Patentar no es inventar

El informe anual de la Oficina Europea de Patentes para 2014 señala un retroceso del 3% respecto a 2013 en el número de patentes europeas solicitadas desde España.

No hay que dramatizar. España no ha sido el único país que ha solicitado menos patentes europeas en 2014. Alemania también tuvo un 3% menos. Así como Italia, Austria, Israel, Canadá, Corea o Japón.

China es el único país que ha aumentado año tras año en los últimos diez años. En 2005, solicitó 563 patentes europeas, y en 2014 ha llegado a 4.624. ¿A qué se debe? Hay varias causas, el apoyo institucional con subsidios e incentivos es enorme, e incluso se imponen cuotas anuales a las empresas estatales para que patenten al máximo. Son medidas que, sin duda,  responden a razones de geopolítica internacional, en la carrera por convertirse en primera potencia mundial, por tanto,  China, es una excepción.

Es normal que haya altibajos en el número de solicitudes de patentes. Lo que importa es la tendencia a más largo plazo, y la de España ha sido creciente en los últimos diez años. Entre 2005 y 2014, las solicitudes españolas de patentes europeas han aumentado un 49%. De 976 en 2005, se ha pasado a 1.456 en 2014, y en 2012 se alcanzó el máximo de 1.544.

Solicitudes de patentes en la Oficina de Patentes Europea con primer solicitante en España

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Fuente: www.epo.org

¿Quiere esto decir que en España hay 1.500 invenciones al año? No. La realidad es más compleja. Patentar no es inventar. Puede que haya más invenciones que patentes, porque no todas las invenciones son patentables, y no todas las invenciones patentables se patentan.

Para que una invención sea patentable tiene que ser novedosa, tener aplicación industrial y ser suficientemente ‘inventiva’ (no resultar obvia para un experto en la materia). Tampoco todas las solicitudes llegan a ser patentes. Para serlo tienen que ser examinadas y aprobadas. De las 3.000 solicitudes que se hacen a la Oficina Española, sólo unas 1.500 llegan a Europa, y la Oficina Europea de Patentes concede cada año solamente entre 300 y 400 patentes a españoles. El resto son rechazadas por los examinadores, o retiradas por los solicitantes durante el proceso. Sólo las patentes concedidas dan derechos de exclusividad a sus propietarios, y una vez concedidas su valor varía mucho dependiendo del tipo invención que protegen, la calidad del sistema de patentes donde se han concedido y del uso más o menos estratégico que se haga de ellas.

En definitiva, no deben saltar las alarmas porque un año se patente menos que el anterior, o incluso dos años seguidos como ha sido el caso de España (y de Alemania, Italia, Israel o Canadá). La pregunta es si comienza una tendencia decreciente para los próximos años, y, lo más importante, si aún hay tiempo para cambiarla. Las patentes son producto de la inversión en I+D, que necesita estabilidad para dar frutos, y es arriesgada, pero ha ido disminuyendo gradualmente en España desde 2009 en las empresas, y desde 2011 en la administración pública.

Gastos internos totales en I+D en España por origen de los fondos, millones de euros

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Fuente: Instituto Nacional de Estadística

De todas formas el problema de España es estructural. Siempre ha tenido un nivel relativamente bajo de solicitudes de patentes respecto a otros países europeos. Los países más cercanos a España en número de solicitudes europeas son Bélgica, Finlandia, Dinamarca y Austria, que también registran entre 1.000 y 2.000 al año, pero son mucho más pequeños. España solicitó 30 patentes europeas por millón de habitantes en 2014, Bélgica 182, Austria 239, Dinamarca 354 y Finlandia 416.

Salvando los ejemplos cada vez más frecuentes de empresas españolas tecnológicas de éxito, el bajo nivel de patentes en España parece ser crónico. Los factores que se suelen avanzar para explicarlo incluyen la estructura industrial del país y el predominio de PYMES con poca capacidad de generar y absorber conocimiento tecnológico, que se traduce en menos inversión en I+D e innovación por parte de empresas que en otros países europeos, y menos vínculos entre la universidad y la empresa.

La falta de conocimiento y confianza en el sistema de patentes en España y la caída de la inversión en I+D ha empeorado la situación. La nueva ley de patentes, aún en trámite, anuncia cambios para reforzar el sistema y mejorar su calidad. Pero incluso si mejora el sistema de patentes, patentar por patentar no es la respuesta. Lo que se necesita es un apoyo institucional estable y ambicioso a la I+D y a la innovación, que anime a las empresas a inventar y patentar más, como en otros países. Un sistema en el que se preste más atención a la calidad, a su impacto socioeconómico y su contribución al crecimiento, más que a su mero recuento. Si se consiguen estos cambios tal vez lleguemos a leer que España no inventa menos.

Autoría

1 Comentario

  1. Francisco Moreno
    Francisco Moreno 04-16-2015

    Muy interesante, coincido en que hay que fijarse más en la evolución a medio/largo plazo y en que la cantidad de patentes no es lo fundamental. No obstante, tengo algunos comentarios.

    Primero, sobre el título. Cierto es que hay inventos que no se patentan, pero en mi opinión detrás de una patente siempre hay un invento. ¿En qué caso patentar no es inventar?

    Segundo, decir que “de las 3.000 solicitudes que se hacen a la Oficina Española, sólo unas 1.500 llegan a Europa [a la EPO]..”, da la impresión de que para llegar a la EPO hay que hacer una necesariamente una solicitud previa ante la OEPM, lo cual no es cierto. En efecto, se puede llegar a la EPO también mediante una solicitud directa ante la EPO o mediante la fase regional europea del PCT (euroPCT). De hecho, entiendo que esas 1500 solicitudes son lo que la EPO llama “European patent filings” en las que están consideradas expresamente las entradas en fase regional europea
    (ver “Origin” en http://www.epo.org/about-us/annual-reports-statistics/annual-report/2014/statistics/patent-applications.html)

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