No al referéndum constitucional: otro salto en el vacío para Italia

Italia entra, de nuevo, en un período de gran incertidumbre e inestabilidad. El 60% de los ciudadanos ha rechazado, en el referéndum celebrado ayer, la reforma de la Constitución apoyada fuertemente por el Gobierno y el primer ministro Matteo Renzi. Se trataba de un momento crucial en la larga transición del sistema político italiano que ya ha provocado consecuencias importantes: la renuncia inmediata del primer ministro.

La importancia de la convocatoria ha sido confirmada por su amplia membresía, cerca del 70% (para ser más precisos: 68%). Por otra parte, el referéndum se había convertido desde hacía tiempo en una elección política. Más aún: un referéndum sobre el gobierno y el Presidente del Consejo, el cual, al comienzo de una larguísima campaña electoral, que prometió que iba a “cambiar de trabajo”, en caso de la no aprobación de la que ley que lleva su nombre y el de la ministra María Elena Boschi . En los últimos meses, Renzi, acusado de haber politizado y personalizado el referéndum, había dejado de hablar sobre su posible renuncia. Pero anoche, un poco más de una hora después del cierre de las urnas, confirmó sus intenciones, diciendo que la experiencia de su gobierno “termina aquí.”

Siguiendo la tendencia inaugurada, en los últimos tiempos, por los ciudadanos de otros países – basta pensar en las consultas llevadas a cabo en Grecia, el Reino Unido y los EE.UU. – los italianos no han escuchado las alarmas de las agencias de calificación, las advertencias de los periódicos financieros internacionales , los deseos de las cancillerías europeas. No han cedido al medio ante un nuevo salto al vacío: hacía una nueva fase de inestabilidad política y posibles turbulencias económicas. Los italianos han expresado de forma explícita un voto anti-sistema. Más concretamente, un voto en contra del gobierno.

Después de todo, con todas las fuerzas de oposición desplegados a favor del No, Renzi tenía ante él un solo camino, estrecho, para tratar de ganar el referéndum: compactar hacia el Sí al centro-izquierda y obtener, al mismo tiempo, el apoyo de una gran parte de los votantes de centro-derecha. Ayudado por la alta participación, esto no ha sucedido. Tampoco el uso de argumentos explícitamente anti-políticos, como la reducción del número de parlamentarios y sus salarios, no han conseguido convencer al electorado del Movimiento 5 stelle, que ha conseguido su éxito con estos temas durante los últimos años. En un mercado electoral todavía en gran parte tripolar  -centro-derecha/centro-izquierda/5 stelle – el partido del SÍ se ha situado en torno al 40%. Una curiosa coincidencia, en la numerología electoral, dado que, con un resultado muy similar el Partido Democrático de Renzi, en las europeas de 2014, vivió su consagración.

Italia sacrifica pues un batalla por las reformas políticas esperadas desde hace treinta años. De todas, la superación del bicameralismo perfecto. El Senado mantiene, pues, su poder. Seguirá participando en la formación de gobierno, a través del mecanismo de la doble confianza: en ambas cámaras del Parlamento. Se trata de un aspecto no poco importante si se tiene en cuenta que en muchas ocasiones, en la reciente historia política italiana, la inestabilidad ha venido de la diferente mayoría en el Senado y en la Cámara. La misma mayoría que sostenía al gobierno Renzi (y primero al gobierno Letta) era fruto de acuerdos parlamentarios después de los resultados, altamente inciertos, después de las elecciones generales de 2013.

Para el Senado se mantiene en vigor una ley exquisitamente proporcional. Todo lo contrario de la majority assuring que entró en vigor, para la Cámara de los diputados, el pasado julio (y que inevitablemente tendrá que ser revisada). No podemos pues excluir que el resultado del referéndum genere una dinámica inversa en el camino hacia una democracia mayoritaria y tendencialmente presidencial establecida por la reforma renziana y acabe reafirmado el papel central del Parlamento en una lógica primordialmente proporcional.

Se abre pues, desde hoy, una fase de profunda incerteza en la cual el nacimiento y la vida del próximo ejecutivo estarán vinculados al establecimiento de unas reglas del juego para las próximas elecciones. Los partidos de la oposición más radical, la Lega Nord e il Movimento 5 Stelle, que han salido victoriosos de la de la campaña por el NO, ya piden elecciones anticipadas. Mientras Forza Italia, el partido de Berslusconi, podría volver a ser decisivo en los juegos parlamentarios que se abrirán en los próximos días.

El escenario más probable prevé la formación de un nuevo gobierno de “gran coalición”. Solución que podría volver a ser necesaria el día después de unas nuevas elecciones. En este marco, se tratará de analizar los movimiento de Renzi, que no dejará la política y, que ya durante los próximos días, llevará a cabo una difícil batalla para mantener el liderazgo de su propio partido -necesario, hoy, para cualquier opción de formación de gobierno-.

Mientras tanto, verificaremos las repercusiones sobre la economía y los mercados de una crisis política que podría repercutir mucho más allá de las fronteras de Italia. Sobretodo en Europa donde Italia podría pasar de ser un punto de estabilización a convertirse en un multiplicador del caos que ya envuelve el continente.

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