Los números de las primarias del PSOE

El declive electoral al que asiste el PSOE desde que Zapatero ocupase el gobierno queda patente. Desde entonces, el Partido Socialista se encuentra lejos de los resultados de antaño. En este artículo repasaremos su evolución.

La caída durante la segunda legislatura de Zapatero (2008-2011)

Se ha creado cierto relato, también en el seno del PSOE, donde prevalece la idea de que el descredito y el abandono por parte de los que hasta entonces eran votantes socialistas se produjo a partir de mayo de 2010, cuando el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero anunció un paquete de recortes y ajustes que suponía un giro de 180º grados a lo que habían sido sus políticas hasta el momento. Pero la realidad es otra. Tras las elecciones de 2008 en las que el PSOE obtuvo el 43,8% y más de once millones de votos, comenzó la caída con la negación de la crisis y el descrédito que esto le produjo entre la ciudadanía, aunque posteriormente, en mayo de 2010, tuvo lugar la pérdida de un votante ideologizado que consideraba que ese giro dado no se correspondía con lo que debía ser el programa de un partido de izquierdas. Así, cuanto más se negaba el gobierno de Zapatero a reconocer la crisis mientras la opinión pública ya la percibía, más se producía el divorcio entre ambos, en una errónea estrategia de comunicación. Teniendo en cuenta además, que la primera reacción del ejecutivo supuso llevar a cabo políticas contracíclicas. Por lo tanto, cabe diferenciar dos etapas en la pérdida de apoyo electoral del Partido Socialista: la primera va desde las elecciones de marzo de 2008 hasta mayo de 2010, mientras que la segunda tiene lugar desde esta fecha hasta el final de la legislatura.

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Se debe tener en cuenta, que la propia crisis económica que tiene lugar en España, donde los anhelos de progreso y prosperidad que para buena parte de la población encarnaba el PSOE quiebran, al quebrar precisamente el sistema político que el propio Partido Socialista vertebraba. Por lo tanto, la crisis del sistema político surgido de la transición, no se entiende sin la crisis del PSOE y viceversa. La comodidad que le ofrecía el marco de juego y la alternancia en el que se desarrollaba la política española, permitía al PSOE presentarse como la única alternativa al Partido Popular y a la derecha, a la vez que legitimaba ese sistema y esos límites en los que si estaba de acuerdo con el PP. Todo enfrentamiento político ocurría en ese terreno de juego delimitado. Pero el 15 de mayo de 2011, la brecha en el sistema se abrió al comenzar el retroceso de la legitimación de las élites políticas del momento y al buscar buena parte de la población, la solución a sus problemas y sus expectativas frustradas, fuera de ese marco de juego.

Con todo ello, se llegan a las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011 con Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato socialista a la presidencia del gobierno, tras haber sido Ministro del Interior en el ejecutivo de Zapatero. En ellas, el PSOE pasa de once millones de votos a siete, quedándose con 110 escaños, 59 menos que en la anterior legislatura.

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Los datos del CIS postelectoral mostraron que solamente el 56,8% de quienes habían optado por el PSOE en 2008, lo habían vuelto a hacer en las elecciones generales de 2011. Un 15% se fue al Partido Popular, un 9,2% a la abstención, un 5,3% a Izquierda Unida y un 4,3% a UPyD.

Dos congresos fallidos y el surgimiento de Podemos como competencia electoral (2012-2016)

Después de la derrota electoral de 2011 comenzaron las oportunidades perdidas del PSOE. La elección de Alfredo Pérez Rubalcaba como Secretario General en el Congreso de Sevilla en 2012, tras haber sido candidato a la presidencia del gobierno en 2011, supuso un intento de controlar el partido en un contexto donde los cambios políticos y sociales ya estaban desbordando al PSOE.

Durante el mandato de Rubalcaba al frente del PSOE, el descenso no se frenó. Si en abril de 2012 tras ser elegido líder del partido, la intención directa de voto se situaba en más de un 20%, en vísperas de las elecciones europeas de mayo de 2014 (que a la postre provocarían que Rubalcaba convocase el Congreso Extraordinario para dar el relevo), obtenía una intención de voto ligeramente superior al 13%, lo que suponía una pérdida de siete puntos porcentuales durante el tiempo que ocupó el liderazgo del PSOE.

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Tras Rubalcaba llegaría el Congreso de 2014, donde las formas para elegir el Secretario General cambiaron por unas primarias entre los militantes, pero que las dinámicas internas del propio partido, hicieron que lo determinante en la elección de Pedro Sánchez fuese el apoyo de los líderes territoriales. Cuando Pedro Sánchez ocupó la dirección del PSOE en julio de 2014, este se encontraba en una intención directa de voto del 10,6%, por detrás del PP y de Podemos, quien ya había irrumpido en las elecciones europeas de mayo. En el último dato del CIS, antes de la campaña electoral de las elecciones generales de 2015, el PSOE había recuperado siete puntos y desde abril de ese mismo año, se encontraba por encima de Podemos. En esas elecciones generales, el PSOE perdió millón y medio de votos y 20 escaños, quedándose en 90 y el 22% de los votos, pero evitando el sorpasso que ansiaba Podemos. La situación se volvería a repetir en la elecciones generales de 2016. 

El surgimiento de Podemos por la izquierda del PSOE, con la fuerza con la que lo hizo, acabó por descolar a los socialistas, mostrando por primera vez en la democracia, un competidor electoral a su izquierda, que en muchos segmentos de la sociedad le ha ganado la partida.

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Atendiendo al recuerdo de voto en las elecciones de 2011 que nos ofreció el CIS, observamos cómo sólo el 54,1% de los votantes que cuatro años antes había optado por el PSOE, lo volvieron a hacer en 2015. El 23% de ellos lo hizo por Podemos, mientras que el 8% se decantó por Ciudadanos, cifra a tener también en cuenta. El 6,1% optó por la abstención, el 1,9% por Izquierda Unida y el 1,7% por el PP. Queda así en evidencia, la magnitud de trasvase de votos hacia Podemos de filas socialistas, a los que habría que sumar quienes ya habían abandonado al PSOE con anterioridad a 2011 y que acabaron también respaldando a Podemos.

Descenso continuado en el ámbito autonómico (2007-2016)

En el plano autonómico el declive electoral también se ha producido, si bien es cierto, que tras las elecciones autonómicas de 2015, el PSOE recuperó varios gobiernos de las Comunidades a través, la mayoría de ellos, de pactos parlamentarios para la sesión de investidura. Tras las elecciones autonómicas celebradas en 2007, los socialistas gobernaban en Galicia, Asturias, Aragón, Cataluña, Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía. A partir de 2009, también lo harían en Euskadi. En 2010 dejarían de hacerlo Cataluña y en las autonómicas de 2011, perderían todos los gobiernos autonómicos a excepción de Andalucía, Euskadi y Galicia, con elecciones en 2012, tras las cuales sólo conservaron el gobierno andaluz, junto al asturiano, recuperado tras la convocatoria electoral extraordinaria que tuvo lugar ese año.

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Entre los años 2007 y 2015, el PSOE ha perdido en Aragón 20,9 puntos porcentuales; en Asturias 16,1; en Castilla-La Mancha 15,8; en Canarias 14,7; en Cataluña 14,6; en la Comunidad Valenciana 14,1; en La Rioja 13,9; en Andalucía 13,4; en Castilla y León 11,9; en Cantabria 11,8 y en Extremadura 11,5. En todas ellas, el electorado perdido supone más del 10% del total. También en Galicia, entre 2009 y 2016, los socialistas perdieron más de 13 puntos.

Por otra parte, conviene destacar, que solamente en las Comunidades de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, el PSOE sigue estando por encima del 30% de apoyo, lo que dibuja grandes diferencias territoriales, en cuanto apoyo electoral, entre las regiones del norte y las del sur del país.

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En las elecciones autonómicas de 2011 el PSOE cosechó un total 256 escaños (sin contar los de Andalucía, Euskadi, Galicia y Cataluña). Cuatro años después, los socialistas vieron reducida esa cifra a 225 diputados. Pese a todo, este declive tiene una parte positiva, ya que los socialistas recuperaron poder institucional, al hacerse con los gobiernos de Extremadura, Castilla la Mancha, Baleares, Asturias, Aragón y la Comunidad Valenciana, además del gobierno de Andalucía que ya había logrado. El PSOE logró así siete gobiernos autonómicos, uno más que en 2007 y se convirtió en socio minoritario de gobierno en Cantabria y Canarias (aunque este lo abandonaría posteriormente). También lo serían en 2016 en Euskadi al entrar en el gobierno del PNV, tras perder 16 escaños en otra debacle electoral.

En definitiva, tras todos estos años de declive electoral, el PSOE ya no es capaz por sí solo de tener una mayoría alternativa al PP, tampoco ha conseguido, como ocurriese en varias de las Comunidades Autónomas donde ahora gobierna, liderar pactos con otras fuerzas de izquierda a nivel estatal. Además, el PSOE sigue siendo incapaz de convertirse en el partido que de respuesta a a los anhelos de transformación que demanda gran parte de la población. Así, los acontecimientos ocurridos en el seno del Partido Socialista a lo largo de 2016 sólo han aumentado su parálisis, a la espera de que se celebren las primarias del 21 de mayo. Que de esas primarias, gane quien gane, salga un proyecto político que pueda recuperar el terreno perdido, está aun por ver.

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