¿Por qué Pedro Sánchez ha ganado una moción de censura improbable?

Decía Giovanni Sartori que, a diferencia de la naturaleza, la vida social y política no se puede predecir. Con modestia, los científicos sociales solo podemos anticipar futuros probables, una probabilidad que siempre estará a tiempo de ser desmentida por la realidad. No se me ocurre mejor ejemplo que la moción de censura presentada por el PSOE al Gobierno de Mariano Rajoy. De entrada, una moción tan inevitable como incierta, cuyo improbable éxito no convenía a los principales actores, y cuyo máximo riesgo para el PSOE era que acabara saliendo adelante (como decíamos aquí). Era casi la última bala que le quedaba a Pedro Sánchez en la cartuchera, por lo que podía acabar convirtiéndose en una moción contra el propio líder socialista.

Pero improbable nunca significa imposible. Sánchez tenía una oportunidad. Y la ha aprovechado.

Lo interesante de los desenlaces imprevistos en política es que no solo abren súbitamente escenarios hasta entonces descartados. También nos ponen el descubierto algunas variables políticas que habían ido cambiando, quizá sin que nos diéramos cuenta, y que pasan a convertirse en fundamentales en el nuevo contexto. ¿Cuáles son esas variables que han aupado a Sánchez y que pueden transformar la dinámica política a partir de ahora?

Tienen básicamente que ver con las dos muletas sobre las que se ha venido apoyando Rajoy en lo que llevamos de legislatura. En comparación con 2016, Ciudadanos y PNV habían perdido margen de maniobra en el juego político. Más de lo que el propio Rajoy previó, cuando confiaba en que Ciudadanos explorara escenarios diletantes o que el PNV mantuviera su apoyo para no poner en peligro los Presupuestos. En ambos casos, el cálculo falló. No por casualidad ambos son (aparte del PP) probablemente los dos actores menos satisfechos con el desenlace de esta moción, porque en realidad ninguno de ellos ha podido escoger con la libertad que había tenido hasta ahora.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

Ciudadanos ha experimentado una transformación de sus expectativas políticas. Ha pasado de querer ser partido bisagra a aspirar a convertirse en el partido mayor de la política española. De decantar mayorías entre PSOE y PP desde el centro a intentar remplazar a este último ocupando el espacio del centro-derecha. Es una evolución lógica y racional si asumimos que los partidos medianos de centro siempre correrán riesgo de desaparecer, como ya expliqué hace unas semanas.

Gracias al fallo de representación que produjo el PP al ser incapaz de resolver la crisis política de Cataluña y de reaccionar con credibilidad ante los casos de corrupción, Ciudadanos había descubierto estos últimos meses una oportunidad excepcional (de ésas que se dan una vez cada tres generaciones en política) para substituir al PP, como AP hizo en su día respecto a UCD. Todas las encuestas apuntaban creíblemente esa oportunidad, contribuyendo a alimentar una nueva burbuja electoral. Pero de momento eso es solo una expectativa, fundada y posible, quizá aún no probable, mucho menos inevitable.

Pero mientras que la expectativa del sorpasso liberal-conservador está por confirmar, sus consecuencias en términos de competición política se han hecho patentes estos días: Ciudadanos ya no puede conformarse con alianzas o jugadas que hace solo un año hubieran sido coherentes y convenientes en su estrategia. A diferencia de febrero de 2016, ya no podía aceptar ninguna coalición de gobierno de la que Albert Rivera no fuera presidente, ni podía especular –ni siquiera ficticiamente– con un acuerdo parlamentario de gobierno apoyado por Podemos. Tampoco podía reproducir su actuación en casos parecidos con gobiernos autonómicos (La Rioja, Murcia o el más reciente de Madrid). Ciudadanos debía actuar ya como el partido mayor que ahora aspira a ser.

Y este desenlace pone en riesgo ese plan. En contra de lo que estos días se ha especulado, Ciudadanos necesitaba aún más tiempo de Gobierno ‘popular’ y más crisis catalana para afianzar su ocupación electoral y orgánica del electorado del PP. Pero si éste caía, solo podía aceptar elecciones inmediatas para aprovechar el viento de cara y evitar el coste a medio plazo de devolver la izquierda al poder.

Lo que no estaba previsto en su mapa estratégico era este resultado: convertirse en un partido de oposición, sin influencia de gobierno, dándole el liderazgo de esa oposición a su principal adversario, al que –a su vez– debe prestar apoyo parlamentario en varias autonomías (unos acuerdos que ahora se pondrán a prueba). Este nuevo escenario no necesariamente echa por tierra sus opciones ante el PP, al menos mientras que la fórmula Cataluña+corrupción permita alimentar su discurso sobre la identidad y sobre la regeneración política. Pero ahora corre el riesgo de que el Gobierno del PSOE rebaje la tensión con las fuerzas del soberanismo y el PP se vea forzado a renovarse inevitablemente. De cómo se resuelvan estas dos cuestiones dependerán las opciones aún plausibles para que Ciudadanos acabe emergiendo como la nueva fuerza del centro-derecha español. Con menos tensión catalana y un PP más presentable a ojos de sus electores, Ciudadanos podría volver a quedar expuesto a la lógica sanguinaria del voto estratégico incentivado por el sistema electoral español.

El encorsetamiento del PNV quizá era menos evidente en parte debido al deslumbrante impacto de su real politik apoyando los Presupuestos a cambio de importantes contrapartidas, pero rebajando con ello principios y alianzas tradicionales. Pero ello no impedía que la fuerza del PNV también estuviera sometida a factores temporales a punto de cambiar. Y es que su impresionante capacidad de negociación en estos últimos años se había beneficiado del principio de Arquímedes que rige el poder de los partidos periféricos en la arena parlamentaria española: “La influencia del nacionalismo vasco suele experimentar un empuje hacia arriba equivalente al peso que desaloja el nacionalismo catalán (cuando éste se distrae en subastas soberanistas que no controla)”.

Desde la segunda legislatura de Zapatero, la influencia declinante de CiU y ERC en el Congreso de los Diputados ha revalorizado el realismo contable del PNV. Y la lógica perversa de la competencia centrífuga entre PP-Ciudadanos-CiU/JxS/PDECat-ERC, de la que parecía imposible desvincularse, no solo debilitó la izquierda española, sino que apuntaló al PNV. Pero por la misma razón, el retorno de las fuerzas soberanistas catalanas al pragmatismo (aún gradual y dubitativo) ha restringido el margen de decisión del PNV, que ya no podía sostener por más tiempo una posición tan incompatible con sus colegas catalanes. Ahora lo hemos visto, y ahora podemos intuir que irá a más.

Porque las aspiraciones del nacionalismo vasco no solo son incompatibles con el discurso territorial de Ciudadanos; también están objetivamente reñidas con el esquema político que resitúe a Cataluña en la estructura de poder del Estado. Al PNV no le conviene una Cataluña fuera de control, pero tampoco una Cataluña en el cuadro de mando de la política española (una regla tan contundente como impronunciable a los ojos de los nacionalismos catalán y vasco).

Si la improbable victoria de Sánchez se ha hecho realidad gracias a esta reducción del margen de maniobra de los partidos que de facto han sostenido al débil Gobierno de Rajoy, cabe plantearse qué consecuencias pueden derivarse en un escenario inédito: un Gobierno al que el PSOE llega sin pasar por elecciones, con una posición parlamentaria muy vulnerable, con una Cataluña política abierta en canal y apoyado sobre el partido que hace poco pretendía remplazarlo, en el contexto de mayor polarización política desde el retorno de la democracia.

La primera consecuencia se producirá dentro del Parlamento, y se reflejará en la imposibilidad de desarrollar una verdadera agenda de gobierno en el Congreso siempre que requiera mayorías parlamentarias. La disputa entre PP y Ciudadanos, pero también entre PSOE, Podemos y el resto de partidos que le han aupado al Gobierno harán aún más difícil articular mayorías constructivas. En cambio, Sánchez tiene la oportunidad de desplegar una intensa actuación desde el Ejecutivo que visualice lo que el PSOE podría hacer si ganara las próximas elecciones.

La segunda se producirá en el nivel autonómico: desde allí el PP tratará de hacer oposición institucional a la inestable nueva mayoría, aunque con eso deberá chocar con quien sostiene esos gobiernos. Lo que puede tener efectos no esperados en Andalucía: allí Susana Díez esperaba contar con un apoyo más comprometido de Ciudadanos tras las próximas elecciones de otoño o primavera. Pero ahora Ciudadanos deberá pensarse tres veces cualquier acuerdo con el PSOE, que inmediatamente irá en detrimento de su competencia con el PP.

Finalmente, habrá consecuencias en la retórica del debate político en España. Ahora que el centro-derecha quedará recluido en la oposición, la oposición izquierda-derecha puede ganar mayor credibilidad y eficacia. Y la salida del Gobierno del PP podría contribuir a rebajar la tensión con el soberanismo más combativo en Cataluña, ése que ansiaba caos en la política española a fin de recuperar el brío perdido en las calles (no en vano, Puigdemont se oponía a este desenlace y ahora deberá redefinir sus escenarios). Una oportunidad para el PDECat, incluso para el denostado Torra.

En realidad, este insospechado final de una moción de censura inicialmente diseñada para ser perdida quizá no resulte tan malo para el PP ni para el propio PSOE: de repente, se ha transformado el escenario en el que emergieron los nuevos partidos, tal como éstos pretendían pero no en la forma que esperaban. Sin que hayan desaparecido las razones estructurales que les impulsaron, ahora deberán afrontar cómo adaptar su relato: el cambio político se ha hecho realidad, pero éste ha venido de la mano del PSOE, no de Podemos. Ahora solo falta que el PP sepa persuadir a sus atribulados votantes que solo él, no Ciudadanos, puede revertirlo.

Autoría

1 Comentario

  1. Juan Carlos Barajas (Sociología DIvertida)
    Juan Carlos Barajas (Sociología DIvertida) 06-01-2018

    Estimadas y admiradas gentes de Agenda Pública, nada que objetar a vuestros artículos, sabéis que soy un profundo admirador vuestro. Pero tenéis que mejorar vuestros criterios de accesibilidad web, me llama la atención el contraste tan pequeño que hay entre el color del texto y el fondo de pantalla, no puedo leerlos con facilidad y tengo que copiar y pegar en Word para leerlo mejor. ¿Podéis oscurecer un poco el color del texto?. Muchas gracias.
    El artículo muy bueno.
    Un abrazo

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.