¿Qué se puede hacer en un año en política exterior?

La carta de Pedro Sánchez a su primer Consejo Ministros es clara en las ambiciones y limitaciones del nuevo Gobierno. Entre las primeras está “recuperar el papel protagonista de España en la construcción europea”. Sánchez asume que la Unión Europea es la única vía para que España pueda afrontar desafíos como el cambio climático, la despoblación, la precariedad, la desigualdad, las migraciones y la seguridad. Nada de ello es retórica europeísta. Es una realidad.

Si la defensa de los intereses generales de España pasa por Europa, esa “esperanza real de futuro” que el presidente del Gobierno se compromete a ofrecer obliga a definir la posición de nuestro país en un orden internacional en total recomposición. Es decir, además de la política europea es preciso reactivar la política exterior en todos sus frentes; multilateral, latinoamericano, transatlántico, en cooperación y en acción cultural. La nueva denominación del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación reconoce los distintos ámbitos en los que es necesario operar.

Sánchez señala en su carta dos limitaciones a la acción de su Gobierno: la primera es de recursos, “el respeto a la estabilidad económica y presupuestaria”; la segunda es de tiempo, “ya ha transcurrido la mitad de la legislatura”. Existe una tercera que no menciona pero sabe: no podrá hacerlo solo. Sin embargo, en el ámbito exterior hay un objetivo ambicioso y realizable: llevar la política exterior al Parlamento. Las elecciones europeas del 26 de mayo de 2019 abren un periodo de menos de un año para lograrlo.

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Hoy los medios internacionales no hablan de la situación económica de España, ni de Cataluña, sino del inesperado protagonismo de nuestro país en el debate migratorio en la UE al ofrecer un puerto seguro al Aquarius. Además, hace tiempo que se espera que España aporte propuestas europeas que alivien la soledad del eje franco-alemán, agravada por el giro euroescéptico en Italia y la actitud desafiante del grupo de Visegrado. Sánchez es uno de los ocho líderes de la UE convocados por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, a la reunión informal sobre migración y asilo del 24 de junio en Bruselas. El 28 y 29, el presidente del Gobierno asistirá a su primer Consejo Europeo, cuyo primer punto en la agenda es Migración. Hay gran interés por conocer de qué manera contribuirá España a la política migratoria en la UE.

Es evidente que se ha roto la dinámica de la presencia de España en los medios internacionales. No sabemos por cuánto tiempo. Otra dinámica que es urgente romper es la pobreza del debate sobre política europea e internacional en el Parlamento español. Si bien esto comienza por la raquítica visión global en los programas electorales de los partidos, se agrava por la irrelevancia con la que se abordan debates en el Congreso sobre cuestiones que van desde la cooperación al desarrollo, la situación en Oriente Próximo, la guerra en Siria o la utilización de las bases militares estadounidenses en suelo español.

Europa es la palanca adecuada para llevar la política exterior al Parlamento. Y no sólo porque sea necesario un mayor control de los asuntos europeos a nivel nacional, sino porque los ciudadanos deben conocer hasta qué punto España depende de la UE y de qué manera podemos moldearla e influir en cuestiones globales a través de ella. Esto lo saben bien los partidos y los gobiernos eurófobos, que han metido a la Unión en sus grandes debates políticos nacionales de manera torticera. Hagamos lo mismo, pero bien: expliquemos nuestras responsabilidades en la UE y el proyecto de futuro que representa para un país como España.

Es necesario que el presidente del Gobierno presente de manera sistemática al Parlamento la posición española previamente a los consejos europeos, y que explique posteriormente las decisiones adoptadas, tal como hacen alemanes y holandeses. Igual de necesario es reforzar el papel de las comisiones de Asuntos Exteriores, de Cooperación, de Defensa, así como la comisión Mixta Congreso-Senado para la UE. La comparecencia de diputados europeos en el Parlamento y de representantes españoles en organismos internacionales es otro modo de internacionalizar la política española y el debate nacional. 

En esta tarea es esencial el compromiso del presidente del Gobierno. La primera oportunidad se presenta en apenas 10 días, tras el Consejo Europeo de junio, una ocasión para que Sánchez demuestre que Europa es “nuestra nueva patria”, donde podrán darse soluciones eficaces a los desafíos de España como país.

El posicionamiento ha sonado próximo al primer discurso de Emmanuel Macron el pasado abril en el Parlamento Europeo; el presidente galo se refirió a “una nueva soberanía europea” como medio para proteger a los ciudadanos y dar respuesta a sus demandas.

Frente a una opositora euroescéptica, la valentía en las elecciones francesas de 2017 del candidato de En Marche! ya había sorprendido. El empleo en campaña de la bandera de la UE y el recuerdo continuo a la racionalidad del proceso de integración europea no eran previsibles. Lo habitual hasta Macron era que los líderes y los gobiernos nacionales pertenecientes o dependientes de partidos europeístas actuasen como actores despolitizadores de la Unión, aprovechándose del marco original que consideraba todas las políticas comunitarias –con independencia de su naturaleza externa cierta– como parte de la política internacional. Cabe recordar que antes del Tratado de Maastricht (1993) solo tenían carácter comunitario las políticas de comercio y cooperación al desarrollo.

Las razones para actuar de tal forma eran que en este área de políticas el margen de maniobra de los ejecutivos frente al Parlamento, y eventualmente también frente a las autoridades territoriales de los estados, es mayor, y que esta autonomía facilitaba el juego de atribuir la responsabilidad por los malos resultados de políticas nacionales a las instituciones europeas y, en cambio, presentar como propios del Gobierno nacional los éxitos de las políticas de la Unión.

Así, se evitaba el debate sobre asuntos europeos tanto en las elecciones a la Eurocámara como en los comicios generales de los países. Si observamos los temas que conformaron los programas de los partidos con representación parlamentaria en el conjunto de la UE-28 desde 1993, la integración europea apenas tuvo presencia. Francia y Reino Unido son los países donde se ha prestado más atención a estos asuntos, pero sin alcanzar el 5% del contenido medio de las propuestas sobre políticas.

Gráfico 1: Énfasis en asuntos europeos, media de los partidos parlamentarios, desde 1993Fuente: elaboración propia, con datos de la base principal del Manifesto Project, versión 2016b. Disponible en web.

España no ha sido una excepción en esta lógica general de despolitización de las políticas de la UE. A nivel interno, solo el Partido Nacionalista Vasco ha enfatizado temas europeos ligeramente en mayor medida que el resto de formaciones políticas.

Gráfico 2: Énfasis en asuntos europeos en EspañaFuente: elaboración propia, con datos de la base principal del Manifesto Project, versión 2016b. Disponible en web.

La decisión de asistir a los 629 inmigrantes rescatados por la ONG SOS Mediterráneo y Médicos Sin Fronteras y embarcados en el Aquarius, que habían sido rechazados por Italia y Malta, confirma la intención del nuevo Gobierno español de encarar y posicionarse públicamente sobre los grandes problemas políticos de la UE. También, en parte, compensa la llegada simultánea de un nuevo Ejecutivo italiano controlado por dos partidos, la Liga Norte y el Movimiento Cinco Estrellas, menos favorables a la búsqueda de soluciones a escala europea.

Migración es el primer punto en la agenda del Consejo Europeo, donde además de crecimiento y empleo, el nuevo marco financiero plurianual para 2021-2027 y la unión digital, se hablará de seguridad y defensa y de las relaciones exteriores de la UE, en un contexto donde la alianza entre Europa y Estados Unidos, con un líder poco fiable, no deja de perder protagonismo. 

A la vuelta de la esquina están también la cumbre de la OTAN, el 11 y 12 de julio en Bruselas, y la Asamblea General de la ONU, el 25 de septiembre.

 

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