Marine Le Pen, aspirante a Trump

Por si el ambiente en Francia a pocos meses de las elecciones presidenciales y legislativas no fuera lo suficientemente impredecible y volátil, el portal Breitbart manifestó su interés por abrir una edición en Francia. A tenor de lo sucedido durante las elecciones presidenciales en Estados Unidos, esto no es una buena noticia para (casi) nadie, especialmente teniendo en cuanta la guerra fría de la información que se libra en Europa. El pasado 14 de febrero, Richard Ferrand, Secretario general del movimiento En Marche!, denunciaba en una tribuna publicada por Le Monde, los ataques supuestamente venidos de Rusia contra el candidato a la presidencia Emmanuel Macron. Por su parte, el Gobierno galo, para luchar contra los rumores y teorías complotistas de todo tipo que circulan en las redes sociales, ha dedicado una página web, denominada On te manipule, destinada a instruir a los ciudadanos sobre los procesos de manipulación en las redes.

Aunque el frenesí de los medios de comunicación actuales haga pensar que éste es un fenómeno nuevo, no lo es y nos remite a los periodos más oscuros de Europa. El escritor Joseph Roth describe la utilización de la prensa en la Alemania pre-hitleriana a través de la figura del subteniente Theodor Lohse en el libro La tela de Araña (Gallimard, 2012): “Detrás de cada evento, por poco equívoco que fuera, percibía un velo que recubría misterios y disimulaba la realidad de los hechos (…) Cuando (el artículo) estaba impreso, ganaba seguridad y cuando tomaba la pluma, no dudaba de la exactitud de lo que se había propuesto insinuar con circunspección. Una vez releído el manuscrito, estaba completamente seguro y borraba los términos eufemísticos, los “puede-ser” y todos los “probablemente”. Escribía como un hombre que había mirado detrás del decorado”.

Marine 2017

A río revuelto, ganancia de pescadores, dice el refrán. Sobre estas aguas turbias son sobre las que Marine Le Pen, como Donald Trump, está queriendo imponerse como una alternativa a un mundo descrito como caos. El proyecto para 2017, tal y como hace constar en su programa electoral, no deja lugar a dudas: recobrar una soberanía a nivel monetario, legislativo, territorial y económico, es decir, un referéndum sobre Europa; acabar con la “inmigración incontrolada”, instaurar un “proteccionismo inteligente” y un “patriotismo económico”. Todos ellos son términos vagos, pero también eslóganes atrayentes como los que impulsaron a Trump a la presidencia: seguridad, orden y golpe a las élites.

Según la última encuesta realizada por Ifop, un 26% del electorado francés adheriría al programa de Le Pen, frente al 19,5% que lo haría por Macron y al 18,5% por Fillon (solo un 14% votaría al candidato socialista, Benoît Hamon). Teniendo en cuenta estas cifras, cabría preguntarse seriamente, como en el caso de Trump, si habría que ver la corriente de desinformación como la causa de que los ciudadanos se inclinen ante proyectos que ponen en cuestión los pilares sobre los que se han construido las democracias occidentales sobre los últimos cincuenta años o, si, por el contrario, no son más que una consecuencia, una muestra más del deseo de acabar con todo.

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