hay una mayoría alternativa, porque simplemente no existe un proyecto compartido, más allá del rechazo a la imposición de una independencia de tipo unilateral.

Estos comicios servirán, seguramente, para poner de manifiesto (una vez más) que Cataluña sigue igual que antes de la convocatoria. No hay salida posible desde el enfrentamiento de bloques, sólo la repetición hasta la extenuación del mismo dibujo, de la misma correlación de fuerzas. El bloqueo infinito, el enquistamiento sin solución.

La ciudadanía se va a pronunciar este 21D y dará una respuesta que será, muy probablemente, la misma de los últimos cinco años. La pelota quedará en el tejado de los líderes políticos. Deberán ser ellos los que deshagan el embrollo, quienes lleguen a una solución. Una repetición electoral sólo nos dará otra vez la misma fotografía (escaño arriba, escaño abajo). Podemos tardar más o menos, pero la solución al problema en Cataluña sólo pasará por un acuerdo político entre diferentes. Todo el tiempo que perdamos antes de llegar a él será eso, tiempo perdido. Y ya llevamos unos cuantos años.

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