Países nórdicos y políticas familiares

El cambio en la identidad masculina, que tiene lugar gracias a políticas como la cuota de paternidad, es el que está generando una verdadera revolución de los roles de género en los países nórdicos. Se está evolucionando hacia un modelo en el que la norma “combinar trabajo y familia” ya no será solo la norma de las mujeres sino que será la norma para todos.

La tasa de empelo femenino de los países nórdicos indica los grandes avances que se han producido en los últimos 30 años para favorecer la incorporación de las mujeres al mercado laboral. Por ejemplo, en Noruega la tasa es del 77,1%, mientras que en España es del 54,8%. Sin embargo, aun teniendo generosas políticas familiares que fomentan el empleo femenino, algunos datos parecen mostrar que en los países escandinavos se siguen manteniendo los roles tradicionales de género. En el caso noruego, la tasa de trabajo a tiempo parcial de las mujeres es del 38,5% mientras que la tasa masculina es del 14,1%. No obstante, a pesar de estos últimos datos, si profundizamos en la realidad de estos países veremos que sí se está produciendo una verdadera revolución de los roles de mujeres y hombres.

La primera oleada de políticas familiares en los países nórdicos facilitó el acceso de las mujeres al trabajo remunerado y la conciliación de la vida laboral y familiar, aunque también es cierto que no generó el esperado cambio de los roles de género. Es decir, los hombres continuaron siendo los principales responsables del trabajo remunerado y las mujeres las principales cuidadoras de la familia y el hogar. Por un lado, las “políticas redistributivas” como la universalización de las guarderías públicas de calidad o los servicios de atención a las personas mayores facilitaron que las mujeres se mantuvieran conectadas al mercado laboral. Por otro lado, las “políticas basadas en el reconocimiento” como las bajas parentales de un año permitieron dar valor al cuidado que tiene lugar en el hogar.

A pesar de estos avances, la realidad es que en los países nórdicos los hombres continúan ocupando más puestos de poder en las empresas y todavía hay sectores masculinizados y feminizados con condiciones laborales desiguales. Como explica Nancy Fraser, las políticas públicas no tendrían que afirmar sino transformar los roles de género. Es por esta razón que los países escandinavos están apostando por una segunda oleada de políticas familiares. Esta vez las políticas públicas se están dirigiendo a ambos géneros, especialmente a los hombres. De hecho, políticas como la cuota de paternidad, que promueve que el padre se acoja a una parte importante de la baja parental, están cambiando las tendencias.

El cambio en la identidad masculina es el que está generando una verdadera revolución de los roles de género en los países nórdicos. Políticas como la cuota de paternidad están consiguiendo luchar contra el techo de cristal masculino (en Noruega el 86% de los padres se acogen a la cuota). Las leyes están permitiendo el cambio cultural en los países nórdicos, ya que si un hombre decide compartir la baja parental con su pareja ya no depende de tener un entorno laboral que lo tolere. La cuota de paternidad facilita que los padres se acojan a la baja parental bajo la lógica “la usas o la pierdes”, y se está demostrando que aquellos hombres que dedican tiempo a sus hijos en la temprana infancia mantendrán este patrón a lo largo de su vida. Son hombres que están reduciendo sus horas de trabajo para dedicar más tiempo al cuidado de sus hijos.

En definitiva, ¿qué podemos aprender de los países nórdicos? En primero lugar, resulta imprescindible desarrollar el cuarto pilar del Estado de Bienestar del que nos habla Vicenç Navarro. El desarrollo de este pilar es beneficioso para la educación de la infancia, favorece la tasa de natalidad, permite aprovechar el talento femenino y genera puestos de trabajo en el ámbito del cuidado, creando un círculo virtuoso para la economía del país. De hecho, progresistas y conservadores están convencidos de la apuesta por las políticas familiares debido a razones no solo basadas en la igualdad sino también en la eficiencia económica. En segundo lugar, podemos aprender que si no se incide en el cambio del rol masculino se producirá la paradoja de tener unas generosas políticas públicas que siguen manteniendo los roles tradicionales de género.

En tercer lugar, la experiencia de los países nórdicos nos hace llegar a la conclusión de que quizás en estas sociedades se está evolucionando hacia un modelo en el que no hay un hombre trabajando a tiempo completo y una mujer haciéndolo a tiempo parcial para poder conciliar vida laboral y familiar, sino dos personas trabajando a tiempo completo reducido. Este modelo cambiará el ideal de trabajador en la sociedad, pues se dará por sentado que el mejor trabajador no es aquel que más horas esté en su lugar de trabajo ni aquel que pueda adaptarse a cualquier imprevisto en cualquier momento. Se supondrá que todos los trabajadores son cuidadores y que la norma “combinar trabajo y familia” ya no será solo la norma de las mujeres sino que será la norma para todos.

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