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Órdago de Italia a la Comisión

Parece que se está poniendo de moda echar pulsos a las instituciones europeas. Hace menos de un mes, la Comisión llevó a Polonia ante el Tribunal de Justicia para preservar la independencia de su Tribunal Supremo. La semana pasada, Michel Barnier, que capitanea el equipo europeo para la negociación del Brexit, le repitió por enésima vez a la primera ministra Theresa May que su plan de Chequers no hay por donde cogerlo y que las líneas rojas de la Comisión no son flexibles. Y, por último, el lunes, la Comisión rechazaba el borrador de Presupuestos que le había mandado Italia por serios incumplimientos con sus compromisos fiscales; entre otros, un aumento déficit público del 2,4% del PIB, el triple de lo originariamente pactado. Es la primera vez en la historia del euro que se devuelve un proyecto de Presupuesto.

El choque de trenes está servido. El Gobierno italiano, formado por la extraña pareja entre Mateo Salvini (líder de la xenófoba Lega de extrema derecha) y Luigi Di Maio (cabeza del Movimiento 5 Estrellas, de inspiración izquierdista anti-sistema pero que a día de hoy es difícil de encasillar) no se va a achantar ante Bruselas, aunque sí podría hacerlo ante la presión de los mercados, como ya les sucediera a otros muchos países del sur de Europa durante la crisis del euro.

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El borrador de Presupuesto italiano es una bomba porque combina las bajadas de impuestos que quiere la Lega (muy al estilo Trump) con el aumento de gasto en forma de una subida de las pensiones mínimas y del subsidio de desempleo de larga duración (que a veces se confunde con una renta básica) que quiere el Movimiento 5 Estrellas, y todo ello aderezado con un adelanto de la edad de jubilación que pone especialmente nerviosa a Bruselas. Pero este Presupuesto no debería sorprendernos. El Gobierno prometió un aumento del gasto, algo perfectamente lógico en un país que lleva dos décadas económicamente estancado y cuyas infraestructuras literalmente se están derrumbando, pero por el momento no ha planteado un aumento de ingresos para financiar la necesaria expansión fiscal que contente a Bruselas. Por ello, el presidente Sergio Mattarella, que podría llegar a tumbar el Presupuesto si considerase que es inconstitucional por violar los compromisos adquiridos con la Unión Europea, seguramente se mantendrá callado para evitar que el discurso de Europa y el ‘establishment’ nos tumban el Presupuesto no se convierta en el lema de la próxima campaña electoral de los partidos de la coalición de Gobierno a las elecciones europeas de mayo. Recordemos que, según el último Eurobarómetro, sólo el 42% de los italianos piensa que la pertenencia de su país a la Unión Europea es algo bueno, seis puntos menos que los propios británicos, que se están marchando, y 30 puntos menos que los españoles. Es decir, que el discurso anti europeísta en Italia vende.

La Comisión, por su parte, no tenía más remedio que devolver el Presupuesto, ya que la desviación con lo pactado era injustificable, algo que no sucede con los otros países a los que les ha solicitado explicaciones por carta, como Bélgica, Francia, España, Eslovenia y Portugal.

Ahora, Italia tiene tres semanas para mandar un borrador enmendado, pero lo más probable es que no lo haga. El gesto de ayer de un eurodiputado de la Lega, que puso su zapato sobre los papeles del comisario Pierre Moscovici, es bastante ilustrativo en este sentido. Todo parece indicar que Italia está dispuesta a mantener el pulso a la Comisión porque no le asustan las sanciones que pudieran llegarle, que sólo se materializarían en la primavera de 2019 y siempre bajo una larga serie de supuestos: que se termine decidiendo que la deuda italiana no tiene la trayectoria descendente adecuada, ya que el déficit está por debajo del 3% y, por lo tanto, no puede generar sanciones; que los datos que se publiquen el año que viene así lo acrediten; que la Comisión proponga una sanción; que el Consejo la apruebe, y algunas cosas más del tortuoso Pacto de Estabilidad y Crecimiento que necesitamos reformar para hacerlo más sencillo y transparente.

Pero el Gobierno italiano es consciente de que si la prima de riesgo se dispara como consecuencia tanto del Presupuesto presentado como del enfrentamiento con la Comisión, no le quedará más remedio que dar marcha atrás. Al fin y al cabo, la mayoría de los italianos están descontentos con la Unión Europea, pero no quieren salir del euro (igual que les pasaba a los griegos en 2015).

La pregunta es hasta dónde tiene que llegar la presión de los mercados para que el Gobierno ceda. Según algunas declaraciones de los dirigentes de la coalición de gobierno, hasta que se superen los 400 puntos básicos no piensan pestañear, tal vez porque han hecho los números y les parece que hasta ahí el mayor coste de la deuda todavía no compensará el impulso fiscal del Presupuesto. En todo caso, el Gobierno sabe que los mercados lo que quieren es ver crecimiento, que este Presupuesto es expansivo y que el país cuenta con unas fortalezas estructurales que a veces se olvidan, como un superávit primario, un saldo positivo en la balanza por cuenta corriente y una posición financiera internacional positiva (algo que, por ejemplo, no le sucede a España). Asimismo, de momento, el BCE está comprando deuda italiana como parte de su programa de QE, y lo seguirá haciendo mientras la calidad crediticia de la misma no caiga (en cuyo caso no podría ser utilizada como colateral). Todo ello invita a pensar que los mercados podrían tardar en reaccionar (de momento la prima está en 320 puntos básicos) o, al menos, esperar a ver si la situación puede encauzarse antes de poner a Italia contra las cuerdas.

Aunque las formas del Gobierno italiano, sobre todo las de Salvini, son corrosivas para la elegante diplomacia europea, todavía hay una ventana de oportunidad para la distensión. Pasa por que los mercados aumenten la presión, Italia le vea las orejas al lobo, haga pequeños cambios en el Presupuesto (por ejemplo, en lo relativo a la edad de jubilación y en algunas partidas de gastos, o proponga aumentar los ingresos) y la Comisión termine por aceptar el Presupuesto.

Fuente: tuit de José Luis Escrivá, presidente de Airef.

Pero nada asegura que esto vaya a ser así. Además, más allá del enfrentamiento que nos ocupa, lo realmente preocupante es que si Italia no consigue aumentar su potencial de crecimiento mediante reformas, mantenerse dentro del euro le será cada vez más difícil. Desde 1999, ha perdido 20 puntos de renta per cápita en relación a Alemania (ver gráfico). Esta trayectoria no es sostenible a largo plazo. Fuera de la Unión Monetaria hace demasiado frío, pero a día de hoy el euro sigue siendo, para muchos de sus miembros, un matrimonio infeliz con un coste de divorcio imposible de asumir. Hay que conseguir que funcione mejor.

 

 

 

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