Populismo, extremismo y euro-escepticismo: diferencias conceptuales y prácticas

El politólogo neerlandés Cas Mudde, resumía en su perfil de Twitter el nuevo interés por el populismo diciendo que en el tránsito de 2016 a 2017 ha pasado de ser un analista del extremismo político a trabajar sobre política mainstream. Sin embargo, el tema por el que Cas Mudde ha tenido mayor reconocimiento en tiene que ver con los partidos de extrema derecha y el euro-escepticismo en Europa, y no parece preciso decir que dicho movimiento esté experimentando el mismo auge en toda Europa. Más bien merece la pena diferenciar las manifestaciones del populismo entre el Sur y el centro y norte de Europa.

La definición del populismo como una forma de hacer política oponiendo elites y pueblo, rechazando las transacciones con otros partidos y apelando a la voluntad del pueblo más allá de las reglas del juego de la democracia es bien conocida. Sin embargo, describir el populismo como una patología de la democracia es cuestionable en la medida que en el relato democrático el concepto de representación otorga a los líderes políticos la capacidad actuar en nombre del pueblo soberano como representante de sus intereses o aspiraciones.

Margaret Canovan concibe el populismo como una manifestación de la faceta redentora – por oposición a la pragmática – de la democracia. Por tanto, se puede concebir el auge de fuerzas populistas como síntoma de una oscilación de la organización de la democracia entre estos dos extremos: la retórica populista sobre la división elite pueblo difícilmente funcionaría sin el distanciamiento de los ciudadanos de la políticas desde los años 70.

Tampoco existe un consenso a la hora de determinar si el populismo es un rasgo de un tipo de partido o si bien es un conjunto de herramientas a disposición de cualquier partido en función de sus circunstancias en el juego entre gobierno y oposición. Se puede intentar reconciliar ambos enfoques con la noción de repertorio de acción colectiva de la sociología política. Como el repertorio de una compañía teatral, los movimientos políticos conocen una serie de registros y otros no, y además se posicionan en el cartel en función de dichos repertorios clásicos, modernos o vanguardistas. Del mismo modo no todos los partidos son igualmente creíbles en todos los registros en función de su historia.

Desde esta perspectiva más sensible con la historia es posible enfatizar las diferencias entre las fuerzas que en toda Europa reciben el nombre común de populismo. Si bien en el sur de Europa los nuevos partidos populistas emergen a partir de una reorganización del bloque histórico de partidos a la izquierda de la socialdemocracia y nuevos movimientos sociales, con la posible exclusión del M5S de Italia de este esquema, el panorama en el centro y norte de Europa presenta algunas diferencias. Por una parte estamos viendo la radicalización de fuerzas conservadoras lideradas por discursos que reivindican el discurso de la tolerancia y la protección social sólo para los de casa. En esta categoría encontramos al PVV neerlandés o el UKIP inglés. Por otra parte han experimentado un fuerte crecimiento partidos de extrema derecha de origen fascista que han conseguido normalizar su imagen como por ejemplo el FPÖ austriaco o el FN francés.

Es muy aventurado tratar de explicar estas diferencias en los apoyos a diferentes tipos de fuerzas entre el sur y el norte de Europa, aunque parece lógico interesarse considerar las diferencias en el plano institucional y europeo. En el plano institucional en los países del sur de Europa las nuevas fuerzas han roto un tipo de bipartidismo que se identifica con el agotamiento de las alternativas en el contexto de la crisis del euro, mientras que por contraste aquellos países del norte y el centro caracterizados por amplios gobiernos de coalición en los cuales es más difícil echar a los malos gobernantes – un partido castigado puede seguir siendo necesario para una nueva coalición – han visto aparecer partidos populistas de derecha o extrema derecha. 

Por otra parte, ninguno de los nuevos partidos del sur de Europa – con la excepción de 5 Estrellas – es contrario a la integración europea, sino que se oponen a las políticas actuales y reclamas una reforma de la gobernanza del euro para poder llevar a cabo su proyecto nacional. Por oposición los partidos populistas del centro y norte de Europa comparten a pesa de sus diferencias una matriz nacionalista. A pesar de los problemas de las tipologías, parece que los partidos del sur de Europa se encuentran con matices entre los nuevos libertarios transnacionales (GAL) mientras que los del centro y norte están entre los autoritarios nacionalistas (TAN).

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