Quebec 2018: ¿victoria del federalismo o del individualismo?

Las últimas elecciones generales del Quebec han llevado al poder a un tercer partido —la Coalition Avenir Québec (CAQ), creada en 2011—, algo que no se había visto desde la elección del Parti Québécois en 1976. La CAQ ha obtenido 74 escaños de 125 y el 37,43% de los votos. La victoria se ha obtenido a las expensas del Parti Libéral du Québec (PLQ), que, hasta esas elecciones generales, había ejercido el poder de manera casi ininterrumpida durante 15 años (32 escaños, 24,82% de los votos). Igualmente, esas elecciones han confirmado la marginalización del PQ, el gran abanderado de la independencia desde los años 70 (nueve escaños,   17,5% de los votos). Y, para terminar, otra sorpresa: Québec Solidaire (QS), un partido que existe también desde hace poco (2006), ha visto cómo su representación pasaba de tres a 10 diputados (16% de los votos), uno más que el PQ. En conjunto, 84 de los 125 diputados recién elegidos proceden de partidos que no existían hace apenas 13 años.

Por primera vez en 42 años, se ha roto la alternancia en el poder entre el PLQ y el PQ. También por primera vez desde la misma fecha, un partido no soberanista debe su victoria a un electorado casi exclusivamente francófono. Al día siguiente de su victoria, François Légault, líder de la CAQ, decía sentirse muy feliz por haber unido a los quebequeses por encima de la división entre federalistas y soberanistas. Recordemos que su partido ha eliminado la idea de independencia, tratando más bien de obtener más autonomía para el Québec en el interior de Canadá.

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Otra dimensión histórica de esta elección: la tasa de participación (66,45%) ha sido la más baja desde hace 70 años. Sólo dos de cada tres electores fueron a votar.

¿Qué explica este resultado?

En todos los medios de comunicación se hablaba de la voluntad de “cambio” que deseaban muchos electores. Un cambio que pasaba, ante todo, por el desplazamiento del PLQ, en el poder desde hacía 15 años (si se excluye el Gobierno PQ de Pauline Maurois entre 2012 y 2014). Un dato interesante: fue en las circunscripciones tradicionalmente fieles al PLQ donde se registró la mayor proporción de abstencionistas. Así, los electores del PLQ habrían abandonado a su partido, sin por ello haber transferido sus votos a la CAQ o al QS

Esa voluntad de cambio se tradujo igualmente por el rechazo de devolver el poder al PQ. Para tranquilizar a su electorado, este partido se había comprometido a no realizar ningún referéndum sobre la soberanía antes de 2022. Los electores permanecieron completamente indiferentes; como se verá, incluso los del QS, que sin embargo es un partido abiertamente soberanista, consideran la independencia como algo superado. El PQ parece haber sido el partido de la generación del baby boom y quizá se apague con ella.

En resumen, es indudable que la voluntad de cambio de los electores ha tomado la forma de un rechazo de los ‘viejos’ partidos.

Los electores de la CAQ

A primera vista, en lo que se refiere a los electores de la CAQ, esa voluntad de cambio parece bastante curiosa. Han apoyado a un partido cuyo programa se aproxima bastante al del PLQ. En efecto, ambos partidos prometían, en lo esencial, una gestión rigurosa de las finanzas de la provincia y medidas para asegurar el desarrollo de la economía quebequesa. Pero existían dos diferencias importantes.

La primera se refiere al nacionalismo autonomista defendido con fuerza por la CAQ, que se opone al acreditado vínculo con el federalismo del PLQ. Ese nacionalismo, despojado del componente de la independencia nacional, ha gustado sin duda al electorado francófono que ha llevado a la CAQ al poder.

La CAQ entendió muy bien el cansancio de los quebequeses por los debates acerca de la independencia. En un sondeo IPSOS La Presse efectuado en mayo pasado, el 74% de los encuestados opinaban que el debate sobre la soberanía del Quebec está superado y no debería formar parte de las cuestiones que debían dilucidarse en la futura campaña electoral. Dicho esto, incluso si ha rechazado la idea de la independencia nacional, la CAQ ha recuperado muy hábilmente el nacionalismo no soberanista prometiendo obtener “más autonomía para el Quebec en el interior de Canadá y… un reconocimiento constitucional pleno y completo del Quebec como nación”. La CAQ también ha explotado la idea de un nacionalismo defensivo jugando la carta identitaria: prohibición de la exhibición de signos religiosos (lo que, de hecho, apunta al velo islámico), reducción de la tasa de inmigración y test de ‘valores’ para los inmigrantes deseosos de instalarse en el Quebec. Este enfoque defensivo fue recibido con alegría por Mario Beaulieu, líder del Bloc Québécois en Ottawa, partido que desde hace años está en vías de desaparición.

La otra particularidad de la CAQ que ha podido interesar sobre todo a su electorado es que, aparte de la promesa de gestión eficaz que figuraba en su programa, sus políticas se centran en los intereses económicos de sus individuos y su familia inmediata. En este punto, va más lejos que el PLQ. François Legault, que ha sido un hombre de negocios, repite a menudo: “Hay que volver a poner dinero en las carteras de los quebequeses”. La CAQ no tiene nada que ver con un partido de derechas a la americana, pero su misión no es hacer del Estado el piloto de un proyecto colectivo. La CAQ quiere dirigirse a los individuos.

Es muy posible que ese discurso de retirada de los poderes públicos haya gustado a una parte del electorado. En efecto, el sondeo citado ha mostrado que el 76% de los quebequeses interrogados consideraban que había que disminuir el papel del Gobierno en sus vidas y dejar más espacio a las libertades individuales, y 63% opinaban que el Quebec debía reducir la presencia del Estado en la economía para dejar más espacio al sector privado. Paradójicamente, el 73% de entre ellos eran también de la opinión que Quebec ¡debía invertir masivamente en programas sociales (salud, educación, asistencia a los más desfavorecidos), incluso aumentando los impuestos.!

En resumen, es probablemente la ausencia de un proyecto colectivo, el abandono del soberanismo en beneficio del autonomismo, y la atención prestada a los intereses de los individuos lo que explica el éxito de la CAQ. El ‘yo’ ha expulsado al ‘nosotros’ y la CAQ lo ha entendido perfectamente.

Los electores del QS

Como hemos visto, el PLQ y la CAQ son partidos de centro derecha dominados por una lógica de eficiencia económica. Además, ambos, y sobre todo el segundo, no tenían casi nada que proponer sobre el cambio climático. Por ello, los electores preocupados por esta cuestión y que buscaban una corriente de izquierdas tuvieron que girar hacia el QS. Ese partido se presenta como partido ecologista, de izquierdas, feminista, altermundista, favorable al pluralismo y tratando de hacer del Quebec un Estado soberano y solidario.

En realidad, el QS es más un movimiento que un partido ya que, como lo subrayaba el sondeo citado, el 61% de los electores del QS estiman que el debate sobre la soberanía está superado. Parece que este partido reúne a todos los electores que se preocupan por cuestiones medioambientales y que opinan que el Estado tiene aún un papel que desempeñar para corregir las injusticias sociales. No es seguro, sin embargo, que todos los que votaron por el QS lo habrían hecho si ese partido hubiera tenido posibilidades de alcanzar el poder. Su socialismo altermundialista tiene a veces algo de caricaturesco.

Los jóvenes electores de 18 a 35 años, si fueron a votar, tuvieron un papel en la elección del QS, pues al final de la campaña un número mayor de ellos apoyaron a ese partido (31%).

¿Y la soberanía?

Aunque el nacionalismo no está de ninguna manera muerto, el proyecto soberanista entendido como la búsqueda de independencia ya no tiene el prestigio que tuvo. Eso tiene que ver con el hecho de que Quebec se ha modernizado y desarrollado en el seno de la federación canadiense. Algunos soberanistas, como el antiguo ministro del PQ Joseph Facal, lo admiten. En estas condiciones, ¿cómo convencer a la mayoría de la población de que tiene que buscar su destino fuera de Canadá? ¿Cómo hablar de dominación, cuando la federación canadiense es hoy una de las más descentralizadas, y en ella Quebec ejerce una competencia exclusiva sobre materias neurálgicas como son la sanidad, la educación, el comercio interior y el medio ambiente? Finalmente, la Charte de la langue française, la mayor herencia dejada por el PQ, ha demostrado ser un gran éxito. Es cierto que la integración en lengua francesa de los inmigrantes de primera generación es difícil, pero sus hijos van todos a la escuela francesa y salen de ella con la misma facilidad para dominar la lengua que sus compañeros francocanadienses.

Para resumir: si la independencia no parece hoy un proyecto necesario, es irónicamente gracias en parte al éxito de las políticas adoptadas por el mismo PQ durante los años 70. Y también en parte porque, al no poder suscitar entusiasmo con su proyecto independentista, el PQ se inclinó hacia un nacionalismo timorato con su proyecto de Charte des valeurs, de valores quebequeses, en 2013. Así se enajenó a una parte de su electorado, que se inclinó por el QS.

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