Sí, la inmigración es una oportunidad

El marco conceptual desde el que valoramos lo que sucede a nuestro alrededor tiene una gran influencia sobre las ideas y los debates que surgen después. Aunque, en realidad, puede que todo esté conectado. Los marcos de partida los fijamos primero individualmente con el trato que le damos a cada información, a cada noticia y a cada tema; en cómo compartimos esos pedazos de información y dónde hacemos hincapié; en el uso político que se haga de ellos, y en el trato colectivo posterior. Los debates nacen viciados en muchas ocasiones porque lo instantáneo nos puede. Hay que tratar este tema aquí, ya.

Con el debate sobre la inmigración ocurre algo parecido. Hemos aceptado lo que Michael Clemens ha llamado en un trabajo reciente la “visión tradicional”. Se trata de la visión más extendida sobre el fenómeno, e intenta presentarla como algo “que surge de un desarrollo fallido en los países de origen, algo que perjudica a los trabajadores y a las sociedades de los países de destino, y algo que los gobiernos causan”.

Pero (se pregunta Clemens) ¿qué pasaría si tomáramos este mismo marco para analizar otro fenómeno económico de importancia como el emprendimiento? Está claro que “si viéramos a los empresarios como personas que empezaron un negocio porque fracasaron como trabajadores asalariados, o si tratáramos a los empresarios como peligrosos y degradantes para las empresas ya establecidas, o como algo que los gobiernos causan, entonces llegaríamos a recomendaciones claras, pero extrañas”. Intentaríamos evitar, por todos los medios, que aparecieran más emprendedores malignos de este tipo. Pero entendemos que esto no tiene mucho sentido.

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La realidad es que los migrantes, como los emprendedores, contribuyen al desarrollo de las sociedades, y desde ese marco debemos evaluarlos y pensar en las políticas que hay que desarrollar. Sin alarmismos; acudiendo a las fuentes, los datos y la evidencia disponible, que es considerable y que el Banco Mundial ha recopilado de manera magnífica en un informe reciente: Moving for Prosperity: Global Migration and Labor Markets.

Veamos. Empiezan los autores con un dato importante: la población migrante en la actualidad sigue representando lo mismo que hace 50 años en términos relativos: alrededor de un 3% de la población mundial. A pesar de haber aumentado mucho en números absolutos, el fuerte crecimiento de la población total ha hecho que el ratio se haya mantenido prácticamente constante desde 1960 (Gráfico 1), igual que su concentración: 10 países acogen al 60% de los migrantes de todo el mundo.

Al mismo tiempo, el revuelo mediático que generó la crisis política europea con el drama de los refugiados sirios –recordemos al pequeño Aylan– transformó la percepción general sobre su verdadero número. Lo cierto es que a principios de los años 90 había más refugiados en términos absolutos y casi el doble en términos relativos que en la actualidad. Nos recuerdan, además, que sólo un 8% de los refugiados desplazados a causa de las crisis más importantes de 2015 (Siria, Afganistán, Somalia, Sudán del Sur y Sudán) llegaron a desplazarse hasta Europa occidental, y que sólo cinco países dan cobijo al 40% de los refugiados a nivel mundial: Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Paquistán.

Otra de las características que quizá no tengamos presente es la composición educativa de la migración actual. En pocas palabras: es más cualificada que nunca. En 2010, casi un 50% del total de migrantes en edad de trabajar (43 de 85 millones) contaba con educación terciaria, comparado con un 27% en 1990. Eso ha hecho que, en casi todos los países, el nivel educativo de los migrantes sea mayor que el de los nativos (Gráfico 2).

Así que, visto esto, tratemos de entender los determinantes que hay detrás de estas decisiones. ¿Por qué migrar? El informe identifica tres factores principales.

1.- El primero de ellos tiene que ver con los beneficios potenciales del desplazamiento, y es la diferencia de salario (o renta) entre el país de origen y destino. Al ser una decisión que busca, en principio, mejorar la situación vital del migrante, las diferencias de salario son cruciales a la hora de valorar las oportunidades. Sjaastad (1962), como señalan Hanson y McIntosh en este artículo, fue pionero al plantear esta decisión en términos de inversión a largo plazo, pues está influida tanto por los beneficios esperados como por los costes a los que deben hacer frente.

2.- Esto nos lleva al segundo factor: la distancia. A pesar de no ser el único coste, sí es uno de los más destacados. Otros tienen que ver con la adaptación al país de destino, con los costes psicológicos de abandonar el país de origen y, en muchos casos, la familia, o con la incorporación a un mercado laboral desconocido. Aquí el informe da algunos datos que merece la pena destacar. Se aprecia que la distancia que recorren los migrantes está muy influida por su nivel educativo. Mientras los de nivel de cualificación bajo, al disponer de escasos recursos, suelen viajar a un país vecino, los muy cualificados se desplazan una media de 6.000 kilómetros en busca de nuevas oportunidades.

3.- El tercer factor que identifican son las políticas migratorias y es éste hoy, quizás, el más relevante social y políticamente . Debemos tener en cuenta que el diseño de éstas es especialmente complejo, y que son muy sensibles a la opinión pública. Las decisiones de política migratoria, apuntan, tienen implicaciones en el tamaño de los flujos, en su composición y en su impacto sobre los distintos grupos. La intención inicial de resolver una situación puede incluso contribuir a agravar el problema que pretendía solucionar. El ejemplo que ponen es revelador. En 1942, Estados Unidos y México acordaron trazar un plan para integrar a trabajadores mexicanos en los campos de labor estadounidenses: el Programa Bracero. Duró más de 20 años, hasta 1965, cuando pusieron fin a estos intercambios temporales por diversos factores políticos. Pero no consiguieron su objetivo: el número de trabajadores temporales se hundió, al tiempo que se dispararon los flujos de trabajadores indocumentados (Gráfico 3).

Por último, entrando en el núcleo del asunto, el informe repasa la evidencia disponible sobre el impacto de la inmigración en los mercados laborales de los países receptores, y deshace unos cuantos mitos. Con demasiada frecuencia, la inmigración se utiliza como arma arrojadiza para culparla de nuestros problemas; es el enemigo exterior. En Estados Unidos y en Europa, diversos movimientos políticos la culpan de quitarnos el trabajo, de contribuir a la delincuencia (‘El mito del inmigrante delincuente’), de manchar nuestra cultura. Estas afirmaciones o bien están alejadas de la realidad, o bien están intencionadamente sobredimensionadas para presentarlas como una amenaza.

Para empezar, si tenemos en cuenta llegadas de migrantes cuantiosas e inesperadas a corto plazo –a causa de guerras o desastres naturales, por ejemplo–, lo que parecen decirnos los trabajos al respecto es que: i) el efecto desplazamiento en nativos con nivel de cualificación similar a los inmigrantes es grande; ii) los trabajadores nativos que no compiten directamente con los migrantes obtienen, con frecuencia, ganancias sustanciales, y iii) el efecto en salarios es pequeño comparado con los efectos en el empleo y el desplazamiento.

Estos resultados contrastan, sin embargo, con aquellos que analizan los efectos de la inmigración voluntaria y gradual a largo plazo. Esta literatura encuentra que el impacto medio en los salarios de los trabajadores previamente establecidos es despreciable. Además, cuando las características de los trabajadores nativos e inmigrantes no son fácilmente sustituibles, los nuevos flujos disminuyen los salarios de los inmigrantes ya establecidos, pero aumentan los de los trabajadores nativos. En cualquier caso, “ninguno de los impactos simulados sobre los salarios es particularmente grande”.

¿Por qué sucede esto? Porque los trabajadores se adaptan, se recolocan en otros sectores, ocupaciones, lugares. La cantidad de trabajo no es fija. En España, sin ir más lejos, un trabajo de Libertad González y Francesc Ortega demostraba que las llegadas de inmigrantes entre 2000 y 2006 no afectaron ni a las tasas de empleo ni a los salarios de los trabajadores nativos con el mismo nivel educativo en las regiones de destino. La absorción se produjo a través de aumentos en empleo y de un uso más intensivo de mano de obra no cualificada en las industrias de las regiones que recibieron un mayor número de trabajadores.

Y no todo es empleo. La inmigración aporta muchas otras cosas a las sociedades de acogida: desempeña un papel crucial en el crecimiento económico y en la innovación, contribuye a la creación y a la dispersión del conocimiento, al emprendimiento, al sostenimiento de las cuentas públicas, a la diversidad.

Termino, por fin, con la traducción de la primera frase que se lee en el informe: “Los ricos tienen muchos recursos; los pobres, sólo uno: su trabajo”. Y siguen: “La migración es, por tanto, la forma más efectiva de reducir la pobreza y compartir la prosperidad”.

(Nota: todos los gráficos del artículo han sido extraídos del informe del Banco Mundial).

 

Autoría

2 Comentarios

  1. Almudena Cano
    Almudena Cano 08-07-2018

    Gracias por el artículo. No dejéis de escribir sobre el tema para dar argumentos a los gobiernos y combatir discursos cladistas y xenófobos.

  2. Antonio López
    Antonio López 08-07-2018

    Muy interesante el artículo. Los beneficios parecen claros a una escala que podríamos denominar macro. No obstante en municipios pequeños o barrios con un porcentaje elevado de migrantes la población únicamente ve problemas: fracaso escolar, menor necesidad de integración,

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