Quebec: cambio de guardia para una etapa post-soberanista

El pasado 1 de octubre Quebec celebró elecciones generales para elegir a los 125 diputados que integran la Asamblea Nacional en un contexto de estabilidad y sólido crecimiento económico. La Coalition Avenir Quebec (CAQ), un partido autonomista de centro-derecha que nunca había gobernado, se alzó con la victoria con un total de 74 escaños (37,42%) impulsada por el voto francófono. El Partido Liberal (PLQ), tras gobernar 13 de los últimos 15 años, ha quedado relegado al 24,82%, el peor resultado de su historia, y 32 escaños. En el espectro soberanista, Québec Solidaire (QS), otra de las grandes sorpresas (16,10% del voto, 10 escaños) dio el sorpasso al Parti Québécois (PQ), con  más apoyo popular (17,06%), pero sólo nueve escaños.

Hubo novedades en la campaña, como la celebración del primer debate electoral en inglés en la historia de la provincia. Pero la más importante, sin duda, fue la ausencia de la ‘question nationale’ del debate político tras haberlo monopolizado desde comienzos de los 70. Ésta pasó a un segundo plano después de que el PQ, liderado por Jean-François Lisée, descartara la posibilidad de un tercer referéndum independentista a un hipotético segundo mandato. Al dejar la soberanía de lado, la campaña pasó a centrarse en materias como la sanidad, la educación o el medioambiente, sin mención alguna al rol que Quebec debiera desempeñar dentro de la federación canadiense.

Sin embargo, la cuestión identitaria no desapareció del todo, sino que viró hacia la inmigración después de que el líder de la CAQ, François Leagault, antiguo ministro con el PQ, propusiera reducir la cuota de inmigrantes y expulsar a aquellos que suspendieran un test de francés y de valores quebequeses. Esta propuesta monopolizó la mayor parte de la campaña, siendo duramente criticada por el resto de partidos, quienes hicieron hincapié en el desconocimiento del marco constitucional por parte del líder caquiste, al ignorar que la expulsión es una competencia exclusiva del Gobierno federal.

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La polémica sobre la inmigración hizo retroceder a la CAQ en los sondeos, que le otorgaban una ligera ventaja sobre el PLQ y convertían al PQ como la formación determinante para condicionar la gobernabilidad. El tercer debate televisado fue el punto de inflexión. Legault dejó a un lado su tono agresivo y aparcó la inmigración para mostrarse como un líder cercano que encarnaba el cambio político exento de riesgos, presentando su pasado como empresario de éxito –fundó la aerolínea de bajo coste Air Transat– como garantía de continuidad de la buena situación económica. En cambio, el premier saliente, Philippe Couillard, siempre a la defensiva y mostrándose como un líder frío y carente de empatía, fue incapaz de presentarse como alternativa, lastrado por su política de recortes. En el lado soberanista, Lisée terminó por sepultar sus opciones con un ataque a la desesperada contra QS poniendo en duda el liderazgo de su candidata, Manon Massé, una activista social que ha sido la otra gran triunfadora de las elecciones, gozando de un elevado índice de aprobación popular con su tono amable y cercano.

Los resultados contradijeron lo pronosticado por los sondeos y constataron las ansias de cambio de gran parte de la sociedad quebequesa, que ha decidido apostar por los partidos nuevos –la CAQ se creó en 2011 y QS obtuvo su primer diputado tres años antes– y castigar a las formaciones políticas tradicionales, que se han alternado en el poder desde 1980. Relegar la soberanía a un segundo plano no sólo ha restado apoyos al PQ (cosechó su segundo peor resultado histórico, sólo mejor que el obtenido tras las primeras elecciones a las que concurrió), al desaparecer su raison d’être, sino que también ha tenido un efecto espejo en el PLQ, que perdió su condición de fuerza concentradora del voto contrario a la independencia. A pesar de todo, el voto soberanista se mantiene estable cercano al 35%, un nivel similar al de las últimas elecciones.

En términos regionales, los liberales continúan siendo mayoritarios en Montreal, mientras que la capital de la provincia y las zonas rurales se han inclinado mayoritariamente por la CAQ. El éxito de Québec Solidarie, y el consiguiente declive del PQ, se explican en buena medida por el voto joven: QS consiguió la mayor parte de sus escaños en zonas universitarias, favorecido por una ley electoral que permite a los estudiantes votar en la circunscripción donde se sitúa su institución educativa. A pesar de ser una formación abiertamente independentista, su discurso de izquierdas se ha centrado en el medioambiente y la educación, las dos principales preocupaciones del electorado joven, según las encuestas.

El hundimiento del PQ, que pierde el estatus de partido en la Asamblea Nacional, abre numerosos interrogantes sobre el futuro del movimiento soberanista y el liderazgo del mismo. Lisée dimitió de su cargo la misma noche electoral, tras ser derrotado en su circunscripción por el candidato de QS, en una metáfora del cambio de guardia que ha deparado esta cita electoral. En el lado federalista, Couillard ha anunciado igualmente su renuncia a continuar al frente del partido, abriendo la puerta a una reconfiguración del proyecto liberal.

Estas elecciones parecen abrir la puerta a una nueva dinámica en la política quebequesa pues, tal y como resaltó Leagault en su discurso triunfal, sus ciudadanos “han dejado de lado lo que nos ha divido durante 50 años”, llegando la hora de “construir un Quebec más fuerte dentro de Canadá“.

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