El ‘sexo débil’ muere menos

En España, como en otros países de nuestro entorno, las mujeres están sobrerrepresentadas en los trabajos con menor remuneración y peores condiciones laborales, se ocupan en mayor medida que los hombres de las actividades no remuneradas y de los cuidados y tienen de media, dificultades sustanciales para acceder a puestos de responsabilidad en el ámbito profesional. Además, tienen en términos generales un peor estado de salud en todas las fases del ciclo vital, especialmente en las edades de mayor dedicación al mercado de trabajo, y se ven afectadas en mucha mayor medida que los hombres por afecciones que les impiden realizar actividades de la vida cotidiana. Y, a pesar de esta brecha en indicadores tan relevantes de salud y bienestar, las mujeres, como es bien conocido, viven más: según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), los correspondientes a 2016, la esperanza de vida al nacimiento era de 80,3 años para los hombres y 85,8 años para las mujeres. Pero además, y paradójicamente (dado su estado de salud objetivo y la percepción subjetiva de éste), su mortalidad es sustancialmente menor en todos los tramos de edad.

Para explicar la mayor mortalidad de los hombres se argumenta en ocasiones que a ciertas edades ellos se exponen más a situaciones de riesgo. Esto efectivamente podría dar cuenta de la enorme diferencia en la masculina y femenina por las llamadas causas externas, que incluyen distintos tipos de accidentes, homicidios y suicidios, entre otras, aunque no permiten identificar claramente las muertes de mujeres a manos de sus parejas. En 2016, como en los años anteriores, la brecha entre hombres y mujeres en estas causas externas de muerte tomadas conjuntamente aumentaba con la edad hasta alcanzar la máxima diferencia en el grupo de 45 a 49 años.

Las diferencias en estilos de vida también han centrado este debate: algunas de las afecciones que más defunciones causan entre los hombres, como las enfermedades del aparato respiratorio o algunos tipos de tumores, están relacionadas con hábitos como el consumo de tabaco y/o alcohol, que tradicionalmente ha sido en España mayor en hombres que en mujeres. De hecho, de acuerdo con datos de la Encuesta Europea de Salud en España, en 2014 el consumo de tabaco continúa siendo menor entre las mujeres (un 60% de las mayores de 14 años nunca había fumado, frente al 37% de los hombres). De manera similar, el consumo de alcohol sigue siendo más frecuente entre los hombres en todos los grupos de edad, aunque la diferencia se acorta sustancialmente en las cohortes más jóvenes.

Lo relevante, sin embargo, es que incluso en aquellas edades en las que no pueden manifestarse aún diferencias sustanciales en estilos de vida, preferencias por conductas de riesgo o exposición a entornos peligrosos, las diferencias son también evidentes. Los varones presentan tasas mayores de mortalidad neonatal (definida como aquella que tiene lugar antes de los 28 días desde el nacimiento). En 2016, por ejemplo, murieron en esa primera fase 2,166 niños de cada 1.000 nacidos vivos y solamente 1,520 niñas. La tasa de mortalidad infantil, definida como las defunciones de menores de un año por cada 1.000 nacidos vivos, también es sustancialmente mayor en los niños que en las niñas (3,051 niños por 2,295 niñas en 2016). Esta pauta se reproduce de manera sistemática en todas las edades y la diferencia a favor de las mujeres va, además, aumentando exponencialmente a medida que avanza la edad. Si a los 44 años fallece 1,4 de cada 1.000 hombres y solamente 0,8 de cada 1.000 mujeres, a los 65 años esta diferencia es ya de 12,5 hombres por 5,2 mujeres, y a los 75 de casi 30 hombres por 14 mujeres. Un indicador alternativo para analizar las diferencias entre ambos es la ratio de masculinidad en la defunción: si se analiza la serie temporal de los últimos años, es sistemáticamente mayor que 100, lo que indica más defunciones entre hombres que entre mujeres, con un pico máximo en 1992 (114), aunque ha ido reduciéndose sustancialmente y en 2016 era de 103.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Movimiento Natural de la Población.

Estos datos muy generales, que sin duda precisarían análisis más matizados, parecen poner de manifiesto una sorprendente resiliencia de las mujeres. A pesar de presentar peor salud que los hombres en todas las fases del ciclo vital, cuando se analizan diversos indicadores de mortalidad la conclusión solamente puede ser que el sexo débil muere menos.

Autoría

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.