Radiografía política de los millennials españoles: desconfianza en los políticos, pero no en la política

Millennials, Generación Y, Generación del Milenio, Generation We, Global Generation, Generation Next… todos estos nombres son utilizados para denominar al grupo demográfico  que incluye a los nacidos entre 1982 y 1998 -aunque también existen discrepancias respecto a cuándo empieza y cuándo termina este periodo-.

Hijos del baby boom, considerados la primera generación nativa digital, se les llama así debido a que se hicieron adultos con el cambio del milenio (en plena prosperidad económica, antes de la crisis), aunque la expresión se puso de moda en 2013, cuando la revista Time publicó en su portada el artículo Millennials: The Me Me Me Generation.

Si se habla tanto de ellos es por su importancia estadística: son 83 millones de personas en Estados Unidos, más de 51 millones en Europa y en España más de ocho millones, el 18% de la población total. Según diversos informes globales, en 2025 supondrán más del 70% de la fuerza laboral del mundo desarrollado.

Lo cierto es que este grupo que ahora tienen entre 18 y 35 años, son la generación de moda, los últimos en incorporarse a la vida adulta plena, al mundo laboral y cada poco tiempo se publican informes para conocer sus comportamientos y actitudes sobre su relación con las nuevas tecnologías, el ocio y la cultura, el trabajo, la banca, etcétera.

En este sentido, la Fundación Felipe González ha presentado los resultados del informe Millennial Dialogue Spain, un proyecto transatlántico de la Foundation for European Progressive Studies (FEPS) y el Center for American Progress que aplica técnicas de investigación conectada para comprender y entender a los millennials en un contexto democrático.

El proyecto Millennial Dialogue es la encuesta internacional de millennials con más alcance llevada a cabo. Se trata de un estudio comparativo realizado en más de 20 países (desde Francia, Italia, Reino Unido, Alemania o Bulgaria, pasando por Canadá, Estados Unidos y Chile hasta Turquía, Sudáfrica, Senegal o Australia) por fundaciones socialdemócratas con el objetivo de encontrar conjuntamente una solución sobre cómo volver a involucrar a los jóvenes en la política, comprender sus actitudes y ofrecer una nueva agenda progresista que reduzca la brecha entre la socialdemocracia y los jóvenes para construir y dar forma a las instituciones democráticas que se adapten a las necesidades del siglo XXI. 

La Fundación Felipe González es el único socio español de una iniciativa que intenta superar los estereotipos y lugares comunes sobre esta generación para proporcionar información de gran calidad sobre las aspiraciones, prioridades y valores de estos jóvenes, centrándose especialmente en la política.

Según los datos de este informe, el retrato generacional de los millennials españoles es que están poco interesados por la política. El 51% está poco o nada interesado frente al 16% que está muy interesado (24% en Turquía, 20% en Alemania, 19% en Italia, 18 % en Austria, 16% en EE.UU. o 6% en Hungría) y su inclinación por la política se sitúa en el último lugar de una lista de preferencias donde prima ser feliz o tener buena salud.

Sin embargo, el 85% de los entrevistados afirma que iría a votar, aduciendo como razones para no hacerlo la falta de confianza en los políticos, que todos los partidos y los políticos son iguales, que no les gusta ninguna de las opciones políticas existentes, porque no apoyan el sistema político actual o porque no hay un partido que represente sus opiniones.

De hecho, en las últimas elecciones generales en España, en junio de 2016, se estima que dentro del grupo de personas entre 18 y 34 años, tan solo votó el 61% de los ciudadanos, nueve puntos menos que la media nacional (70%) y 18 puntos menos que el colectivo de más de 55 años (79%), según un estudio de Metroscopia.

Por tanto, podemos presumir que los millennials españoles están desencantados con los políticos, pero no con la política. De hecho, según datos de este estudio, entre los que participan en política, el 6% dice haber asistido a una reunión política, en comparación con el 26% que dice haber participado en una protesta o manifestación. Es decir, no estamos hablando de un desinterés generalizado por lo público sino más bien una visión crítica sobre algunos elementos de la vida política.

Los millennials se ven a sí mismos como una generación de transición entre dos mundos: afirman que existe una brecha generacional respecto a sus padres o abuelos ya que el 47% siente que están menos interesados en la política debido al alto nivel de corrupción, las promesas rotas y un sentimiento de decepción respecto a los políticos, así como la sensación de no tener mucho por lo que luchar. Una radiografía muy esclarecedora de un sentir cuyas soluciones para fomentar su interés en votar serían principalmente una mayor confianza en los políticos y que su voto fuera relevante.

Más preocupantes son los datos respecto a su relación con la clase política. Sólo el 20% confía en que pueden hacerse oír y el 41% piensa que muy pocos políticos animan a los jóvenes a involucrarse en la política. Y cuando se les pregunta si los políticos ignoran las opiniones de los jóvenes, el porcentaje sube hasta el 78% (en el rango de países como Italia o Chile -81%- frente al 68% de EE.UU. o 64% de Alemania y 31% de Noruega) y el 69% estima que la mayoría de los políticos se interesan más por las personas mayores que por ellos, información que parece corroborar la Encuesta de Condiciones de Vida del INE que refleja que desde el inicio de la crisis,  el riesgo de pobreza ha aumentado 11 puntos porcentuales entre los jóvenes de 16 y 29 años (de 18,1 a 29,2%), mientras que ha descendido 13 puntos porcentuales (de 25,5 a 12,3%) entre los mayores de 65 años.

Así, sólo un 21% de los millennials está de acuerdo con la cuestión de si la mayoría de los políticos quieren el mejor futuro posible para los jóvenes (más llamativo si cabe cuando se contrasta con las respuestas de jóvenes de otros países: Alemania 97%, Turquía 79%, Noruega 78%, Italia 27% o Bulgaria 24%).

Si seguimos profundizando en los datos del informe, cada vez queda más clara la distancia entre los jóvenes y los políticos y la forma de entender la política. Los motivos por los cuales los millennials desconfían de los políticos son los numerosos escándalos de corrupción, el incumplimiento de las promesas a los ciudadanos y que no se escuchan las necesidades y problemas de los ciudadanos. Para que la relación entre ambos sea mejor proponen interacciones más frecuentes, que los políticos escuchen y se interesen por sus problemas, conozcan sus opiniones y mantengan sus promesas. En definitiva, más atención y ser empoderados.

Así, consideran a Podemos como el partido que mejor les entiende y estiman que en los próximos 15-20 años PP y PSOE disminuirán su popularidad o la mantendrán como en la actualidad, frente a Podemos y Ciudadanos que la aumentarán.

Como no podía ser de otra manera en una generación educada en un entorno plenamente digital, apuestan por la tecnología y el voto online para aumentar la participación electoral. Y en cuanto al papel de las mujeres en la política, ellas se muestran más críticas y dos de cada tres encuestadas consideran que el equilibrio no es correcto (frente a la mitad de sus compañeros varones) y más de la mitad estiman que debería haber una mayor representación.

Respecto al futuro, los millennials piensan que la situación económica nacional será el principal factor que influya en su futura calidad de vida, seguida de la economía global y las decisiones tomadas por los políticos (respuesta idéntica a la dada por los millennials británicos), siendo los temas que más les importan la creación de empleo, la educación y la sanidad (94%), considerando que es en estos asuntos dónde debería centrarse la labor de los políticos ya que estiman no están trabajando lo suficiente en ello.

En definitiva, el retrato que realiza el informe Millennial Dialogue Spain es el de una  generación en transición, la más preparada de nuestra historia, pero precaria en lo laboral, con dificultades para acceder a una vivienda y marginados de las prioridades políticas de los dos principales partidos que han gobernado desde la restauración democrática.

Por tanto, en lo político, no es de extrañar que su comportamiento sea de rechazo a la política convencional. Realmente no están alejados de la política, sino de la forma actual de hacerla. Se sienten poco atraídos por la oferta existente, abandonados, desencantados y desconfiados con los políticos, pero no con la política y recurren a otras alternativas para hacer oír su voz y prefieren movilizarse en las calles y en las redes, haciendo política de manera diferente, disruptiva, a través del activismo, la movilización y la tecnología.

La corrupción, las promesas incumplidas y la distancia entre las necesidades y problemas reales de los ciudadanos y las acciones de la clase política son los ingredientes que alimentan la desafección y decepción de los millennials. Y para combatirla demandan ser tenidos en cuenta, fortalecer relaciones con los políticos, poder confiar en ellos, ser escuchados y tener capacidad de influencia en las políticas públicas. En definitiva, que su voto sea importante.

No es sólo una cuestión de cariño intergeneracional. Este informe pone de manifiesto que la forma de ejercer la política hoy está mal adaptada a las aspiraciones y expectativas de la generación millennial, aquella que reclama su protagonismo en el presente porque serán los líderes del futuro. Un futuro que está a la vuelta de la esquina. Todos aquellos a los que nos interesa la calidad y mejora de la democracia deberíamos tomar nota.

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