¿Por qué está subiendo el precio de la electricidad?

Siempre que los precios de la luz sufren fuertes subidas, los medios de comunicación comienzan a prestar atención casi diaria al mercado eléctrico y se multiplica la cantidad de analistas que intentan explicar la razón de este encarecimiento. Lamentablemente, estos análisis no siempre son lo mesurados que debieran ser y en algunas ocasiones nos encontramos con explicaciones que obvian el rigor para deslizarse por el terreno del mito o la propaganda.

Como es conocido, el precio de la electricidad se forma con muchos componentes que van más allá del simple coste de generación de la energía eléctrica, que supone alrededor de un tercio del precio final para un consumidor doméstico. La electricidad debe ser transportada desde la central eléctrica a las zonas de consumo y posteriormente distribuida hacia los consumidores, procesos que implican diversas subidas y bajadas de tensión y que necesitan de la vasta infraestructura eléctrica del país, que no es precisamente barata de desarrollar ni de mantener.

Por otro lado, el sistema eléctrico debe estar controlado en todo momento para poder ajustar en tiempo real la demanda y la generación, y hay una serie de costes adicionales que permiten garantizar la calidad del suministro en todo momento para que no suframos constantes apagones. Además, existen ciertos costes de política energética, como los costes extrapeninsulares que igualan los precios de la península y las islas, o las famosas primas a las renovables. Y finalmente, tenemos figuras tributarias habituales (como el IVA) o particulares (como el impuesto eléctrico) que incrementan el coste final.

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Todos estos componentes son o costes regulados o bien impuestos, y por eso escuchamos en algunos medios que dos tercios de los costes de la electricidad no tienen nada que ver con el precio de la energía o que los impone el Estado. Esas afirmaciones, que no son falsas en su literalidad, son peligrosamente capciosas porque inducen al receptor a pensar que estos costes son arbitrariedades del legislador o costes injustificados para mantener estructuras de oscura naturaleza y propósitos. Y no es así. La electricidad hay que transportarla, hay que distribuirla, hay que medirla, hay que mantener en funcionamiento un sistema en equilibrio, etc. Y estos costes deben estar regulados porque estamos hablando de monopolios naturales, que de no ser regulados podrían supeditar a los consumidores a situaciones de verdadero sometimiento frente a los prestadores del servicio. Otra cosa es que algunos de estos costes puedan ser discutidos, redistribuirse de otra manera o que incluso alguno de estos componentes o impuestos puedan ser prescindibles, pero eso es muy distinto a esas generalizaciones indiscriminadas sobre los costes regulados del sistema y la imposición que soporta.

Precios de la electricidad para el consumidor por países (2016)Fuente: Eurostat.

 

Sin embargo, no son los costes regulados en foco de la polémica actual sino los costes de generación, que son los responsables del aumento de la factura eléctrica en los últimos meses. Estos costes se fijan en el mercado mayorista de la electricidad y posteriormente repercuten en la factura eléctrica de los consumidores, bien de forma directa (para los clientes que tienen contratada la tarifa regulada PVPC) o bien de forma diferida (las nuevas ofertas a mercado libre son más caras que las de hace unos meses, y los clientes probablemente se verán abocados a un encarecimiento de la factura al finalizar sus periodos contractuales).

Nuestro mercado mayorista es un mercado marginalista, en el que el precio se forma cubriendo la demanda esperada con las ofertas de los generadores, ordenándolas de más baratas a más caras, hasta que lleguen a cubrirla totalmente. El precio del último de los generadores que entra a cubrir la demanda, que será el más caro de entre todos los seleccionados, es el que marca el que van a cobrar todos los generadores que han entrado en la ‘casación’. Generalmente el ciudadano común no entiende por qué un generador que ha ofertado a un precio muy barato acaba cobrando el precio que un generador muy caro, pero el sistema marginalista no es una arbitrariedad española, sino que es el mecanismo por el que funciona la mayoría de mercados eléctricos del mundo. Su elección probablemente se debió a que cuadraba bien con las distintas naturalezas de los generadores de electricidad, ya que hay algunos que no tienen prácticamente costes marginales (es decir, no tienen coste por generar una unidad adicional de energía), como pueden ser la energía eólica o solar, mientras que otros sí los tienen porque dependen de combustible para generar energía, como pueden ser las centrales térmicas.

En el mercado marginalista los primeros ofertarán a costes cero o cercanos a cero, porque lo que les interesa es entrar en la ‘casación’ y cobrar lo que se pueda por esa energía, mientras que los segundos ofertarán siempre por encima de su coste marginal de generar electricidad y en caso contrario pararán la planta, ya que no tiene sentido generar energía para perder dinero. Adicionalmente, hay dos situaciones particulares: la energía nuclear, que sí tiene coste marginal apreciable pero que por su naturaleza no debe parar la generación y, por tanto, entra en casación a coste cero, y la energía hidráulica, que prácticamente no tiene coste marginal pero al poder almacenar la energía en forma de agua sí tiene coste de oportunidad, por lo que ofertará con criterios de maximización de beneficio.

El mercado marginalista acaba generando precios radicalmente distintos en función de cuánta energía de coste marginal casi nulo entre en el sistema. En determinados momentos, cuando hay muchísima producción eólica y embalses hidroeléctricos muy llenos, situación que en España suele darse en primavera, estas energías junto con la nuclear cubren toda la demanda y los precios del mercado llegan a aproximarse a cero, situación puntualmente ruinosa para los generadores, tanto para los que han entrado como los que han tenido que parar, ya que todos tienen costes fijos que amortizar. En cambio, en otros momentos el precio de mercado lo fijan las centrales térmicas y puede llegar a ser altísimo, situación en que todos estos generadores sin costos marginales relevantes consiguen muchos beneficios. Nótese que la entrada de energía renovable en el sistema tiene como efecto bajar el precio del mismo, ya que va desplazando a las centrales térmicas más caras hasta incluso desplazarlas a todas y generar precios cercanos a cero.

Precisamente ahora estamos en uno de esos momentos donde los precios los fijan las centrales térmicas, y además hay dos circunstancias que hacen que esa generación sea especialmente cara. Los combustibles de nuestras centrales térmicas, el carbón y el gas natural, han sufrido un progresivo encarecimiento en los mercados internacionales debido a varias razones, lo que ha encarecido el coste de generación de electricidad. Además de eso, el coste de emisión de COen el mercado ha sufrido un aumento muy importante, ya que ha pasado de poco más de 5 €/t en verano de 2017 a los más de 20 €/t actuales. Ambos factores han encarecido muchísimo la generación con fuentes fósiles y, por la naturaleza del sistema marginalista, el precio de la electricidad en toda Europa, no sólo en España.

Cotización del mercado de derechos de emisión de CO2Fuente: EEX.

Esta realidad provoca situaciones que son especialmente incomprensibles para el ciudadano, como por ejemplo observar que la energía hidráulica está ofertando en el sistema a precios similares a los combustibles fósiles y fijando los precios finales en muchas ocasiones, precios que son mucho más altos que sus costes reales de generación. Dolorosamente, las reglas del mercado les permiten hacerlo, pueden elegir si vender la energía a un precio alto o reservar el agua para momentos mejores. Esta situación ha llevado a que los gobiernos de España y Portugal, que comparten mercado eléctrico, hayan acordado estudiar una reforma de este mercado para intentar evitar situaciones como éstas, sin que se conozca por ahora ningún avance en la materia.

Una de las explicaciones más groseras que nos hemos encontrado es aquella que dice que la culpa del aumento de los precios de la electricidad la tiene “la UE” o “Bruselas” por realizar ciertas reformas en el mercado de derechos de CO2, que han provocado su subida. Esta explicación tampoco es estrictamente falsa, pero representa una descontextualización y una falta de criterio general respecto a la naturaleza de este debate que es realmente preocupante, por no decir que colinda peligrosamente con el negacionismo climático y las tendencias del peor populismo (aquel que echa la culpa de todo a los burócratas).

La emisión de COa la atmósfera es un claro caso de externalidad negativa de una actividad económica, pues perjudica a terceras personas ajenas a esa actividad. Los sistemas de comercio de COno son una ocurrencia de Bruselas, son sistemas que están implantados en lugares como California, los estados del noreste de EE.UU., Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, etc; y que están aplicando cada vez más países, como China recientemente. El objetivo de estos sistemas es promover una penalización económica a la emisión de CO2, absolutamente justificada por ser una externalidad negativa, y a la vez permitir el comercio de unos derechos de emisión limitados que generen incentivos económicos a reducir emisiones, ya que éstos pueden venderse. Pero los derechos de emisión deben tener un coste relevante, porque en caso contrario son obviamente disfuncionales.

Uno de los problemas que ha tenido Europa es que estos derechos han estado muy bajos hasta hace unos meses, por lo que no generaban el incentivo necesario a la generación eléctrica de baja emisión de carbono. Ahora que han subido a un nivel que parece más coherente con su función, nos encontramos con un sistema de generación eléctrica en exceso sensible a su precio y pagamos lo que no hemos pagado anteriormente.

Luchar contra el cambio climático evidentemente no es gratis, y no debe serlo precisamente porque no luchar contra él sí que sería enormemente caro. Un cambio climático desbocado produciría un impacto enorme en la forma en que viven los seres humanos, pero también en la economía. Por poner solo dos ejemplos: el informe Stern de 2006 auguraba que el cambio climático podría producir un descenso del 20% del PIB mundial, y un estudio más reciente de 2015 publicado en la prestigiosa revista Naturepor dos profesores de la universidad de Berkeley, pronosticaba un descenso del 23% en el PIB mundial para el año 2100 y un aumento en la desigualdad de ingresos.

En definitiva, el aumento del precio de la electricidad es causa del encarecimiento del carbón y el gas natural, del fuerte aumento de los derechos de emisión de COy de la naturaleza del sistema marginalista de fijación de precios, que en ausencia de alta generación renovable traslada esos costes al mercado de forma casi directa. Sin embargo, esta subida no será permanente y hay buenas noticias en el horizonte a medio plazo que hacen pensar que los precios se suavizarán con el tiempo.

Probablemente los precios de derechos de emisión de CO2se mantendrán altos, pero los de las materias primas se prevé que retrocedan a medio plazo. Además, para finales de 2019 hay prevista la instalación de alrededor de 8.000 MW de capacidad eólica y solar fotovoltaica en España, que seguramente reducirá los precios finales de la electricidad. Y como no hay mal que por bien no venga, este escenario de altos precios de COincentivará aún más la implantación de energía renovable, con los mismos efectos en la deflación de precios que hemos comentado en el caso anterior.

A corto plazo, sin embargo, parece que nos tendremos que acostumbrar a precios altos durante un tiempo.

*El autor publicará en octubre ‘El futuro de la energía en 100 preguntas’, de la editorial Nowtilus.

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3 Comentarios

  1. Alex
    Alex 09-17-2018

    “La emisión de CO2 a la atmósfera es un claro caso de externalidad negativa de una actividad económica, pues perjudica a terceras personas ajenas a esa actividad”
    Y esas terceras personas son las que al final acaban pagando por el CO2, para que las empresas mantengan su margen.

  2. J.S.L.
    J.S.L. 09-21-2018

    “En determinados momentos, cuando hay muchísima producción eólica y embalses hidroeléctricos muy llenos, situación que en España suele darse en primavera, estas energías junto con la nuclear cubren toda la demanda y los precios del mercado llegan a aproximarse a cero, situación puntualmente ruinosa para los generadores, tanto para los que han entrado como los que han tenido que parar, ya que todos tienen costes fijos que amortizar.”
    Pero para cubrir eso están esos componentes regulados y fijos que constituyen parte de la factura, ¿no? Vamos, que aunque la energía no costara nada, hay 55 o 60 euros de los 80/90 habituales que los voy a pagar fijos. Sorprende que digan que con eso no se cubre…
    Y sobre todo que con eso no se cubran los costes de una energía eólica o solar que una vez instalada sólo tiene costes de mantenimiento y amortización, que podrán ser altos…. Pero que ya va siendo hora de que se deje deje de mantener los puñeteros ciclos combinados, porque las renovables son más baratas a la larga, pero claro, con el gas justifican costes más altos, y cuánto más grande es la facturación, más grande puede ser el pellizco para ellos, sin que se note tanto… Tenemos sol de sobra, el gas que se lo queden sus dueños y que se dediquen a otra cosa

  3. J.S.L.
    J.S.L. 09-21-2018

    Por cierto, muy buen artículo, muy bien explicado todo, instructivo, exhaustivo y aún así ameno, enhorabuena.

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