Primer asalto por el futuro de la derecha alemana

Durante las últimas semanas han ido creciendo las desavenencias internas entre los miembros de la coalición de Gobierno en Berlín. No obstante, los choques no son entre la CDU de Angela Merkel y su socio minoritario, el SPD, sino que el rifirrafe es interno y se produce entre las dos patas del conservadurismo alemán: la propia Unión Cristianodemócrata (CDU) y su partido hermano en Baviera, la Unión Socialcristiana (CSU), que también forma parte del Ejecutivo. La escalada de tensión se disparó después de que Merkel rechazara uno de los 63 puntos que el ministro del interior, Horst Seehofer, había preparado para su master plan sobre inmigración. Ese punto en concreto, y el único que ha transcendido del propio plan, era que Alemania prohibiría la entrada de aquellos refugiados que ya se hubieran registrado en algún otro país de la UE. Merkel rechazó la propuesta ante el temor de que pudiera generar un efecto dominó que pusiera en peligro el espacio Schengen.

El desencuentro entre ambos va más allá de un simple desacuerdo entre un primer ministro y uno de sus ministros. Se están enfrentando los dos líderes de la coalición. Merkel es la líder indiscutida de la CDU, mientras Seehofer es todavía el presidente de la CSU y ejercía, hasta hace pocos meses, como primer ministro de Baviera. En el fondo, el desacuerdo entre ambos simboliza la lucha por el camino que debe llevar la derecha alemana en la próxima década.

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La relación entre la CDU y la CSU se remonta a la ocupación aliada tras la Segunda Guerra Mundial. A finales de los años 40, la CDU nació como el gran partido democristiano y conservador que uniría tanto a protestantes como a católicos bajo unas mismas siglas, corrigiendo así al sistema de partidos de la República de Weimar. Fundado en torno a la figura de Konrad Adenauer, éste fue capaz de absorber aquellos pequeños partidos democratacristianos y conservadores que habían ido naciendo espontáneamente durante la ocupación. No obstante, la CSU, que se considera a sí misma heredera del partido regionalista bávaro anterior a la guerra, se resistió a ser absorbida por Adenauer, y al final ambos partidos llegaron a un acuerdo. La CDU no se expandiría en Baviera y la CSU apoyaría a la CDU en la arena federal, en lo que se vendría a llamar la Unión. Desde entonces, ambos partidos comparten grupo parlamentario en el Bundestag, negocian juntos las coaliciones y presentan un mismo candidato a canciller. De hecho, tanto en 1980 como en 2003 el candidato de ambos pertenecía a la CSU. Mientras, ésta ha gobernado el estado de Baviera con mayoría absoluta durante prácticamente los últimos 50 años.

Sin embargo, la coordinación entre ambos siempre ha sido compleja debido al carácter más conservador y menos liberal de la CSU en comparación con la CDU, y a cuestiones de índole organizativa. Así, la falta de mecanismos de coordinación entre partidos, más allá del grupo parlamentario, ha causado que la buena relación entre los socios dependiera del talante de los líderes que se encontraran en Múnich y en Bonn o Berlín. A diferencia de la relación PSC-PSOE, ambos partidos son completamente independientes y las decisiones comunes se toman por acuerdo entre las ejecutivas. De hecho, el único órgano compartido entre ambos son las juventudes.

En realidad, la relación entre ambos se parecería más a la que en su día mantuvieron PP y UPN, con la diferencia de que la CSU representa el 20%-25% del grupo parlamentario. Esta masa crítica le ha permitido defender sus postulados más conservadores, y ser escuchada, cuando consideraba que la CDU se acercaba demasiado al centro. De hecho, ya en 1976 la coalición se rompió durante unas semanas debido a desacuerdos estratégicos y a la ambición del líder de la CSU, Franz Josef Strauss, de asumir un mayor papel en la política federal.

Strauss concebía la CSU como la frontera derecha del sistema político alemán. Según su visión, no podía haber espacio para desarrollar una política democrática a la derecha de la CSU. Es decir, más allá de la CSU sólo podía haber elementos marginales, ultra-nacionalistas o nostálgicos del nazismo. Esta estrategia, escenificada en los medios y con recurrentes pequeñas batallas entre ambos partidos, fue beneficiosa para ambos socios. Por un lado, la CSU podía mostrar su perfil propio ante sus electores bávaros, mientras la CDU mantenía intacto su flanco derecho (que consideraba a su aliada CSU un contrapeso a los elementos más centristas del partido). Salvando las distancias, la estrategia no se diferenciaba demasiado de lo que la antigua CiU llamaba hacer la puta y la Ramoneta, en este caso aplicada al eje social más que al nacional.

No obstante, parece que este equilibrio se ha roto. La disputa entre Merkel y Seehofer, que podía haberse enmarcado en el contexto anterior, ha pasado a mayores y puede poner en peligro la continuidad del Gobierno alemán. Y es que por primera vez hay un competidor viable a la derecha de la CDU/CSU. En el pasado, los partidos de la Unión sólo se habían enfrentado por la derecha a rivales pequeños como el neonazi NDP. Pero el éxito de AfD en las elecciones federales del pasado septiembre, impulsado por la crisis de los refugiados, ha puesto por primera vez en serio peligro la máxima de Strauss. Esto, junto al hecho de que en octubre hay elecciones en Baviera, ha desatado el pánico en la cúpula de la CSU, que teme perder su posición hegemónica. En el siguiente gráfico podemos ver cómo existe una fuerte correlación entre la pérdida de votos de la CSU y las ganancias de AfD durante las elecciones federales del pasado septiembre (datos agregados a nivel de distrito).

A día de hoy, Seehofer ha concedido una tregua de dos semanas a Merkel mientras ésta intenta armar un acuerdo europeo que solucione el problema de los refugiados que cambian de país. No obstante, el conflicto es de fondo, y aunque ese problema se solucione no parece que el fuego amigo vaya a cesar pronto. De hecho, la CSU ya ha mostrado un gran recelo ante los acuerdos entre Merkel y Macron con respecto a un Presupuesto común en la eurozona. Cualquier acción en alguno de los asuntos fuerza de AfD (inmigración, euro, seguridad…) puede desencadenar una rebelión conservadora por parte de la CSU, al menos hasta octubre.

El motivo real de la controversia es que se está debatiendo cuál debe ser la posición de la derecha alemana ante la AfD: seguidismo o perfil centrista. A nivel interno, la CSU también ha seguido la misma línea; por ejemplo, con la aprobación de la ley que exige colocar un crucifijo en la entrada de todos los edificios públicos. Ante esta situación, Merkel puede ceder cada vez más ante las demandas de la CSU. Tal vez motivada por las encuestas que situarían a la CSU cerca de la CDU si se presentaran separadas, pero con el peligro de parecer un pato cojo en la Cancillería. Por el otro lado, si Seehofer traspasa líneas rojas como desobedecer activamente alguna orden de la canciller, o abandonar la coalición, la CDU puede romper el acuerdo que les une desde 1947 y presentar su propia lista en las elecciones bávaras. El plazo termina el 2 de agosto.

 

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