Participación de la mujer en los puestos de decisión

La situación de las mujeres en el mercado de trabajo ha mejorado sustancialmente en las últimas décadas. Sin embargo, hay temas en los que se sigue poniendo de manifiesto la falta de igualdad entre hombres y mujeres. Hace unos días se publicaban los datos de la Encuesta de Estructura Salarial que elabora el INE y algunos medios se hacían eco de la brecha salarial entre ambos grupos. Cuestiones como la brecha salarial, la segregación ocupacional o el techo de cristal son ejemplos de la desigual situación de unos y otras. Estos tres aspectos están, además, muy relacionados: una parte de la diferencia salarial observada entre hombres y mujeres se debe a la segregación ocupacional, es decir, a la distinta distribución entre ocupaciones de ambos grupos que, a su vez, está relacionada con la dificultad de acceso a ciertas ocupaciones por parte de las mujeres, sobre todo, aquellas que implican niveles más altos de responsabilidad y decisión.

En este artículo me gustaría hablar de la participación de las mujeres en los puestos de decisión. Las recientes elecciones han mostrado que las mujeres son menos visibles, que apenas hay representación femenina en los debates o que son pocas las mujeres que encabezan listas. En definitiva, que las decisiones son tomadas fundamentalmente por hombres. 

El Consejo de la Unión Europea de diciembre de 2015 hizo referencia en sus conclusiones a la Igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito de la adopción de decisiones, área prioritaria de actuación para la Comisión Europea en su Estrategia para la igualdad entre hombres y mujeres 2010-2015. Entre sus objetivos cabe destacar el aumento de la representación de las mujeres en los órganos de toma de decisiones, tanto en los ámbitos económico y político, como en ciencia e investigación, medios de comunicación y deporte. El breve análisis que se realiza a continuación pretende mostrar que, aun cuando se ha producido un gran avance, queda mucho por hacer. Para ello, vamos a mostrar datos referentes al sector judicial, como ejemplo de lo que ocurre en el sector público, y de las empresas del IBEX-35, como referente del sector privado.

Si comenzamos con la Administración Pública, aunque se trata de un sector con un elevado porcentaje de mujeres trabajando (el 54% del personal del sector público son mujeres), la segregación ocupacional muestra un panorama muy diferente si analizamos los puestos de responsabilidad. El sistema judicial es un buen ejemplo de lo que acabamos de señalar. La integración de las mujeres ha aumentado de forma sostenida en los últimos años, de manera que ahora podemos calificarlo como un sector feminizado. Si, en 1995, un 41,3% del total del personal del sistema judicial eran mujeres, dicho porcentaje se sitúa en el 58,8% en 2014. Pero si atendemos a las distintas categorías, la situación es bien diferente (Gráfico 1). Las mujeres fiscales representan un 62,6% del total en 2014, ascendiendo al 74% en el caso de las fiscales de tercera categoría y al 59,4% en las de segunda categoría. En cambio, únicamente son el 24,1% del total de fiscales de primera categoría. De la misma manera, en el caso de miembros de la carrera judicial (gráfico 2), las mujeres suponen el 64,9% de los jueces, el 48,8% de los magistrados y el 12,9% del supremo. En resumen, en un sector feminizado, los puestos de decisión siguen siendo un espacio mayoritariamente masculino.

En el sector privado, si atendemos al porcentaje de mujeres en las empresas y en los consejos de administración del IBEX-35, ascendía al 18,2% en 2014, lo que supone un aumento muy relevante dado que en 2005 se situaba en un 2,1%. No obstante, de nuevo, si observamos qué ocurre en las distintas categorías, son presidentas un 8,6%, vicepresidentas un 7,1% y consejeras un 20,7%.

Gráfico 1. Porcentaje de mujeres en puestos de la fiscalía según categoría

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Gráfico 2. Porcentaje de mujeres miembros de la carrera judicial según categoría

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Lo que ponen de manifiesto las cifras previas es que el acceso de las mujeres a un determinado sector no genera, en sí mismo, el acceso a los puestos de decisión. Son necesarias medidas y políticas que reduzcan las barreras existentes.

La ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres marcó un hito al poner en la agenda pública como objetivo prioritario conseguir efectivamente la igualdad entre hombres y mujeres. En esta ley se optaba por una cuota ‘blanda’, es decir, se recomendaba una presencia equilibrada de hombres y mujeres en los consejos de las grandes empresas sin imponer sanciones en caso de incumplimiento. Desde entonces la presencia de mujeres en los consejos de las empresas del IBEX se ha incrementado, pero sigue estando lejos de una ‘presencia equilibrada’. El único ámbito en el que se imponía una cuota obligatoria corresponde a las listas electorales que debían incluir al menos un 40% de cualquiera de los sexos en total, y en cada tramo de cinco candidatos. El resultado ha sido que el porcentaje de mujeres en el Congreso se ha situado por encima del 35% en las tres últimas legislaturas.

Las cuotas son un instrumento controvertido, sujeto a numerosas críticas. Sin embargo, sin duda son necesarias para garantizar la participación de las mujeres en los ámbitos de decisión. Se trata de contribuir a eliminar los estereotipos, las ideas preconcebidas sobre el rol de las mujeres en el trabajo y en la familia. Lo que muestra la comparación de lo que ha pasado en el Congreso frente las empresas del IBEX-35 es que la obligatoriedad de la cuota ha acelerado el proceso de participación de las mujeres en el primero, mientras que las segundas continúan siendo un ámbito minoritario para las mujeres.

Para finalizar, quisiera hacer una mención a los efectos de la crisis. Son de sobra conocidas las cifras de destrucción de empleo e incremento del paro. Pero, además, la crisis ha eliminado de la agenda política cuestiones como la que tratamos aquí. Que un objetivo prioritario sea la creación de empleo no puede dejar en un segundo término aspectos estructurales a mejorar en nuestra sociedad como es la participación de las mujeres en la toma de decisiones. Conseguir la igualdad efectiva de hombres y mujeres debe ser un objetivo prioritario de las políticas, independientemente de la coyuntura económica en la que nos encontremos.   

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