Rajoy podría pinchar el ‘momento Ciudadanos’

Hay un ‘momento Ciudadanos’, según el parecer de la mayoría de analistas políticos. En los últimos meses, el apoyo al partido en las encuestas ha subido de forma constante, mientras que sus rivales se estancaban o bajaban en igual forma. Metroscopia/El País incluso sugería un sorpasso de Ciudadanos a los dos grandes. J. Fernández Albertos apuntaba que ese aumento, además, parecía extenderse a nuevos grupos de electores. Peligra, en definitiva, la hegemonía que el PP ha tenido sobre el espectro de votantes desde el centro a la derecha desde hace más de dos décadas. Peligra el mayor logro de Aznar.

Sin embargo, es difícil evitar una cierta sensación de ‘déjà vu’. También en verano y otoño de 2014 las sensaciones apuntaban una proyección ascendente imparable de Podemos. Y esas expectativas podrían haber dado realmente un vuelco radical a la política española… si hubieran encontrado el terreno propicio con un adelanto de las elecciones generales, como muchos especulaban. Por supuesto, Rajoy se guardó bien de facilitar ese posible escenario, dilatando la legislatura al extremo y dejando que las elecciones autonómicas y municipales se encargaran de embarrar el camino de los nuevos partidos. Como ya comentamos en su momento, el punto débil de la estrategia de Podemos radicaba precisamente en la fragilidad que padecía su coalición de votantes en relación con la cuestión territorial, un apoyo que podría peligrar cuando se calentase la agenda catalana. La misma que ahora catapulta a Ciudadanos hacia la cima. ¿Será diferente esta vez?

Sin duda, Ciudadanos tiene serias razones para el optimismo. El liderazgo de Rivera se mantiene sólido y se rodea de figuras emergentes, como Inés Arrimadas. Aunque ha arriesgado más, su discurso de nueva política se ha desgastado menos rápidamente que el de Podemos. Es el primer partido de ámbito estatal desde 1980 (al margen del PSOE y AP/PP) que gana –en votos y escaños- unas elecciones autonómicas, y además en Cataluña, lo que no consiguió ni el añorado Pasqual Maragall. Y se beneficia de los clamorosos errores políticos de sus adversarios: la pésima gestión del PP en sus deplorables episodios de corrupción, la intensa división electoral de la izquierda, la desorientación del nacionalismo catalán.

Pero Ciudadanos todavía tiene un talón de Aquiles: su vulnerabilidad competitiva y su fragilidad organizativa. No son dos problemas, sino dos caras de la misma moneda: Ciudadanos aún sigue siendo –a día de hoy- un partido menor, cuyas tremendas aspiraciones y expectativas superan el perímetro real de sus bases electorales y organizativas. ¿Cómo acompasarlas?

La vulnerabilidad competitiva tiene que ver con su posición centrista. Por mucho que resulten simpáticos para los electores más nostálgicos, los partidos de centro son proyectos políticos altamente volátiles, como nos recuerdan la UCD, el CDS, UPyD y unos cuantos actores autonómicos y locales, por no salir de nuestra fronteras.

No olvidemos a Maurice Duverger cuando avisaba al respecto que “el centro no es otra cosa que la agrupación artificial de la fracción derecha de la izquierda con la fracción izquierda de la derecha. El destino del centro es ser separado, sacudido, aniquilado: separado, cuando una de sus mitades vota por la derecha y la otra por la izquierda; sacudido, cuando vota en bloque, bien por la derecha, bien por la izquierda; aniquilado, cuando se abstiene. El sueño del centro es realizar la síntesis de aspiraciones contradictorias”.

En la misma línea, Giovanni Sartori explicaba que, si bien las democracias estables sí suelen concitar una tendencia central en la competencia entre partidos, “lo que quizá no exista es un partido de centro”, ahogado precisamente por esa inercia competitiva. Una sarcasmo de las democracias: es la competición por el centro (centrípeta) lo que suele dejar sin aire a los partidos de centro.

Sin embargo, Reuven Hazan, autor del mejor estudio que existe hasta la fecha sobre estas enigmáticas organizaciones, nos apunta algo muy importante para el caso que nos ocupa: los partidos de centro pueden sobrevivir, resistiendo a esa temible competencia centrípeta, cuando, en condiciones de alta polarización, los partidos moderados a un lado y otro del eje de competencia presentan problemas de desafección ante sus votantes tradicionales o se ven desafiados, a su vez, por otros partidos desde los extremos.

Creo que la situación actual ilustra perfectamente esa excepcional ventana de oportunidad para Ciudadanos: elevada polarización + partidos mayores con problemas de legitimidad + competencia centrífuga (alimentada por Podemos y la cuestión catalana). Del mantenimiento de esa ecuación depende el éxito de Ciudadanos.

La elevada polarización actual ha sido mencionada por muchos analistas, pero expresada con números contantes y sonantes se entiende mejor. Por eso, los gráficos 1 y 2 ordenan las elecciones generales desde 1977 hasta hoy según dos parámetros: la polarización ideológica de los votantes y la que estos perciben en los partidos. En ellos se observan dos ideas relevantes: que estamos en el momento con mayor polarización ideológica entre votantes y partidos desde 1977 (ese ha sido también el resultado de la nueva política: nos vemos más radicalizados los unos a los otros); y que la polarización que percibimos entre los partidos ha sido siempre, y especialmente ahora, más intensa que entre los votantes. No llegamos a las cotas actuales de Cataluña, pero se nos está quedando una España políticamente con cara de perro.

Además, Ciudadanos necesita que esa polarización sea centrífuga, esto es, que impulse a sus dos principales contrincantes -PP y PSOE- hacia los extremos, dejándole todo el electorado de en medio. Se trata de ir ensanchando el fenomenal boquete abierto en ese espacio (gráfico 3), que han ido desalojando primero el PSOE y luego paulatinamente el PP. De hecho para muchos votantes del PP será bastante natural pasar a votar a Ciudadanos, a quien ven mucho más cercano a ellos (gráfico 4).

En esa tarea de polarizar hacia los extremos, Podemos ha sido un agente instrumental, forzando al PSOE, desde 2014, a plantearse dejar de luchar por el centro desde la izquierda para pasar a luchar por la izquierda en detrimento del centro. Esa es otra manera de entender la crisis de octubre de 2016 en la familia socialista: Pedro Sánchez se planteó batallar por la izquierda con una estrategia centrífuga, un giro inédito para el PSOE desde Suresnes, algo que los descendientes de aquel mítico congreso no toleraron. Un dato clave es que, a pesar del victorioso retorno de Sánchez gracias a la vía plebiscitaria de las primarias, no está claro que se plante reeditar aquella estrategia centrífuga, mientras Podemos y sus hermanos los Comunes sigan disparándose tiros en el pie catalán.

El PP lo tendría mucho más fácil para resistirse, si no fuera por la corrupción y el desgaste de las luchas internas derivadas de esta. ¿Cómo puede Ciudadanos radicalizar el debate por el extremo derecho sin moverse del centro? Difíci sino fuera porque Cataluña le ha deparado una palanca para desplazar al PP hacia una competencia centrifugadora por las esencias nacionales españolas: que el PP se entretenga preparando los falsetes para el himno nacional, o enfrascándose torpemente con la lengua en las escuelas catalanas, mientras su adversario pasa el rastrillo por el electorado del centroderecha con sus propuestas fiscales y de renovación política. ¿No aprendió el PP la lección? Como si la recogida de votos contra el Estatut (“contra los catalanes”) en 2005 no nos hubiese ruborizado suficientemente.

Algunos analistas dan cierta entidad a esta competición en cuestiones nacionales y de identidad, y sugieren una subasta inminente en torno a ellas como nuevo eje de la política española. No obstante, creo que, a diferencia de lo que sucede en el espacio del nacionalismo catalán (cuya sobrepuja suicida hemos analizado junto a mi amiga Astrid Barrio en este trabajo), en España la identidad solo puede llegar a ser un tema de competición temporal, pero no una estructura de competición estable. Relevante pero temporal y fluctuante. No hay mucho que subastar: ¿un LP con el himno de Marta Sánchez, más banderas en los balcones? Al final, retornaremos a la competición izquierda-derecha.

Y cuando eso suceda, Ciudadanos solo podrá sostener el combate si ha resuelto su segunda debilidad: la fragilidad organizativa. Para ello no solo deberá estar mejor preparado para formar listas municipales y autonómicas con candidatos fiables y conocidos. También tendrá que disponer agrupaciones locales que puedan substituir sobre el terreno a la red organizativa del PP, sin duda la estructura burocrática de partido mejor engrasada después del PNV (y cada vez más, de ERC).

Se ha escrito poco de los límites que aún poseen los proyectos políticos basados en organizaciones virtuales y con afiliados low-cost, como ensayó Podemos tras Vistalegre 1. Y aunque no hay datos suficientes, no deberíamos desdeñar la siguiente intuición: allí donde el PSOE mantenía una presencia orgánica territorial local representativa e imbricada en el tejido social local (si quieren, llámenle también clientelar), Podemos tuvo mucho menos éxito en disputarle el apoyo de los ciudadanos. No podía haber sorpasso sin absorción previa.

Lo mismo puede sucederle a Ciudadanos hoy: que la débil presencia orgánica en el territorio le sustraiga lo que las encuestas líquidas le prometan. Por ello, deberemos estar atentos a las noticias (que saldrán sobre todo en los medios locales) de posibles trasvases a Ciudadanos de dirigentes municipales del PP a los que les tiemblen las piernas. Ya está pasando en Cataluña. Si eso se convierte en tendencia, la fuerza del PP podría, de repente, empezar a desmoronarse como un castillo de arena. Esta titánica tarea requiere de un año para intentar convertir las municipales de 2019 en una hecatombe electoral y organizativa para el PP. Lo contrario de lo que hizo Podemos cuatro años atrás.

En conclusión, Ciudadanos necesita que se mantenga en los próximos meses una espiral de polarización política centrifugada para asentar el agujero que ha abierto en el electorado de centroderecha del PP y, en menor medida, del PSOE. Y para ello requiere también de cierto margen temporal para plantear una OPA organizativa a los cuadros locales más desafectos del PP. Sintetizando: más Cataluña y más tiempo.

¿Piensa Rajoy que la mejor manera de abortar esos planes es seguir agitando el conflicto con un soberanismo catalán aturdido y dilatar la legislatura nacional de nuevo, arriesgándose a que un posible efecto bola de nieve del super-mayo electoral 2019 se lleve por delante sus 40 años de carrera política? Quizá sí. O quizá no, y considere que, a diferencia de 2014, esta vez el tiempo corre en contra suya.

Nota metodológica: ¿Cómo se mide la polarización? En este texto, presento resultados que he calculado a partir de las preguntas del CIS en varias encuestas postelectorales sobre la posición que manifiestan los votantes en el eje izquierda-derecha, y dónde estos ven ubicados a los partidos (en una escala 1-10). En ambos casos, la polarización es un indicador que agrega de forma ponderada (según % de voto) las ubicaciones para cada partido, de acuerdo con la fórmula propuesta por Russell Dalton (2008), donde acabo dividiendo la distancia entre la ubicación del partido y la ubicación media entre 4,5 antes de elevarla al cuadrado. De entra las diversas fórmulas empleadas en ciencia política, esta me parece la más ajustada y la más conservadora. En el gráfico 1 he clasificado las elecciones según su polarización media entre votantes y partidos. En el gráfico 3, expongo la ubicación media de los partidos según la opinión de los votantes.

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2 Comentarios

  1. Carlos López
    Carlos López 02-22-2018

    Interesante.
    Y también está la parte de apoyos. Y la personal, el estilo de Rajoy y el de Rivera son muy distintos.
    PP vs Cs http://pajobvios.blogspot.fr/2018/02/pp-vs-cs.html

  2. Arseni Gibert
    Arseni Gibert 02-23-2018

    Este excelente artículo me ha recordado una frase de Herrero de Miñón que registré hace tiempo: “el centro solo es necesario cuando todo el mundo se va hacia los extremos”. Creo, por otra parte que el gran problema de Ciudadanos, más que sus carencias organizativas, son las municipales antes que las generales, es en las municipales donde más se acusan dichas carencias. Sin este problema creo que la organización tiende a tener menos peso -en favor de la imagen- en unas generales. Y la imagen de Ciudadanos -salvo en Cataluña donde sufre el estigma de un “pecado original” que ahora revive en torno a la educación- me parece bastante claramente de centro.

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