¿Que sabemos de los efectos cuantitativos de una subida (bajada) del Impuesto de Sucesiones?

Toda política pública posee potenciales efectos sobre distintos grupos de la población y por ende, reacciones asimétricas dentro de los favorecidos y los afectados. De entre estas, las políticas tributarias suelen ser de las que más prensa, tertulias y conversaciones generan, debido quizás a su impacto directo sobre grandes grupos de nuestra sociedad. Dentro de este grupo los últimos titulares han correspondido al impuesto de sucesiones, tachado de injusto por algunos y de necesario por quienes consideran que dicho tributo recae esencialmente sobre las rentas más altas, siendo por tanto un instrumento fuerte de justicia distributiva.

Un argumento a favor de dicho impuesto se ha basado en la actual composición de la distribución de la riqueza (patrimonio neto) observada en la mayoría de las economías avanzadas. Esta se caracteriza por una mayor acumulación de activos con elevado rendimiento en los percentiles altos y pocos activos financieros y muchos bienes duraderos (como porcentaje de patrimonio neto total) en los percentiles bajos. Este aspecto es crucial para determinar los efectos distributivos de un tributo cuya base se encuentra concentrada en la parte alta de la distribución de la riqueza. Pero además de describir la composición de carteras a lo largo de esta, también es importante conocer los determinantes del patrón de acumulación que resulta en una distribución de riqueza no solo muy dispersa, sino con mecanismos que perpetúan dicha dispersión. Volveremos a este punto luego.

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Lo que ha estado de momento ausente en este debate son los potenciales efectos cuantitativos (expresados en cifras concretas) de una hipotética subida (disminución) de este impuesto sobre la forma de la distribución de riqueza y los agregados macroeconómicos. En el presente texto describo uno de varios intentos de este tipo de cuantificación dentro de la literatura macroeconómica moderna. Me basaré en un trabajo de una de las autoras que más ha tratado el tema de la distribución de la riqueza dentro del enfoque macroeconómico cuantitativo, Maria Cristina De Nardi junto con Fang Yang

Este estudio busca evaluar cuantitativamente en Estados Unidos el impacto de un cambio en el impuesto de sucesiones en la distribución de la riqueza, el bienestar de la población (welfare analysis) y algunos agregados macroeconómicos como el stock de capital, el PIB, el rendimiento del capital y la remuneración al trabajo.

Sin entrar en muchos detalles técnicos, paso a describir parte de los resultados del artículo: un incremento del impuesto de sucesiones compensado, ya sea por una reducción de los impuestos al trabajo o el capital (para mantener la neutralidad de la recaudación y que los escenarios sean comparables), disminuye la desigualdad de la riqueza. La menor dispersión de riqueza es explicada por la caída del porcentaje de riqueza que mantienen los percentiles más altos como se aprecia en el cuadro 1 (en negritas el escenario base). Dicho resultado es previsible dado el nivel del mínimo exento del que parte el ejercicio (756 mil dólares), de este modo gran parte de las herencias sujetas al impuesto se concentran en los percentiles más altos.

Ahora vamos con los efectos macroeconómicos. Un incremento del impuesto de sucesiones disminuye el volumen de herencias, reduciendo la tasa a la que ahorran los percentiles más altos. Como consecuencia disminuyen el stock de capital y el PIB, sube el rendimiento al capital y los salarios descienden para ciertos tramos. Como se observa en la siguiente tabla, dicho comportamiento no es lineal, a tipos impositivos superiores al 60% la acumulación de capital y el PIB se recuperan, debido a la recuperación del ahorro de los individuos con mayor riqueza producto del mayor rendimiento del capital.

Resumiendo: un incremento del impuesto de sociedades reduce la desigualdad en riqueza a costa de caídas en la acumulación de capital y la producción para ciertos tipos del impuesto. Una vez conocido este tradeoff, ¿cómo podemos saber que es mejor para la sociedad?.

En este tipo de ejercicios abstractos empleamos un análisis de bienestar para ver si la sociedad gana o pierde en neto con una medida de política económica. En el trabajo evalúan el efecto sobre el bienestar en dos escenarios: el primero obviando el efecto del cambio en los impuestos sobre los precios (rendimiento del capital y salarios), y el segundo tomando en cuenta el efecto del impuesto sobre el resto de variables de la economía.

En el primer escenario entre el 96% y 99% de la población gana con la medida, solo pierden los de mayor renta. En el segundo escenario solo ganan entre el 38% y el 46% de la población, dado que el rendimiento al capital aumenta y los salarios disminuyen en algunos tramos: pierden el percentil de ingresos más bajo y más alto.

Tomando en cuenta los efectos de la medida sobre el resto de las variables, las ganancias sociales son menores que cuando no tomamos en cuenta las caídas de la acumulación de capital y la producción, y su efecto sobre la remuneración de los factores. Lo anterior no es nada nuevo, elevar impuestos al grupo que genera el mayor nivel de ahorro de la economía puede potencialmente tener costes que revierten parte de la medida.

La  pregunta del millón sería ¿la sociedad gana en neto? El trabajo señala que la sociedad podría ganar en neto con una mayor imposición a las sucesiones. El resultado es producto de dos mecanismos: el primero es, que a pesar de las caídas de bienestar de los percentiles más bajos y altos debido a la disminución de los salarios y los altos impuestos a las herencias respectivamente, los percentiles medios obtienen ganancias de bienestar debido al mayor rendimiento del capital. El segundo es la reducción de la alta persistencia intergeneracional de los percentiles altos debido al menor volumen de herencias, un factor no ligado a la productividad de las generaciones posteriores.

Llegado a este punto cabe realizar una observación: los resultados del modelo que parecieran favorecer un mayor impuesto de sucesiones se encuentran atados al hecho de que es precisamente la acumulación de grandes volúmenes de riqueza, en parte para herencias, y la transmisión intergeneracional de habilidades, lo que hace que sea tan dispersa la distribución de riqueza y tan persistente a través de generaciones. De ahí, que un impuesto que recae sobre un mecanismo importante a la hora de explicar la desigualdad de riqueza y su transmisión entre generaciones, sea socialmente deseable.

¿Qué reflexiones podemos sacar de esto? Para proponer medidas cuyo objetivo sea la reducción de desigualdades en riqueza, es necesario entender los mecanismos que hacen que la distribución de riqueza sea tan dispersa, así como los que generan persistencia intergeneracional en la misma.

En el caso español es clave determinar cuantitativamente cuales son los determinantes de que los percentiles más altos acumulen tanta riqueza y que la desigualdad se transmite entre generaciones. Cuáles son los candidatos ¿herencias? ¿propiedad empresarial? ¿productividad? ¿fricciones del mercado de trabajo que penaliza especialmente a los percentiles inferiores? ¿transmisión intergeneracional de habilidades? ¿fricciones del mercado de crédito?.

La lista es larga, y dependiendo de cual sea el diagnóstico, habrá medidas más o menos eficaces si el objetivo es la disminución de la desigualdad en la riqueza.

Otra advertencia es que las variaciones en los impuestos generan cambios en el comportamiento de los agentes sociales modificando así el tamaño de las bases impositivas, y afectando al nivel de importantes agregados macroeconómicos. Menciono esto porque en ocasiones se citan trabajos importantes de economistas de renombre, realizados en entornos en los que no se toman en cuenta los efectos de los cambios en la política tributaria en el resto de variables económicas o a lo largo del tiempo. Estos trabajos suelen sobreestimar los efectos positivos sobre la distribución de riqueza y subestimar impactos que potencialmente puedan revertir parte de los beneficios de la medida.

Y así es la teoría de la política económica en casi todos los ejercicios que realizamos, involucran costes y beneficios, estos se distribuyen de manera no homogénea sobre la población y necesitan de una comprensión clara de los problemas a resolver para escoger las herramientas adecuadas.

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