PP ¿Primarias para frenar la corrupción?

La incertidumbre generada por el proceso de formación del gobierno español está posponiendo el proceso de renovación interna en los partidos. Esto es muy visible en el PSOE por las discrepancias entorno a la celebración de su congreso, pero también lo es para el resto de partidos. En el caso del Partido Popular, el papel de Rajoy como presidente de gobierno en funciones y su control del partido parecen dejar estos procesos en un segundo plano. Sin embargo, noticias aparecidas estos últimos días sobre una presunta trama de corrupción política que afectaría a su presencia en el Ayuntamiento y la Diputación de Valencia han vuelto a poner este problema sobre la mesa.

El apoyo político del PP de la Comunidad Valenciana permitió a Rajoy mantener el control del partido en los momentos de mayor debilidad. De ahí las mil y una declaraciones de amor de Rajoy a todos los dirigentes del PP valenciano que ahora los medios se afanan a recuperar. Si el PPCV fue una de sus grandes tablas de salvación de Rajoy en momentos como el congreso del PP de 2008,  ahora este apoyo le está pesando como una losa. Y este efecto boomerang llega justamente en medio de un complejísimo proceso de negociación para formar gobierno. Seguramente esto ayuda a entender el muy loable y un tanto inaudito gesto de la dirección nacional del PP nombrando una gestora y tratando de cortar por lo sano. Lamentablemente, el último caso de corrupción destapado por los medios no cae sobre el vacío sino que se acumula al daño ya hecho por el caso Bárcenas o por las diversas tramas de la Gürtel.   

Los problemas organizativos del PP no acaban ahí. Ahora mismo el PP cuenta con situaciones de interinaje en el liderazgo en al menos 10 Comunidades Autónomas. Muchas de ellas como la Comunidad Valenciana o Baleares se deben a las dimisiones producidas por la pérdida del gobierno autonómico. En otros casos, como en el País Vasco, los problemas son algo más complicados. Estos procesos de interinaje están limitando substancialmente la capacidad de oposición del PP a los nuevos gobiernos de izquierdas surgidos después de las elecciones autonómicas. Frente a las peticiones de las bases y de una parte creciente de las elites regionales de resolver cuanto antes estas situaciones convocando congresos,  la respuesta de la dirección nacional ha sido la misma: nombrar a un líder provisional y posponer el congreso a la espera de la celebración del congreso nacional. 

Todos estos problemas han generado reacciones internas que han pasado un tanto desapercibidas por la opinión pública. Una de las propuestas estrella y la que más controversia parece generar es la de celebración de primarias. Este es un debate un tanto incómodo para la dirección popular porque desde la crisis Borrell-Almunia de finales de los 1990s, el PP ha aprovechado las primarias como arma electoral contra la izquierda. Sin embargo y en sintonía con lo que hacen otros muchos partidos centristas y conservadores occidentales, el debate sobre las primarias parece tener cada vez más defensores dentro del partido como Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes o intelectuales como Guillermo Cortázar. De hecho, y aunque sea bastante desconocido, el mismo PP experimentó con ellas en Baleares (no las llamó así, claro) con notable éxito.   

Como ya se ha señalado varias veces desde Agenda Pública las primarias no son la panacea que pueden curar los mil males que tienen los partidos. Sin embargo su potencial de transformación tampoco puede desestimarse fácilmente. Y esto, por varias razones de fondo como son las demandas de una ciudadanía (y militancia) cada vez mejor informada que quiere tener un papel más directo en la toma de decisiones. En segundo lugar, porque las nuevas tecnologías están tirando muchas de las barreras y disminuyendo los costes asociados con este tipo de procesos decisorios. En términos organizativos, hasta ahora se ha pensado en el papel de las primarias por sus más o menos limitadas consecuencias sobre la renovación de los candidatos y líderes de partido. Sin embargo, y esto puede ser lo más relevante para el PP, ha tendido a obviarse su papel más difuso, pero no por ello menos certero,  como mecanismos de renovación organizativa.

Aunque no podemos extendernos sobre ello, la adopción en serio de las primarias (es decir, celebradas siempre, en todos los niveles, como mínimo para todos los cargos unipersonales, eliminando barreras a la competición pero evitando la fragmentación de candidatos) cambia para siempre a los partidos: Los cambia porque permite emerger nuevos liderazgos legitimados con el apoyo de los miembros o los ciudadanos, no por designación de otro líder. Lo hace porque el escrutinio público y la competición interna dificulta los mecanismos de cooptación interna que tienen a favorecer a los leales frente a los mejores. Esto último es, a su vez, uno de los mejores cortafuegos contra la corrupción. ¿Cuántos imputados conocen que se hayan presentado a unas primarias?

Que nadie se equivoque, las primarias también cambian a los partidos porque los hacen más complicados de gestionar: Si bien las primarias dan más poder a los líderes electos frente a los cargos representativos o el aparato, también es cierto que si hay más líderes legitimados por las bases esto comporta un mayor riesgo de potenciales conflictos internos. Aunque hay otros problemas que ahora no podemos explorar, la división parece ser, el principal precio a pagar a cambio de una mayor democracia interna. Sin embargo, desde la perspectiva de los ciudadanos, la disyuntiva es clara: mejor partidos divididos que corruptos.

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1 Comentario

  1. Antonio Borrego
    Antonio Borrego 02-01-2016

    Con tu permiso me lo llevo.

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