¿Qué ha pasado con el “efecto Schulz“?

Aumentar la intención de voto 10 puntos porcentuales en solo un mes no es algo común. Aún menos si estamos hablando de un partido como el socialdemócrata alemán (SPD) que venía sumido en una larga depresión. A inicios de 2017 la socialdemocracia germana tocaba sus mínimos históricos en las encuestas con un magro 20%. ¿Qué quedaba del partido de los trabajadores, del Volkspartei, del SPD de Willy Brandt?

Hacia finales de enero, cuando los periodistas ya comenzaban a diagnosticar la pasokización del SPD, el presidente del partido Sigmar Gabriel decidió dar un paso al costado y dejarle la candidatura a canciller junto con el liderazgo del partido a Martin Schulz. Su decisión lo cambió todo. La candidatura de Schulz dio rienda suelta a una euforia que hacía años, incluso décadas, no se vivían en la socialdemocracia alemana. No solo se dispararon las encuestas, también las afiliaciones al partido. Todos querían ser parte del renacer socialdemócrata. Parecía que las elecciones alemanas volverían a ser competitivas.

Sin embargo, tres meses más tarde, la euforia se ha aplacado. Si bien la intención de voto al SPD todavía es alta, al menos en comparación con lo que conseguía Gabriel hace solo tres cuatro meses, el clima ya no es el mismo. Merkel ha encendido el modo campaña electoral y con solo algunos gestos políticos, ha puesto a su partido de nuevo entre cinco y ocho puntos por encima de su competidor. Cabe preguntarse entonces: ¿Que pasó con el “efecto Schulz“?

El “efecto Schulz“

Hace pocas semanas el semanario alemán de cultura política Cicero informó sobre una reunión entre Gabriel, entonces jefe del partido, y varios expertos en comunicación y análisis electoral. El objetivo era evaluar las posibilidades del SPD de cara a las elecciones de septiembre. El resultado del diagnóstico fue agridulce para la cúpula del partido. El análisis de los expertos concluía que el potencial del voto al SPD ascendía al 37%. Una cifra alentadora, pensaron. Pero después de las buenas noticias siempre llegan las malas: según los estudios de opinión pública ninguno de los actuales dirigentes del partido eran capaces de capitalizar este potencial electoralmente. Empezando por Sigmar Gabriel, pasando por todos los ministros y finalizando con los gobernadores, nadie podía ponerse el traje de candidato y apuntar a ese 37%.

Esto llevó a Gabriel a cambiar de planes. Fueron a buscar a un outsider de la política alemana. Alguien que estaba “limpio“ ya que no había formado parte de ningún gabinete en el gobierno federal. Alguien que al mismo tiempo era conocido y tenía una carrera política digna de un candidato a canciller. Fueron a buscar a Martin Schulz, quien aceptó gustoso. Schulz tenía una ventaja importante respecto de sus camaradas socialdemócratas. Él encarnaba los valores socialdemócratas y con ello reducía en parte el problema de credibilidad que sufría el partido. A partir de su biografía el candidato del SPD fue capaz de generar estrecha identificación con el votante histórico del SPD.

Estos dos elementos, entre otras variables, pusieron a Schulz a la par de Angela Merkel en torno a los 30 puntos de intención de voto. El flamante candidato había logrado en tiempo récord recuperar una importante parte del electorado socialdemócrata decepcionado con las políticas de Gerhard Schröeder y su Agenda 2010. También había logrado captar la atención de votantes del partido verde y de Die Linke, que caían entre tres y cuatro puntos. Incluso el partido ultraderechista AfD sufría el efecto Schulz. Cabe destacar que, como se explica en el libro “El retorno de la ultraderecha a Alemania“, el electorado de la ultraderecha es muy heterogéneo. Se alimenta de extremistas de derecha, de euroescépticos, de conservadores desilusionados y también de sectores vulnerables de la sociedad. Aquellos que se sienten excluidos y traicionados por los partidos tradicionales. La capacidad retórica de Schulz también convenció a algunos miembros de este último público. Después de mucho tiempo un candidato del SPD hablaba de los trabajadores y levantaba las banderas de la justicia social con credibilidad.

Todo iba bien hasta que han llegado las primeras pruebas reales para el SPD de Martin Schulz: las elecciones regionales en Saarland, Schleswig-Holstein y Nordrhein-Westfalen (NRW). Aquí el SPD se ha encontrado con la realidad.

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El “efecto conservador“

Las tres derrotas del SPD, o mejor dicho, los tres triunfos de la CDU nos permiten señalar algunas variables que serán clave para las federales de septiembre. Por un lado, el electorado conservador no permitirá en el corto ni en el medio plazo que exista un gobierno de izquierdas que incluya a Die Linke. Esto ha quedado demostrado tras la elección en Saarland, en marzo pasado. ¿Qué fue lo que sucedió? Schulz elogió al candidato de dicho partido días antes de la elección. Este gesto dio fuerza a la idea de un gobierno SPD – Die Linke y con ello se activó la alarma conservadora, que salió a votar masivamente a la CDU para evitarlo. Para ser canciller Schulz debe impedir que la población crea que su triunfo implica necesariamente un gobierno neto de izquierdas.

Otro elemento relevante que se repite tanto en la elección del norte, Schleswig-Holstein, como en la de ayer en NRW, es que la CDU se ha visto favorecida por la agenda electoral. En efecto, los problemas más importantes para los habitantes de estas dos regiones coinciden con aquellos con los que los conservadores están mejor evaluados. Esto sumado a otros factores gravitantes, como el clima de cambio en NRW, dieron como resultado tres derrotas seguidas para el SPD que debe encarar la campaña para las federales con el ánimo por los suelos.

¿Es correcto decir entonces que el “efecto Schulz“ ha desaparecido? ¿O incluso, que nunca ha existido? El impacto de la candidatura de Schulz fue enorme y eso es innegable. Sin embargo, también es cierto que posiblemente haya estado algo sobredimensionado. Y no porque haya sido más o menos relevante, sino más bien por haber creído que la figura de Schulz era capaz de arrastrar a todos los candidatos del SPD en las distintas regiones. La subida del SPD en las encuestas en todos los niveles justificó esa deducción. Pero fue una conclusión algo apresurada. Las regionales tienen su lógica propia, y si bien Schulz o incluso Merkel pueden tener algún tipo de influencia, los determinantes del voto se sostienen en otras variables explicativas más potentes.

La esperanza socialdemócrata

Todavía no está todo perdido para Martin Schulz, aunque es cierto que esta elección va a ser mucho más difícil de lo que creían los eufóricos militantes del SPD en febrero. Existen tres elementos que pueden colaborar con un mejor posicionamiento de Schulz para septiembre.

Schulz está sufriendo un problema. Su discurso está perdiendo la fuerza del inicio a causa de una cierta incongruencia que se profundiza con el paso del tiempo y que para algunos ya comienza a perder credibilidad. Un guiño por parte de su propio partido impulsando algunas políticas en la dirección que Schulz viene planteando en su campaña sería una buena base para cimentar no solo su credibilidad sino su capacidad para hacer política. Un candidato que desde afuera del gobierno marca la agenda del mismo es una oferta electoral mucho más convincente, en especial para aquellos pragmáticos que se asustan de solo pensar en una Alemania sin el liderazgo de Frau Merkel.

En segundo término, y también relacionado con la figura de la canciller, surge el voto joven. La juventud alemana no ha conocido otro gobierno que no sea el de Merkel. Es esperable que el ansia de cambio sea más potente en este grupo y por consiguiente se convierte en un nicho electoral importante que Schulz está en condiciones de conquistar. En efecto, encuestas del instituto Civey para Spiegel Online indican que el SPD recibe más de 30 puntos de intención de voto en la franja de 18 a 29 años, la más alta después de los mayores de 65 años. Por el contrario, la CDU tiene su peor performance entre los jóvenes en relación al resto de las franjas de edad. El SPD podría poner el acento en este grupo que movilizado podría aportar importantes puntos porcentuales extra y con ello retomar el rumbo.

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En tercer y último lugar, las tres derrotas electorales consecutivas de los socialdemócratas son el último aviso. Si el SPD y el equipo de campaña de Schulz entienden que deben revisar su agenda, que deben pensar más en cuáles son los problemas más importantes para los alemanes y que la elección no está ganada de antemano, tienen una mínima esperanza. En este sentido, es necesario que la socialdemocracia abandone el dogmatismo y apunte al único lugar donde es posible ganar las elecciones en Alemania: el centro del espectro político. Sólo así el SPD estaría en condiciones de generar un efecto Schulz reloaded.

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