Paro oficial y mediciones alternativas

Ya se ha publicado la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre de 2017 y todos los medios (en la medida que otros temas le dejen espacio) se llenarán de cifras, análisis, variaciones interanuales y un sinfín de interpretaciones para todos los gustos. Uno de los conceptos que acaparará mayor protagonismo, por razones obvias, es el paro. A grandes rasgos podemos decir que el paro, ya sea en valor absoluto (3.731.700) o en tasa (16,4%), sigue en niveles altos pese a su favorable evolución desde el inicio de la recuperación económica.

Pero más allá de los debates coyunturales, entre los expertos que analizan el mercado laboral existe también un debate metodológico. La cuestión de fondo es si la definición oficial de paro que utiliza la EPA (que marca la Organización Mundial del Trabajo y que utilizan todos los organismos a nivel internacional) es demasiado estricta y prescinde de determinadas situaciones que podrían ser consideradas como paro. Este debate hace tiempo que existe pero en los últimos años se ha hecho aún más popular, ya que numerosos organismos de renombre han incluido algún tipo de cálculo alternativo entre sus análisis.

Una de las formas alternativas de cálculo que más se utiliza es la que implementó el Boureu of Labor Statistics (BLS) de Estados Unidos. De forma genérica, consiste contabilizar el paro a partir de la definición oficial (U3) y añadir determinados colectivos que actualmente no están incluidos: inactivos que no buscan trabajo porque creen que no lo van a encontrar (U4), inactivos disponibles que querrían trabajar (U5) y los trabajadores a jornada parcial involuntaria (U6).

Florentino Fegueroso realizó hace unos 3 años el ejercicio de adaptar las formas alternativas de cálculo del BLS americano a la EPA. Los cálculos que se presentan aquí están basados en dicha adaptación (ver cuadro 1).

Cuadro 1. Paro oficial y formas alternativas de cálculo 3r trimestre de 2017

Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la EPA (INE). Las definiciones son adaptaciones de los distintos tipos de paro del Boureu of Labor Statistics sobre la EPA, de Florentino Felgueroso. [1]: Según la definición oficial, se considera trabajador a la persona que ha trabajado al menos una hora la semana de referencia a cambio de un salario o beneficio. También a los que no han trabajado pero tienen un vínculo (vacaciones, bajas, etc.).

Obviamente, el paro crece de un cálculo a otro, ya que esta metodología consiste en añadir a la definición oficial colectivos que no se consideran parados. El aumento más notable lo producen las jornadas parciales involuntarias (U6). En el tercer trimestre de 2017 y en la definición más amplia de paro (U6), España pasaría de los 6,2 millones de parados, con una tasa del 26,2%, lo que supone casi 2,5 millones de personas y 9,8 puntos porcentuales más que la definición oficial de paro.

En el gráfico 1 se puede ver cómo ha evolucionado el paro según los diferentes cálculos y a lo largo de los últimos 12 años. Si bien el paro oficial y las distintas formas de cálculo menos restrictivas siguen una evolución similar, se observa que el colectivo de trabajadores subempleados (jornada parcial involuntaria) presenta una tendencia diferente desde el inicio de la crisis. Tal y como apunta un estudio del Banco de España, el aumento en el peso de esta modalidad de contratación, y el hecho de que no retroceda durante la recuperación económica, indican que parte de la disminución de las cifras del paro oficial se está consiguiendo a costa de mayor precariedad.

Gráfico 1. Evolución de las formas alternativas de cálculo del paro

Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la EPA (INE).

Tasas de paro según Comunidad Autónoma

En el gráfico 2 podemos ver el ranking de la tasa de paro según la definición oficial y según la definición U6 para cada Comunidad Autónoma (CA), además de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Los cambios de un ranking a otro nos permiten ver que CA se comporta de forma diferente a la dinámica del conjunto.

Gráfico 2. Ranking y diferencia de paro U3 y U6 por CAMedia últimos cuatro trimestres (del 4º trim. 2016 al 3r trim. de 2017)

Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la EPA (INE).

Si bien se producen algunos movimientos en el ranking, en general podemos decir que las CCAA con una alta (baja) tasa de paro oficial también tienen una alta (baja) tasa de paro U6. Donde menos crece la tasa paro de una a otra definición es en Baleares (7,2 p.p.) y Cataluña (8,0 p.p.), lo que les supone una mejoría importante respecto al resto de CCAA. Además, Baleares consigue tener prácticamente la misma tasa de paro que Navarra, en términos de U6. Por el contrario la Comunidad Valenciana (12,2 p.p.), Extremadura (12,0 p.p.) y Andalucía (11,9 p.p.) son las comunidades donde más crece la tasa de paro respecto a la definición oficial.  En el caso de Extremadura, este crecimiento hace que sea la CA con más paro en términos de U6.

En el gráfico 3 se analiza la aportación a la tasa de paro U6 de cada modalidad de cálculo para poder ver qué colectivo, de los que se añade al paro oficial, es el que genera mayor incremento. Para simplificar el análisis, se han agrupado los colectivos que se añaden en U4 y U5 (ambos inactivos que no buscan trabajo aunque están disponibles y desearían tenerlo).

Gráfico 3. Aportación de cada colectivo a la tasa de paro U6 por CCAA Media últimos cuatro trimestres (del 4º trim. 2016 al 3r trim. de 2017). Aportación en puntos porcentuales

Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la EPA (INE).

Al igual que para el conjunto de España, el colectivo que genera más diferencia entre la tasa de paro U6 y la tasa de paro oficial (U3) son los ocupados a jornada parcial involuntaria. Comunidad Valenciana (8,7 p.p.), Andalucía (7,9 p.p.), País Vasco (7,8 p.p.) y Ceuta (7,8 p.p.) son las CCAA que más paro oficial (U3) consiguen reducir a costa de parcialidad involuntaria en la ocupación. En cambio, Castilla la Mancha (5,5 p.p), Islas Baleares (5,6 p.p.) y Melilla (5,7 p.p.), son las comunidades con menos parcialidad involuntaria.

Los colectivos de inactivos desanimados e inactivos que no tienen trabajo pero desearían trabajar (U4 y U5) no tienen tanto peso en las diferencias entre U3 y U6. Aun así, es destacable el menor peso de estos colectivos en Cataluña (1,2 p.p.) e Islas Baleares (1,6 p.p.) y su mayor peso en el caso de Extremadura (5,3 p.p), Melilla (4,7 p.p.) y Andalucía (4,0 p.p.).

Tasas de paro según características de la persona

Si se realiza el análisis por colectivos según las características de las personas (gráfico 4), vemos que los grupos con peores resultados en tasa de paro oficial (mujeres, menores de 25 años, personas con baja formación y extranjeros) ven incrementada esta situación al medirse el paro a través del cálculo alternativo U6, generándose aún más diferencias.

Gráfico 4. Aportación de cada colectivo a la tasa de paro U6 por características de la persona , Media últimos cuatro trimestres (del 4º trim. 2016 al 3r trim. de 2017). Aportación en puntos porcentuales

Fuente: Elaboración propia a partir de los microdatos de la EPA (INE).

Al igual que en numerosos indicadores del mercado de trabajo, el análisis por sexo arroja resultados desalentadores. La diferencia de tasas de paro oficial (U3) por sexo es de 3,3 p.p. (16,2% hombres y 19,5% mujeres) pero la diferencia medida sobre el paro U6 crece hasta los 12 p.p. (22,2% hombres y 34,1% mujeres). Este aumento viene provocado básicamente por el mayor peso de las jornadas parciales involuntarias en las mujeres, una problemática de precariedad que ya conocíamos. Es preciso enfatizar que se trata de mujeres que declaran que querrían trabajar más horas pero no han encontrado un trabajo a jornada completa, no se trata de una opción personal para compaginar con estudios, el cuidado de familiares o cualquier otra razón.

En el cruce de sexo por edad podemos ver que la diferencia en la tasa de paro U3 y U6 se incrementa con la edad, llegando a los 14,2 p.p. para las mujeres mayores de 45 años, donde además vemos que hay un importante ascenso de la inactividad (dejan de buscar trabajo pero desearían trabajar).

¿Qué cálculo de paro mide mejor la realidad?

A pesar de que sea muy tentador concluir que en realidad en España hay 2,5 millones de parados más o que la tasa de paro real es casi 10 puntos superior a la oficial, lo cierto es que valorar qué medición del paro es mejor o más adecuada no es tarea fácil y hasta cierto punto entra en juego la subjetividad (que no la arbitrariedad o la conveniencia). Seguramente la mejor forma de abordar este tema es planteando qué realidad queremos medir o para qué queremos utilizar la información.

Probablemente la forma más laxa de cálculo de las que se han presentado (U6) no sea una buena aproximación a lo que habitualmente entendemos por paro, simplemente por incluir una parte de la población ocupada. De hacerse, parecería más adecuado contabilizar sólo la parte proporcional de la jornada que no trabajan estos ocupados, cómo si se tratase de una contabilización de parados equivalentes a tiempo completo. Precisamente el pasado mes de septiembre el Ministerio de Trabajo francés anunció la publicación de una estadística oficial de desocupación en la que se tiene en cuenta este criterio en su metodología.

De todas formas, el seguimiento de los ocupados a jornada parcial, y especialmente de los que la hacen de forma involuntaria, es muy importante para medir la salud del mercado laboral. Buena prueba de ello es el reciente informe sobre pobreza laboral de Eurofond, donde puede verse que el riesgo de pobreza es del orden de cuatro veces superior para los trabajadores que tienen jornada parcial que para los trabajadores que tienen jornada completa, ya que sus ingresos anuales son más bajos. El avance de este tipo de contratación desde el inicio de la crisis, y el hecho de que no retroceda apenas con la recuperación, es un gran ejemplo de la recuperación del mercado laboral que estamos viviendo, muy intensa en cantidad de puestos de trabajo pero no así en su calidad.

El uso de U6 es más adecuado para determinar lo que se denomina fuerza de trabajo infrautilizada, un concepto más amplio que el paro o el desempleo. Hace pocos meses el Banco Central Europeo dedicó un artículo a hablar sobre esta estadística y su posible incidencia en la reciente evolución de los salarios en Europa. El artículo apunta que, a pesar de la caída del paro oficial, los niveles de fuerza de trabajo infrautilizada (U6) seguen siendo muy altos, lo que hace mantener bajos los salarios al existir todavía un fuerte exceso de oferta de mano de obra. Si trasladamos este planteamiento a España, las perspectivas son aún más negativas, ya que los niveles de paro oficial y paro U6 son todavía mayores que en el resto de Europa (puede verse en esta extensa publicación de Eurofound y en el artículo citado anteriormente de Florentino Felgueroso). Además, otros factores como la alta rotación laboral (muchos contratos temporales y una parte importante de muy corta duración) ligada a trabajos de baja cualificación y donde el capital humano (experiencia y formación) del trabajador no juega un papel relevante para la contratación, hacen que muchas personas compitan constantemente por, relativamente, pocas ofertas de trabajo. Si a eso le sumamos una negociación colectiva asimétrica, el resultado más probable será un estancamiento de los salarios en el medio plazo, sobre todo de los más bajos.

Si queremos cuantificar a las personas que queriendo trabajar y estando disponibles no lo hacen, la mejor estadística sería el paro U5 (paro oficial, desanimados y aquellos que no buscan trabajo pero desean trabajar). Sin embargo, es bien conocido que las personas que no realizan búsqueda activa de trabajo tienen tasas de paso del desempleo al empleo mucho menores que aquellos que sí realizan búsqueda activa. Es por ello que la definición oficial de paro tiene más sentido, al incluir sólo a los que hacen búsqueda activa de trabajo (inscribirse en ofertas, enviar currículos, usar los servicios de intermediación privados o públicos, etc.).

Más allá de la medición del paro, el estudio de los colectivos que entran en la definición de U4 y U5 también tiene mucho interés. Un ejemplo lo encontramos en un artículo publicado en el blog Llei d’engel, en el que se estudia la evolución y características de los desanimados en el mercado laboral Español.  En él se observa que si se consideran a los parados y desanimados en un mismo grupo, la proporción de desanimados sobre el total bajó al inicio de la crisis y se ha mantenido constante hasta la actualidad. En otras palabras, la probabilidad de desanimarse descendió con la crisis. Además, los colectivos con más dificultades son los que menos se “desaniman”. Pese a que lo más intuitivo es pensar que cuanto más difícil es encontrar trabajo, como durante la crisis, más se desaniman las personas y pasan a la inactividad (argumento muy utilizado por sindicatos y algunos partidos políticos), los datos apunta a que, en caso de necesidad, desanimarse (dejar de buscar trabajo) no es una opción por muy bajas que sean las posibilidades de ocuparse.

Además, estudiar el motivo por el que se deja de buscar trabajo activamente, puede darnos mucha información sobre la cantidad de personas que quedan expulsadas del mercado laboral por procesos como la automatización y la robotización de la producción o el missmatch (desacople entre los perfiles de los parados y los perfiles demandados por las empresas), entre muchos otros. Por desgracia, para poder analizar correctamente estos procesos con la EPA sería necesario ampliar la información recogida, cosa que no parece estar dentro de los planes del INE.

En definitiva, parece que la definición oficial de paro es la que más se asemeja al concepto de paro que tenemos en el imaginario colectivo: personas desocupadas que buscan trabajo y no lo encuentran. Además, el hecho de ser una definición oficial la hace comparable con las estadísticas de otros países, y por tanto es lógico que sea el indicador principal de seguimiento. Eso no quita que el resto de mediciones tengan su importancia e interés, ya que captan una parte de la realidad a la que no llega la definición oficial. Sin lugar a dudas, y siguiendo el ejemplo francés, incorporar estas estadísticas a las publicaciones habituales de los productores de estadística oficial sería un avance en términos de capacidad de análisis, calidad e incluso transparencia.

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