El PSOE y el dilema del asno de Buridán

Encuestas recientes parecen confirmar una notable recuperación del PSOE tras el retorno a la Secretaría General de Pedro Sánchez. La última, el pasado fin de semana, le concedía una expectativa de voto del 26,4%, casi 3,7 puntos más que el apoyo recibido en las elecciones de junio de  2016, y casi 10 más que la estimación que le atribuían los sondeos tras la debacle de octubre de 2016 (otra de este mismo fin de semana atempera la subida, pero avala el incremento significativo de expectativas en comparación a la situación vivida con la Gestora).

El PSOE fue el gran protagonista de la encuesta del julio del CIS. Las estimaciones que realizó el CIS  retratan una recuperación importante, sustentada en una mejora sustancial del apoyo que recibe en segmentos del electorado donde obtenía resultados mediocres: voto urbano, periferia con voto nacionalista, jóvenes. Su talón de Aquiles siguen siendo los sectores con mayor nivel de formación, pero incluso entre estos se observa una leve mejora. La apuesta de la militancia por Pedro Sánchez parece rendir sus frutos.

¿Cuál es la clave para que nuevos votantes se sientan empujados a apoyar al PSOE con un líder que en su día, al frente de la Secretaría General, nunca acabó de arrastrarlos? En el haber de Pedro Sánchez estuvo detener la hemorragia de votos que sufrió el PSOE en el período 2010-2014, pero también no haber conseguido remontar significativamente las expectativas de voto  ¿Qué sucede ahora?

La primera hipótesis es que el PSOE arrastraba una crisis de credibilidad desde que tomara algunas decisiones controvertidas durante la etapa de Zapatero en el gobierno. La austeridad habría pasado factura al PSOE, poniendo en entredicho su reputación como partido de izquierdas. En el período de 2010-2011 el PSOE perdió parte de su base electoral, lo que llevó a un resultado electoral catastrófico en las elecciones de noviembre de 2011. La hipótesis no puede ser completamente descartada, pero es necesario apuntar que difícilmente puede explicar todo el desgaste sufrido por el PSOE en ese período. Los trasvases de voto que se observan en las elecciones de 2011 de antiguos votantes socialistas se producen fundamentalmente en beneficio del PP y de UPyD. IU  es el destino de una fracción pequeña de ex votantes del PSOE.

Cuando el PSOE empieza a perder realmente votantes de izquierdas es en el período 2012-2015. El punto álgido de esta etapa es la irrupción de Podemos en las elecciones europeas, que se hace con aproximadamente 15% del voto de antiguos votantes del PSOE. Constituyen desde ese momento su principal base de apoyo. Con la llegada de Pedro Sánchez a la secretaria general se ralentiza la marcha de votantes de izquierdas, pero el PSOE no logra recuperar a la masa de votantes izquierdistas perdidos, ni consigue atraer a votantes centristas que reclutara en 2008 y luego perdiera en beneficio del PP y UPyD (que ahora podían optar por Ciudadanos). Encorsetado entre dos partidos emergentes que se beneficiaban de una particular luna de miel con su electorado, las expectativas electorales del PSOE se estancaron, y el PSOE no acertó a decidir con quién estaba dispuesto a competir para ampliar su base electoral (y a que segmento electoral estaba dispuesto a otorgar menor preeminencia).

El PSOE se enfrentaba al dilema del asno de Buridán, fábula que ofrece un argumento de reducción al absurdo contra Jean Buridan, teólogo escolástico medieval, defensor del libre albedrío y de la posibilidad de ponderar toda decisión a través de la razón. En su versión más conocida, un asno no sabe elegir entre dos montones de heno (en otras versiones, entre un montón de avena y un cubo de agua), y a consecuencia de ello termina muriendo de inanición (o de sed).

El PSOE vivió durante meses atrapado en el dilema, sin resolverlo. Sin evidencias claras a las que agarrarse que aconsejaran un rumbo definido para propiciar la recuperación electoral, las trabas para moverse en una dirección u otra abocaron a la vacilación y parálisis, especialmente a partir de las elecciones del 20 de diciembre de 2015.

Aunque la visita de Sánchez a Portugal para discutir la experiencia de entente entre fuerzas de izquierda con el primer ministro en enero de 2016 parecía evidenciar sus inclinaciones, las circunstancias imposibilitaban un pacto de izquierdas, especialmente tras la prohibición del Comité Federal a que Sánchez negociara con los nacionalistas y la escenificación que hizo Pablo Iglesias de sus exigencias para negociar con el PSOE. Empujado hacia el centro por las constricciones impuestas, Sánchez pactó una investidura con Ciudadanos, para descubrir primero que Podemos no iba a permitirle gobernar, y en las elecciones de junio, que el electorado moderado no estaba dispuesto a premiar ese movimiento, al menos a corto plazo.

Cuando amagó girar hacia la izquierda tras las elecciones, desató la mayor tormenta conocida en la historia reciente del PSOE. Buena parte del aparato le acusó preventivamente de intentar un gobierno Frankenstein, y tras provocar su dimisión en el infausto comité federal del 1 de octubre, de querer “podemizar” al PSOE.

La accidentada salida de Pedro Sánchez de la Secretaría General ofreció, paradójicamente, una vía de escape al dilema del asno de Buridán. Hundidas las expectativas electorales del partido en unas terceras elecciones y las posibilidades de seguir negociando un gobierno alternativo al PP, la Gestora  había bloqueado cualquier alternativa que no fuera ofrecer el gobierno al PP a través de la abstención. Para desprestigiar a Sánchez, cometió además el error de colgarle la etiqueta de filopodemita y “rojo radical”.

Hábilmente, Sánchez aceptó el lugar que la Gestora le quiso otorgar. En una controvertida y arriesgada entrevista con Jordi Évole dibujó un escenario de presiones sobre su gestión muy del gusto del electorado más izquierdista, y expresó su deseo de que el PSOE pudiera entenderse mejor con Podemos. De manera consistente, su campaña a las primarias se erigió sobre una estrategia que reafirmaba esa apuesta ideológica. La elección de su equipo, su programa, la escenificación y la retórica de sus mítines (que cerraba con la entonación colectiva de la Internacional), irían claramente encaminados a construir un nuevo PSOE que no experimentase de nuevo la parálisis del asno de Buridán.

Liberado de ataduras, la elección Sánchez ha impulsado al PSOE a una expectativa electoral imprevisible hace unos meses, en que muchos daban al PSOE por muerto. En el nuevo escenario, el PSOE parece haber recuperado su credibilidad entre el electorado de izquierdas. Los datos del CIS hablan por sí solos. Aunque el tamaño de las submuestras obliga a la cautela, respecto al anterior barómetro del CIS (de abril), el PSOE parece mejora significativamente su apoyo (voto+simpatía) en los puntos 2-3 de la escala ideológica (1-10). Frente a los anuncios de los agoreros, eso no le resta apoyos en el centro. En el punto 5 se convierte en el primer partido, por delante de Ciudadanos (que le aventajaba en abril).

EL PSOE se beneficia de trasvases de antiguos apoyos de Unidos Podemos y sus alianzas (En Comú, Compromís y Marea). Ésta últimas sufren, según los datos del CIS sobre recuerdo de voto, pérdidas de entre el 8 y 14% en beneficio del PSOE (aunque hay que ser muy cauto con submuestras muy pequeñas). Unidos Podemos también pierde votantes en beneficio del PSOE (6,7%). Pero lo más llamativo es lo que sucede con los que recuerdan no haber votado en 2016. Un 15,6% declaran apoyo (voto+simpatía) al PSOE.

Quizás lo más interesante para las expectativas electorales PSOE es la recuperación de su credibilidad como partido de izquierdas, ahuyentando la sombra del estigma de complicidad con el PP (el PPSOE). Un porcentaje creciente de electores de izquierda consideran que el PSOE también es un partido de izquierda, ubicándolo en valores de 1-4 en la escala ideológica. Un 53,9% de los españoles que se sitúan en el 4 y un 53% de los que se sitúan en el 3  perciben al PSOE como un partido ubicado en la izquierda (en el barómetro de abril eran un 48,5% y 44,4%, respectivamente). Más notable aún es el cambio en las percepciones de quienes se sitúan en el 2. Mientras en abril un exiguo 31,2% consideraba al PSOE un partido de izquierdas, en julio llega a 43,3%.

El PSOE se hace levemente más atractivo como opción de voto entre antiguos votantes de Podemos, pero especialmente entre sus alianzas. Los votantes de Unidos Podemos que votarían al PSOE con una probabilidad declarada de 5 o mayor (en escala 0-10) pasan de 30,1% a 32,8%. Más significativa es la evolución de este indicador entre los votantes de En Comú (del 22% al 41,7%). El PSOE de Pedro Sánchez, con su nueva posición sobre la cuestión territorial, parece disipar dudas que albergaba ese segmento electoral. También moviliza abstencionistas. El 25,6% votaría al PSOE con una probabilidad declarada mayor que 5, 14,5 ptos más que en abril.

Frente los augurios más pesimistas, el PSOE logra remontar en la izquierda sin desgastarse en el centro. Está por ver hasta dónde puede llegar. La recuperación de la credibilidad izquierdista todavía podría rentar al PSOE nuevos apoyos, si es percibido como la opción de voto “útil”, que puede traer a la izquierda (o a una alternativa al PP) al gobierno. Pero el futuro no está escrito.  Como señalaba Ortega y Gasset, la vida es una serie de colisiones con el futuro. Y en el futuro inmediato se adivinan importantes encrucijadas que obligaran al PSOE a tomar decisiones complicadas que pueden afianzar su despegue o abortarlo.

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2 Comentarios

  1. Miguel Mayol i Tur
    Miguel Mayol i Tur 09-13-2017

    Los jóvenes de izquierdas no se IDENTIFICAN con el PSOE mayoritariamente, los mayores de 50, en su mayoría si en las pasadas elecciones. 4 años mas de jóvenes para PODEMOS, 4 años menos de viejos para el PSOE, que tiene aún suerte de no ser altamente minoritario justo entre los del 66 cuando hubo un boom de natalidad.
    Así que lo normal será que UP es que de ese 1 millón mas de votantes potenciales, PODEMOS gane sobre entre 200 y 300 mil votos y el PSOE los pierda eso sin contar si se cumplen los derechos humanos violados de los emigrantes a un voto igual (de fácil al menos). y sin contar que en campaña se transmita que el PSOE ha votado junto al PP en lo mas trascendente toda la legislatura, por lo que votarlos implica que no haya cambio alguno.

    La imagen izquierdista que dió Sánchez para ganar sus primarias, y explica ese ascenso temporal en el CIS, ya la ha perdido votando junto al PP lo mismo que dijo que no haría.

    Pero da igual, PODEMOS no conseguirá una mayoría suficiente para gobernar, y si tiene que pactar con el PSOE este le forzará a que no haga cambios sustanciales junto al PP. España no quiere cambios, y así lo expresa votando, esa es una de las bazas fundamentales de los independentistas catalanes que muy probablemente triunfarán, y restarán también esos votos a PODEMOS a pesar de que la Constitución Española diga que seguirán pudiendo votar en España también al ser irrenunciable la nacionalidad Española.

  2. Gonzalos
    Gonzalos 09-13-2017

    Buen análisis. Pero los ciudadanos queremos HECHOS y no palabrería, farsa y engaño. Y por desgracia el “nuevo” PSOE es eso: FARSA. Queremos hechos!

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