Política de asilo alemana: Merkel y el fuego amigo de la CSU

Nunca se ha ido, pero vuelve a estar aquí. La política migratoria es, desde el verano del año 2015, uno de los principales debates de la vida alemana. Aquel 31 de agosto, y con motivo de la conferencia de prensa anual de verano, la canciller Angela Merkel manifestó que Alemania debía ser capaz de resolver con éxito la cuestión de los refugiados y pronunció su ya famosa frase que dio inició a la Willkommenskultur del Gobierno alemán: “Wir schaffen das” (“Lo lograremos”). Así, de las 127.023 solicitudes de asilo recibidas en Alemania en el año 2013, se pasó a las 476.649 del año 2015 y al más de millón y medio de refugiados en los últimos dos años, según datos de la Oficina Federal de Migración y Refugiados (BAMF, en sus siglas en alemán).

Esta valiente decisión de Angela Merkel –que posteriormente tuvo que modificar restrictivamente– fue considerada por muchos como el mayor reto al que se iba a enfrentar Alemania en las últimas décadas, y algunos autores como el editor del semanario Die Zeit, Josef Joffe, lo calificaron de “milagro alemán” en caso de poder superar con éxito esta política de puertas abiertas.

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Desde entonces, el gran beneficiado de esta política ha sido el partido Alternativa para Alemania (AfD), situado ideológicamente a la derecha de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y que ha hecho de la crítica a la política de asilo de Angela Merkel una de las principales señas de identidad de su discurso mediático, al que debe gran parte de su éxito electoral. De esta manera, AfD está condicionando el día a día de Alemania manifestando su ideología xenófoba y populista, enfrentando a germanos y extranjeros y creando un serio problema a los partidos del Gobierno de la Gran Coalición, en especial para la Unión Social Cristiana (CSU): el ministro de Interior, Horst Seehofer (CSU), de este partido, ha radicalizado su discurso sobre la política de asilo con el objetivo de recuperar al votante de derecha y, sobre todo, de cara a las próximas elecciones (octubre de este año) al Parlamento de Baviera.

Con este objetivo, Seehofer ha preparado un Plan Maestro de Migración con el que pretende reducir las entradas de migrantes, acelerar las deportaciones y crear centros en los que se tramiten aceleradamente las peticiones de asilo en los que deberían permanecer los demandantes hasta que se resuelva su caso y desde donde partirían los que vayan a ser expulsados.

Poco antes de la presentación de este plan, las diferencias con Merkel le obligaron a cancelar el anuncio. Al no contar con la aprobación de la canciller, ha tenido que posponer su presentación hasta poder alcanzar un acuerdo. Las conversaciones entre ambos líderes han fracasado por los distintos puntos de vista: mientras que Seehofer pretende instaurar unos controles fronterizos más estrictos, Merkel busca un acuerdo para una estrategia común de la Unión Europea.

En concreto, la pelea gira en torno a una polémica propuesta de la CSU, que quiere que se impida entrar a todo aquel demandante de asilo que llegue a las fronteras nacionales y haya pedido asilo en otro país o haya sido expulsado de Alemania. El plan de Seehofer de rechazar personas en la frontera alemana podría contravenir el procedimiento formal de Dublín, destinado a determinar qué país de la UE es responsable de una solicitud de asilo concreta. Si, como prevé el plan de Seehofer, Alemania ignora su obligación y rechaza a las personas en una frontera interna de la UE, los críticos temen que otros estados puedan seguir su ejemplo, lo que llevaría a una situación en la que la responsabilidad de abordar las solicitudes de asilo simplemente se trasladaría de un Estado al siguiente.

Markus Söder, ministro presidente de Baviera en sustitución del propio Seehofer y candidato de la CSU en las próximas elecciones, se ha mostrado inflexible con la CDU en su disputa sobre el asilo. Recientemente, manifestó en su cuenta de Twitter: “Debemos asegurar de una vez nuestras fronteras de forma efectiva. Esto incluye, naturalmente, el rechazo. Se debe poner fin al turismo de asilo. Alemania no puede esperar a Europa de forma indefinida, sino que debe actuar de manera independiente”. Rechazaba así una propuesta de compromiso de la CDU según la cual se denegase inmediatamente un segundo intento a las personas cuya solicitud de asilo ya hubiera sido rechazada en Alemania. Sin embargo, la CSU también exige que sean rechazados los refugiados solicitantes de asilo ya registrados en la Unión Europea y los que no tengan documentos válidos.

Por el momento, parece que no hay ninguna señal de acuerdo. El jefe del grupo parlamentario de la CSU, Alexander Dobrindt, se ha mostrado implacable y ha manifestado que sus “posturas se mantienen en el punto inicial”. Esto significa que no ve posible encontrar una solución europea a corto plazo, y, por tanto, no se debe esperar más. En esta disputa con la CSU, la canciller cuenta con el apoyo de la casi totalidad de su partido a excepción del ministro de Sanidad Jens Spahn, quien ha reclamado que se presente una propuesta a los diputados de la CDU y que se sumaría a ella si consigue la mayoría.

Mientras, el SPD, el tercer partido miembro del Gobierno alemán y contrario a las tesis de Seehofer, ya ha anunciado que presentará su propio plan de migración, sembrando nuevas semillas para la discordia en la Gran Coalición alemana. Los socialdemócratas consideran que la CDU y la CSU están jugando con el futuro de Europa. Según las declaraciones del director de su grupo parlamentario, Carsten Schneider, “debe haber una solución europea”. La propuesta de Seehofer conduciría a una “escalada” porque los problemas de la crisis de refugiados se trasladarían a las fronteras exteriores (Italia y Grecia). “En mi opinión, éste sería el fin de la Unión Europea”, afirmó Schneider.

No obstante, este enfrentamiento entre Angela Merkel y Horst Seehofer no es una novedad. Ya en el verano del año 2015, éste criticó abiertamente al Gobierno de Merkel desde la Presidencia del Estado de Baviera, y desde entonces el conflicto sobre los refugiados se ha mantenido más o menos públicamente entre los dos partidos hermanos. La diferencia ahora es que el Gobierno de Merkel es más frágil que nunca, siendo la Gran Coalición la más pequeña de todas hasta el momento y con AfD como la primera fuerza de oposición en el Bundestag.

La CSU observa con miedo esta situación y trata de poner freno al ascenso de la extrema derecha populista –partido que encuentra en el discurso antimigratorio su principal baza electoral– con la mirada puesta en las próximas elecciones regionales bávaras. Según las últimas encuestas, la CSU estaría cerca de perder su tradicional mayoría absoluta y AfD rondaría el 12%-13% de los votos, igualando al SPD como segunda fuerza en este Estado. Por tanto, la CSU está más presionada que nunca para radicalizar su discurso y tratar de ganar votos hacia la derecha, lo que le obliga a ser más crítico con la política del Gobierno Merkel. Ante la escalada del conflicto, Seehofer ya ha amenazado con aplicar en solitario en su plan migratorio, mientras que la canciller pide paciencia a la espera de lograr un acuerdo a nivel europeo.

Como afirman los periodistas del semanario Die Zeit Matthias Geis y Tina Hildebrandt, la estrategia de la CSU podría llevar “al gran choque”. De este modo, “el Plan Maestro de Horst Seehofer podría acabar como el Plan del Desastre”.

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