Robotización en América Latina: tan lejos, tan cerca

La Primera Revolución Industrial protagonizó el siglo XVIII y parte del XIX a través de la mecanización de los procesos productivos. La Segunda aceleró dichos procesos gracias a la electricidad, mientras que la Tercera, ya en el siglo XX, introdujo la electrónica y las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. Ahora, nos encontramos ante la Cuarta Revolución Industrial, en la que el desarrollo de la robótica es un elemento clave.

Como todos los procesos de cambio tecnológico, es de esperar que esta nueva Revolución Industrial incremente de forma muy significativa la productividad. Sin embargo, existe también incertidumbre acerca de sus efectos adversos, principalmente en el mercado de trabajo. En concreto, el temor está en que los trabajadores sean sustituidos masivamente por robots.

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Este temor tiene, al parecer, cierto fundamento. Un estudio realizado por investigadores del MIT y la Universidad de Yale, usando datos para Estados Unidos en el periodo 1990-2007, mostró que la incorporación de un robot extra por cada 1.000 trabajadores en el sector industrial reducía el empleo entre 0,18% y 0,34%, así como los salarios entre un 0,25% y 0,5%. Sin embargo, una investigación para el caso de Alemania demuestra que la robotización puede ser positiva para el salario de los trabajadores más cualificados, ya que tienen condiciones complementarias a las de los robots; éstos les ahorrarían las tareas rutinarias, por lo que podrían aprovechar mejor su tiempo. Esta conclusión se ha visto reforzada por investigadores europeos tras analizar los efectos de la robotización en el empleo en casi una veintena de países desarrollados. En caso de existir una amenaza laboral, afirman, ésta incidirá en los trabajadores con un nivel de cualificación medio o bajo.

Según informa la Federación Internacional de Robótica, desde el año 2010 las ventas de robots se aceleraron en casi 300.000 unidades en 2016. Cinco países –China, Corea, Japón, Estados Unidos y Alemania- concentran el 75% del mercado. La principal demanda proviene de las industrias eléctrica, electrónica y automotriz. Hoy en día, la robotización es baja en el sector servicios, pero los expertos prevén que también llegará y que en ese momento sus efectos serán muy notorios, al ser la actividad más importante en muchos países desarrollados.

En América Latina la penetración de la robotización es aún limitada. Se estima que en la actualidad hay unos 28.000 robots, concentrados principalmente en México y en Brasil. Sin embargo, viendo la rápida evolución a nivel mundial, es importante preguntarse cómo este proceso de cambio tecnológico puede impactar en la región. Para ello, es necesario considerar principalmente tres factores: la estructura productiva, el nivel de innovación y la situación del mercado de trabajo.

Estructura productiva.- La economía latinoamericana se encuentra en gran medida sostenida en la explotación de productos primarios –cobre, petróleo, litio, soja, maíz, entre otros-, en muchos casos en manos de empresas de capital extranjero. Algunos autores han llegado a hablar de “maldición de los recursos naturales”, aduciendo que la especialización en actividades extractivas conlleva que la inversión no llegue a otras con mayor valor agregado. Asimismo, dificulta la diversificación de la canasta exportadora al apreciar las divisas nacionales y, finalmente, supone una mayor inestabilidad. Esta ‘primarización’ de la economía se refleja en una baja participación de los servicios modernos -basados en las tecnologías de la información y las comunicaciones- y de los productos elaborados.

Nivel de innovación.- Se le ha llamado desindustrialización temprana, y ha sido evidente desde los 90 en Brasil y Argentina, por ejemplo. Sin embargo, expertos como Carlota Pérez sostienen que en la región es posible plantear una estrategia de desarrollo productivo con fundamento en una industria de procesos y basada en los recursos naturales, como contrapunto a la industria de ensamblaje asiática. El escalonamiento tecnológico es clave para lograrlo, facilitando no sólo las labores en la extracción, sino también la expansión de sus actividades anexas.

No obstante, para lograr el ansiado cambio estructural la región debiera avanzar en términos de innovación. Según el más reciente informe del Banco de Desarrollo de América Latina al respecto, la región se encuentra muy por debajo de Europa, América del Norte y Asia. Por ejemplo, las solicitudes de patentes por millón de habitantes fueron de 2,2 en el periodo 1992-2015 en América Latina, mientras que en Norteamérica fueron de 167,8, en Europa de 117,2 y en Asia de 26,7. Lo mismo sucede con el contenido tecnológico de las exportaciones.

Mercado de trabajo.- La informalidad, la precariedad del capital humano y las brechas en las condiciones del empleo entre profesionales y no profesionales son características de la región. Respecto a lo primero, existe un alto autoempleo no formal, sobre todo en el caso de las mujeres. Se concretan numerosos emprendimientos, pero no con un afán innovador o de aprovechamiento de oportunidades, sino atendiendo a la necesidad de generar ingresos con cierta flexibilidad horaria. Por otro lado, el nivel educacional de la mano de obra es deficiente. Un reciente estudio de la OCDE muestra que en Chile –uno de los países más desarrollados de la América Latina– un 53% de los adultos tiene baja comprensión lectora y un 62% muy limitado razonamiento matemático. Es decir, no existen las capacidades para desenvolverse adecuadamente en el entorno laboral, y menos si éste requiere adaptarse a la inclusión de nuevas tecnologías.

Por tanto, es previsible que dadas las brechas en innovación respecto a otras regiones, la tendencia actual continúe y la robotización se instale en América Latina de forma tardía. La escasa industria secundaria es esperable que esté a la vanguardia de dicho proceso. No obstante, generando los incentivos necesarios su introducción en las actividades extractivas (y anexas) podría conllevar un impacto económico de gran magnitud. Y, por último, vista la posibilidad de sustitución de trabajadores por máquinas, el bajo nivel de cualificación de la mano de obra regional y su situación precaria, deberán abordarse con atención los efectos adversos sobre el mercado laboral.

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