Perspectivas de los partidos catalanes tras el 21D

Los heterogéneos y en algunos casos inesperados resultados de las elecciones del 21 D hacen que los partidos afronten el año 2018 con diferentes perspectivas y muchos de ellos con un elevado potencial de conflicto interno, algo que puede seguir alternado el cambiante mapa político catalán.

ERC. Desde 2014,  cuando por vez primera superó CDC en las elecciones europeas, el partido republicano partía como favorito en todas las encuestas. Solo cuando se materializó la lista del expresident algunos sondeos empezaron a apuntar que la distancia entre ambas se reducía  pero en ningún caso vislumbró la posibilidad de que Junts per Catalunya pudiese superar a ERC.  La formación estaba tan segura de su ventaja que durante la campaña apostó porque fuese presidente el candidato de la lista soberanista más votada, algo que ahora, tras la victoria de Puigdemont,  la pone en dificultades.  Oriol Junqueras, pero sobretodo Marta Rovira se opusieron a la posibilidad de que Puigdemont disolviese el Parlamento y convocase elecciones antes de la declaración de independencia y de la  aplicación del artículo 155 desaprovechando la oportunidad de aparecer a ojos del electorado no solo como un partido leal ante la difícil decisión del presidente sino también como el partido crítico y por tanto con posibilidades de capitalizar el descontento de los electores soberanistas con la decisión. Poco esperaban que tras declaración de independencia y que tras su huida Puigdemont decidiese presentarse a las elecciones liderando la oposición al 155 y personificando la continuidad institucional.  Y poco importó ya Junqueras hubiese asumido la responsabilidad de sus actos y que en vez de huir a Bélgica estuviese en prisión y sin poder hacer campaña, ni siquiera virtualmente. El 26 de octubre la avaricia rompió el saco y ERC se equivocó forzando una inútil declaración de independencia que posiblemente para lo  único que haya servido haya sido para  catapultar a Puigdemont y a su lista. 

Antes de todo ello ERC contaba con superar al PDeCat, que recordemos no tenía un candidato claro,  y también coqueteaba con la posibilidad de liderar diversas posibilidades de gobierno, desde una mayoría soberanista que abandonase la vía unilateral a una mayoría de izquierdas con los Comunes y con el apoyo posiblemente externo del PSC.  Habiendo vencido a la ex Convergencia y teniéndola subordinada,  ambos partidos podían tener interés en dar por terminada la subasta y relajar así la pugna soberanista,  que en gran medida es la responsable de la actual situación.  Ahora en cambio, con el PDeCat desaparecido y con un Puigdemont  reforzado y con el único argumento de restablecer el gobierno no parece que la desaceleración vaya a ser la vía.    

La incógnita es cómo afectará todo ello a ERC.  De momento permanece a la espera de que Puigdemont se decida a hacer efectiva su promesa de volver.  Pero dadas las evidentes dificultades para investir a Puigdemont, ¿aceptará investir a otro candidato de Junts per Catalunya o  hará suyo el argumento de restablecer el gobierno legítimo en la figura de Junqueras? ¿Explorará la posibilidad de mayorías alternativas si la lista del president no da apoyo a Junqueras? ¿Estará dispuesto a ir a nuevas elecciones? ¿Cuál será la respuesta del partido habida cuenta que tradicionalmente no ha sido muy permisivo con los fracasos de sus líderes? ¿Exigirá cuentas,  sobretodo a Marta Rovira,  por sus titubeos y por su pésima campaña? Porque al fin y al cabo ERC y pese a haber obtenido sus mejores resultados desde la Segunda República ha fracasado en su intento de liderar el soberanismo y más por errores propios que por aciertos ajenos.   Todo sea que la negativa de Puigdemont acaben por convertir el plan B en el plan A de ERC.

PDeCAT. El gran ausente tras las elecciones,  al igual que durante las mismas,  sigue siendo el PDeCat.  Por lo único que ha sido noticia recientemente es porque el exconsjero Santi Vila ha comparecido ante su  comité de ética para dar explicaciones acerca de sus declaraciones tras su  dimisión el 26 de octubre por estar en contra de la DUI.  Ya explicamos que Junts per Catalunya era un win win para el PDeCat.  Si a la candidatura le iba bien, como así ha sido, el partido podía enmascarar su retroceso, mientras que si resultaba un fracaso,  el partido, que había arriesgado poco, permanecía a resguardo. La victoria del Junts per Catalunya sobre ERC permite al PDeCat parapetarse tras la lista del president hasta el punto de que con la vista puesta en las municipales del año que viene parece ser que ya se ha dado la orden de  empezar a registrar las franquicias locales de la nueva marca.   Incluso se apunta a que Junts per Catalunya pueda tomar el relevo del PDeCat e incluso ser embrión de un SNP a la catalana, algo que ya intentó CDC en 1978 con la idea de pal de paller y a lo que ERC siempre se negó

No obstante antes de las elecciones los nuevos dirigentes del partido, en particular Marta Pascal o el propio Santo Vila,  se mostraron críticos con la deriva radical de la formación y se pronunciaron a favor de una cierta moderación en las formas aunque sin renunciar a los objetivos.  Siendo este planteamiento contradictorio con el de Junts per Catalunya  ¿ no se romperá el PDeCat si se impone Junts per Catalunya?    No está de más recordar que  sigue siendo el único partido del antiguo campo catalanista que no ha sufrido escisiones como consecuencia del proceso.  Más allá del abandono se Fernández Teixidó  y de la salida de  Germà Gordó  que respondía a otros motivos,  la integridad del partido permanece intacta al menos desde el punto de vista orgánico e institucional a pesar, eso sí, de que no haya conseguido arrastrar a toda la militancia de la antigua  CDC. Sin embargo las perspectivas de éxito son un fuerte incentivo para mantener la unidad a pesar de la existencia de discrepancias ideológicas que en el seno de CDC siempre habían convivido. Pero además no hay que perder de vista de que el dís 15 de enero se conocerá la sentencia del cas Palau que puede afectar a la antigua CDC por lo que  para el PDeCat abrazar Junts per Catalunya puede ser una buena manera de romper con el pasado. Mientras que el PDeCat era una operación para salvar la herencia asumible de CDC, Junts per Catalunya es una operación a pesar del PDeCat. Y quizás algo más.   Pero, ¿ Junts per Catalunya es algo más que la imagen de un presidente en el exilio?  ¿Qué pasa si Puigdemont no vuelve y no puede ser investido?  ¿Hay alguien más?

CUP.  Aunque la formación anticapitalista es una de las que ha cosechado peores resultados perdiendo casi la mitad de su porcentaje de voto y seis escaños,  su posición, al igual que en la anterior legislatura, sigue siendo determinante.  Los cuatro  diputados de la CUP, aunque  insuficientes para mantener grupo parlamentario propio,  son los que permiten al bloque independentista conservar la mayoría absoluta en el Parlament y esa relevancia sin duda puede aplacar las consecuencias internas de su retroceso.  No obstante la presencia de la CUP en el Parlamento no está asegurada. Se sabe que podría estar dispuesta entrar en el gobierno siempre que se mantenga la unilateralidad y que se de continuidad a los resultados del 1 de octubre implementando la república,  pero también ha avanzado que podría  ausentarse del Parlament si se opta por mantener el marco autonómico, que al fin y al cabo es escenario más plausible si lo que se quiere es el levantamiento del artículo 155 y la recuperación de la autonomía. De ahí que Endavant-OSAN ya hayan exigido a Puigdemont que explique cómo piensa materializar la república.  Pero al final,  aunque algunos dirigentes  ya hayan mostrado su predisposición por Junqueras,  como siempre, su posición dependerá del criterio de su asamblea Quizás por ello como contrapartida ERC parece dispuesta a ceder a la CUP el diputado que le falta para poder disponer de grupo parlamentario y no tener así que compartir el grupo mixto con el PP.

Catalunya en Comú-Podem. La alianza de partidos izquierdistas, con una pérdida de tres escaños, ha sido otra de las formaciones que  ha obtenido peores resultados en las elecciones de 2017 que en las de 2015. Y eso a pesar de que a priori Xavier Domènech estaba considerado un mejor candidato que  Lluís Rabell y de que en esta ocasión la candidatura sí que se ha contado con el apoyo explícito y la implicación de Ada Colau. Las encuestas ya detectaban un cierto retroceso pero este quedaba compensado porque en la mayor parte de casos situaban a los comunes como un partido bisagra capaz de configurar diversas mayorías, soberanistas, constitucionalistas o mixtas. Y aunque matemáticamente no lo hayan conseguido la atípica situación con a 5 diputados electos en Bruselas y 3 en prisión podrían acabar situando a los Comunes en esa preciada posición.  La incógnita es si llegado el caso se inhibirán  o si finalmente y con el objetivo de evitar nuevas elecciones y de recuperar el autogobierno acabarán  decantando una mayoría, sea la que sea. En este sentido ha habido incluso quien ha especulado porque al final el gobierno lo acaben encabezando ellos o con cederles la presidencia del Parlamento.

Los comunes, al igual que el PSC,  aspiraban a  romper la lógica bipolar, y  en cierto modo a lo largo de la campaña lo consiguieron. En los debates y gracias a ellos,  se volvió a hablar de políticas.  Pero no fue suficiente.   Los Comunes se ha visto perjudicado por polarización y porque más que  equidistantes en los últimos tiempos han sido contradictorios.  Por un lado Ada Colau, tras una ajustada consulta interna decidía romper su acuerdo de gobierno con el PSC en Barcelona, por su apoyo al artículo 155, algo complemente ajeno a la política municipal y por el otro llegaban a un acuerdo electoral con Podem Cataluña después de que Podemos hubiese forzado la dimisión del líder del partido en Cataluña Albano Dante Fachín precisamente por considerar que su actitud era excesivamente comprensiva con las acciones de los independentistas.   Un planteamiento que se vería reforzado cuando el ex—dirigente Juan Carlos Monedoro, en plena campaña, afirmó que seguramente había que aplicar el 155. 

Para Catalunya en Comú al igual que  para Podemos la cuestión catalana un talón de Aquiles, como lo ha sido para todos los partidos de tradición catalanista. La equidistancia, teniendo en cuenta que no es su tema prioritario,   le permitía al menos mantener la paz interna. El problema ha surgido cuando la equidistancia les ha llevado a decisiones contradictorias que confunden a tus potenciales electores y les llevan a refugiarse en partidos con posiciones más claras.   Pero los Comunes,  al menos, han hecho autocrítica aunque habrá que ver en que se traduce mientras que Podemos, que parece que el tema no va con ellos, sigue de vacaciones decidiendo si cambia de nombre.  Ahora se abren tres interrogantes.  El primero cómo los resultados electorales afectarán a los difíciles equilibrios internos en el seno del Catalunya en Comú,  sobre todo si acaban siendo determinantes para configurar una mayoría.  Por el otro si los malos resultados pueden suponer un lastre para que,  una Ada Colau cada vez más decaída como ha evidenciado el Barómetro Municipal en el que parece que poder ser superada por ERC, pueda seguir gobernando Barcelona. Sin el buque insignia de  Barcelona  las expectativas de otras candidaturas municipales de izquierdas que aspiraban a seguir su estela y que causaban mucho pavor a los socialistas,  se ve debilitada.  Y por último como set verán afectadas sus relaciones con Podemos que sigue con el conflicto interno abierto en Cataluña donde la imposición de una gestora tras la salida de Dante Fachín ha despertado muchas críticas.

PSC / Units per Avançar. Una de las principales novedades de estas elecciones ha sido la incorporación de candidatos de la antigua Unió a las listas del PSC. Aunque la operación no estaba exenta de riesgos por la posible pérdida de votos en su flanco izquierdo a lo que aspiraban los socialistas era a capitalizar los 100.000 votos que Unió recibió en 2015 y que no generaron representación.  En su intento de romper la lógica bipolar y de convertirse en el partido bisectriz los socialistas han hecho una campaña muy centrada en la figura de Miquel Iceta como presidenciable y en sus presuntas virtudes para alcanzar acuerdos a múltiples bandas.  Y aunque no se ha conseguido frenar la polarización y que los resultados han quedado por debajo de las expectativas y la posibilidades de un gobierno a lo Borgen con Iceta como Birgitte Nyborg son más  bien remotas,  estas elecciones han servido al PSC para cerrar las heridas de las escisiones sufridas en los últimos años y para empezar a recuperar votos y frenar el retroceso constante que inició en 2003.   Pese al impacto del 155 el partido parece estar cohesionado,  no se discute ni el liderazgo ni la estrategia de Iceta pese a su éxito relativo y el retroceso de los Comunes le permite tratar de seguir disputando la hegemonía en la izquierda,  hasta hace poco muy amenazada, algo determinante sobre todo pensando en las municipales. Pero también importante en la disputa entre Podemos y los socialistas en el conjunto de la política española aunque en ambos casos les penaliza el debate territorial y el predominio de la cuestión catalana como algunos barones han señalado.

Para Units per Avançar estas elecciones han supuesto un hilo de esperanza para su supervivencia como partido porque a través de Ramon Espadaler, los herederos oficiales de Unió,  han recuperado la presencia institucional.   Lo que está por ver es cómo funciona la convivencia entre ambas formaciones a partir de ahora.

PP.  La derrota más sonada de estas elecciones ha sido la del PP catalán que ha obtenido los peores resultados de su historia, tan malos que ni siquiera podrá formar grupo parlamentario propio. El partido que gobierna en España es absolutamente irrelevante en Cataluña y dada la situación en que ha quedado todo apunta a que va a tener dificultades para recuperarse.   Algunos de los dirigentes llamados a jugar un papel relevante en el futuro como Esperanza García o Juan Milián han quedado fuera del Parlamento, aunque el actual portavoz Alejandro Fernández,  ha podido salvar el escaño in extremis gracias al voto exterior. Y los diputados electos ni parecen estar del todo cohesionados ni todos ellos tienen como prioridad la política catalana.  Los malos resultados ya se han saldado algunas víctimas como Juan Arza, el secretario de Estudios que ha sumido su  responsabilidad en la derrota y ha apostado porque el partido emprenda una renovación,  pero de momento Albiol no se da por aludido y se mantiene en el cargo.  Sin embargo   aunque ciertamente el PP podría haber optado por otro candidato con unos rasgos más similares a los de Inés  Arrrimadas  para tratar de frenar el ímpetu  Ciudadanos,  nada de lo que hubiera podido hacer el PP catalán hubiese  podido contrarrestar el lastre de la gestión de Rajoy respecto a Cataluña y  sus pasivos en el conjunto español.  Así aunque se pueda llegar a plantear la renuncia de Albiol, lo que está en duda es sobre todo la gestión de los responsables del gobierno de la crisis catalana. De momento, Jorge de Moragas se marcha a un exilio dorado como embajador de España ante la ONU mientras que Soraya Sáenz de Santamaría permanece desaparecida.  La duda es como ello afecta al equilibrio interno dentro del PP y a las expectativas de futuro de la vicepresidenta.

El PP en estas elecciones ha acabado siendo un pagafantas.   Pese a ser el principal responsable de la aplicación del artículo 155, no ha sido capaz de capitalizar el descontento de los contrarios a la independencia y con la deriva del proceso soberanista.   El problema es que las consecuencias de lo sucedido en Cataluña se extienden más allá y el PP empieza ver seriamente amenazada su hegemonía en el centro derecha por Ciudadanos que además parece que cuenta con el aval de algunos ilustres dirigentes del PP como José María Aznar. .

Ciudadanos. Este partido ha sido el único cuyos resultados han satisfecho e incluso han superado las expectativas.  Los sondeos apuntaban que podía superar al soberanismo y finalmente ha ganado las elecciones siendo el primer partido anto en votos como en escaños.  Por primera vez un partido antinacionalista catalán es la primera fuerza política en Cataluña aunque sus posibilidades de formar un gobierno constitucionalista son más bien escasas. Los malos resultados de sus socios potenciales, principalmente el PP y en menor medida el PSC dificultan esa posibilidad. Y aunque la mayoría parlamentaria puede ser variable si los cinco de Bruselas no vuelven o ceden sus asientos,  en cuyo caso la mayoría soberanistas se situaría en 65 escaños,  cualquier movimiento de esa naturaleza requeriría la implicación activa de los Comunes, quien durante la campaña ya dijo que no.   Y aquí es donde se ven los límites de Ciudadanos que más que de su potencial electoral derivan de su escaso potencial de coalición.    Pero esa,  si llega, será la segunda batalla que en buena medida dependerá de los resultados de la primera, la lucha por la presidencia del Parlament,  que  se dirimirá el 17.

En cualquier caso y previsiblemente con independencia de los resultados de dichas batallas,  el partido respira paz interna y como consecuencia de su victoria en Cataluña ha reforzado su papel en el conjunto de España  y cada vez parece estar en mejor posición para disputar al PP  la hegemonía en el centro derecha.  Y curiosamente no lo está logrando por su posición en la fractura izquierda-derecha,  la que tradicionalmente ha articulado la vida política española sino por su posición en la cuestión nacional. 

El plácido horizonte de Ciudadanos solo se está viendo enturbiado por los ya habitualmente críticos informes del Tribunal de Cuentas sobre su financiación.  Pero no puede relajarse, ahora debe concentrarse en reforzar su presencia municipal, muy particularmente en Cataluña,  donde el ejercicio del poder local sigue su gran asignatura pendiente.  Las elecciones locales y autonómicas están a la vuelta de la esquina.

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