Mano izquierda frente al ‘zapatazo’ italiano

Los dibujantes y caricaturistas tienen una capacidad única para simplificar situaciones complejas. Una viñeta en Financial Times ilustra el pulso que libra el Gobierno italiano con la Unión Europea. A un lado aparece Pierre Moscovici, comisario económico, con un cartel en el que se puede leer reglas. A otro lado, Matteo Salvini y Luigi Di Maio, mandamases del Gobierno del sur, agitan las banderas de sus partidos y una pancarta que dice Presupuesto italiano. A su lado se puede ver también a Giuseppe Conte, el primer ministro, subido en una escalera a punto de colocar otra moneda más en la cima de una gran Torre de Pisa construida con monedas de un euro. ¿Cuánta inclinación puede soportar la ‘eurozona’ sin desmoronarse?

En Europa hemos aprendido por las malas que lo que haga un vecino es un asunto que concierne al resto. Si cae esa Eurotorre de Pisa, los efectos serían brutales más allá de la Toscana. La economía italiana es la tercera más grande de la eurozona. Tiene 10 veces el tamaño de Grecia y su deuda pública supera el 130% de su Producto Interior Bruto. Desde el pasado mes de abril, está liderada por la extrema derecha de la Liga y los populistas de Cinco Estrellas. El choque con la UE estaba asegurado.

Frente a lo ampliamente divulgado, la Unión Europea no puede tumbar el Presupuesto italiano. Tras el envío del proyecto por parte de Roma y la petición de rectificación de Bruselas –recordemos que las cuentas no prevén una reducción de la deuda pública y superan considerablemente el déficit público respecto a lo pactado previamente–, es previsible que Italia no rectifique. Y la UE no podrá obligarle a hacerlo, aunque sí aumentará la presión, con amenazas de futuras multas y posibles recortes en los fondos estructurales.

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Ni la UE tiene instrumentos a su alcance para evitar que Roma ponga en marcha sus Presupuestos de 2019, ni tiene apetito en estos momentos para una gran confrontación con el Gobierno de un país tan importante como Italia. Los frentes abiertos de la UE son numerosos, pero destacan dos: el momento crítico en el que se encuentran las negociaciones del ‘Brexit’ y las elecciones europeas de 2019.

Los meses de noviembre y diciembre serán críticos para el Brexit. El negociador europeo, Michel Barnier, sigue sin cerrar el acuerdo con los británicos por las dificultades en torno a la frontera de Irlanda del Norte. Se especula con la posibilidad de convocar una cumbre de urgencia en cualquier momento para sellar el pacto, que deberá ser ratificado por el Parlamento Europeo y el británico antes del 30 de marzo del año próximo. Los plazos comienzan a asfixiar y mantener la unidad de los 27 será crucial en las próximas semanas.

Dos meses después de la salida británica, tendrán lugar las elecciones europeas (23-26 de mayo). Hay nervios. Tienen fundamento. Tras la crecida de la extrema derecha en países como Alemania, Austria, Italia, Suecia, Hungría o Polonia se teme una gran influencia de estos grupos en la Eurocámara. Salvini es la más influyente de las voces ultras en Europa. Explota hábilmente una retórica anti-europea, presentado a las élites europeas como enemigos del pueblo italiano. Un choque frontal con Bruselas alimentaría su victimismo y podría beneficiar los resultados en las europeas de la Liga y otros partidos similares en Europa.

No debiéramos olvidar tampoco el estado de la opinión pública italiana respecto a la UE. Según un estudio del Parlamento Europeo presentado el pasado mes de mayo, los italianos son los europeos que menos creen haberse beneficiado por su pertenencia a la Unión. Un 41% cree que ha sido una experiencia negativa y otro 49% piensa que la UE va en la dirección equivocada. Bruselas hace bien en caminar con pies de plomo sobre un terreno que resbala.  

En todo caso, será crucial los próximos meses la evolución de la economía y las reacciones de los mercados. El momento actual de la economía europea es delicado. Tras un gran 2017 –año de crecimiento récord y desempleo menor en una década–, el crecimiento de 2018 está siendo el menor en cuatro años. El del tercer cuatrimestre (0.02%), menos de lo esperado (0,2%). Italia no ha crecido nada.

El mes de enero será particularmente sensible. En ese momento, tal y como ha anunciado el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, se habrá terminado el programa de compras de deuda pública que ha sido crucial para la economía europea en los últimos años. La prima de riesgo italiana ha alcanzado los 300 puntos en las últimas semanas, el máximo en cuatro años. Su capacidad para financiarse –este año gastará lo mismo en intereses que en políticas de educación– tendrá una dura prueba al inicio del nuevo año.

Frente a las desafiantes maneras del Gobierno italiano –cuya mejor metáfora nos la ha prestado el eurodiputado de la Liga que puso su zapato sobre los papeles de Moscovici–, Bruselas actúa paso a paso, siguiendo un responsable y monótono guion, nada parecido a las bravuconadas de Salvini y sus amigos. Serán los mercados quienes juzguen la viabilidad de las cuentas italianas. Mientras tanto, mantengamos otra fecha más en el calendario: el verano del año que viene. Habrán terminado las elecciones europeas y la Comisión estará en funciones (se elige una nueva en octubre). Será en ese momento, apuntan fuentes consultadas en la Eurocámara, cuando Moscovici podría responder con su cara menos amable.

(¿Presenta Italia algún riesgo para la ‘zona euro’? En #AgendaExterior

 

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