Quiniela Italia. Buscando una (¿nueva?) mayoría

Una de las campañas electorales más aburridas de las últimas décadas está a punto de cerrarse sin que los italianos sepan con claridad quién será el futuro presidente del Consiglio. Tampoco se trata de una anomalía grave. En 70 años de Repubblica (y con 64 gobiernos), los ejecutivos en Italia se hacen y deshacen en las sedes de las secretarías de los partidos más que en el Parlamento. Sólo en la última legislatura se han sucedido tres jefes del ejecutivo diferentes: Enrico Letta, Matteo Renzi y Paolo Gentiloni. Los tres respaldados por una peculiar mayoría transversal entre el Partido Democrático (PD) y –a pesar de varias remodelaciones– una coalición de centroderecha.

En estos años, las condiciones de vida de los ciudadanos no parecen  haber mejorado. El desempleo sigue siendo de los más elevados de los estados miembros (10,8%, frente al promedio del 7,3% de la UE). Y una comparación entre el 20% más rico y el 20 % más pobre de la población muestra que el primer grupo es 6,7 veces más próspero que el segundo; una concentración de la riqueza mayor que en Grecia. En este escenario desalentador, las opciones xenófobas, populistas y nacionalistas han recuperado un preocupante vigor. La posverdad y las fake-news imperan hasta el punto que, según el último Informe Eurispes, sólo el 28,9% de los ciudadanos italianos sabe que lel porcentaje de extranjeros es apenas del 8%, mientras que más de la mitad sitúa este valor entre el 16% y el 24%). Europa también se preocupa, a la vista de que los tradicionales eurófilos italianos se han vuelto más escépticos. En otoño de 2017, sólo el 36 % de los italianos consideraba positivo ser miembro de la UE; es decir, 21 puntos porcentuales por debajo de la media europea (Informe Delors).

¿Qué hay, por tanto, en juego en estas próximas elecciones? Varios analistas apuntan a que se tratará de unos comicios de transición porque, probablemente, serán incapaces de ofrecer un vencedor claro e incontestable. Favorito en las encuestas, el M5S del joven candidato Luigi di Maio difícilmente podrá gobernar en solitario. Será interesante ver cómo el movimiento juega en el tablero del complejo parlamentarismo italiano, hecho de pactos, negociaciones y una amplia dote de pragmatismo. En la coalición de centroderecha, capitaneada nuevamente por el inmarcesible Silvio Berlusconi, las relaciones con la Lega de Matteo Salvini siguen tensas a la espera de saber quién de los dos obtendrá más votos. Sólo hay una certeza: en virtud de una condena firme por fraude fiscal, il Cavaliere es, hasta 2019, técnicamente inelegible. Como posible alternativa suena con insistencia el nombre del actual presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, que por amor a la patria podría dejar Bruselas por la más soleada Roma.

Lacerada por la enésima escisión intestina, la izquierda italiana se presenta a los comicios fragmentada y con escasas opciones de victoria. Queda valorar, por un lado, en qué medida dividirá el voto progresista la nueva formación en la que han confluido Bersani e D’Alema (Liberi e Uguali). Y cuánto, en cambio, podrá aportar a la coalición del centroizquierda la lista +Europa de la excomisaria europea Emma Bonino, un activo siempre valioso en el pobre teatro de la política italiana.

Sin duda, el PD es el partido que más arriesga. Una brusca caída en votos podría consumir de manera irreversible el capital político de Renzi, que en estos años ha intentado –con poca suerte y varios errores– emular las gestas de Emmanuel Macron en Francia. La presencia de Emma Bonino –segunda en valoración para los italianos, sólo detrás del premier Paolo Gentiloni– está pensada para atraer al votante europeísta y defensor de las batallas civiles. Para algunos, es una estrategia de Renzi para quitar voto a su izquierda. Para otros, una apuesta arriesgada si + Europa alcanza el 3% requerido para entrar en el Parlamento y obtener así un buen puñado de diputados. No es un secreto que entre Renzi y Emma Bonino no hay una química especial y no le será fácil al primero domar a un animal político que, en más de cuatro décadas de vida política, ha sobrevivido a innumerables batallas.

Se comenta que Bruselas y las capitales europeas miran con inquietud los comicios del próximo domingo, ya que no quieren despertarse con la vuelta de la banda de Berlusconi o la victoria del poco europeísta M5S. Los mercados, en cambio, parecen estar poco preocupados. En estos días de campaña, el diferencial (spread) con el bono alemán se ha situado alrededor de 130 puntos, suficientemente lejos de los fatídicos 547 puntos que forzaron las clamorosas dimisiones de Berlusconi en 2011. O bien los mercados ya no apuestan por el fracaso de Italia, o bien las finanzas internacionales anticipan ya un escenario de cierta estabilidad en el cual, bajo la atenta supervisión del jefe del Estado, se vuelva a reeditar aquella peculiar alianza entre el centroizquierda de Renzi y el centroderecha de Berlusconi & Co. Y por qué no, con el mismo Paolo Gentiloni como presidente.

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