Los nuevos modelos de familia también se escriben en femenino

Hay tal emergencia social en España que tendemos a dejar de lado lo importante para ocuparnos de lo urgente. Desempleo, precarización, pobreza, desigualdad, transición energética, pensiones o igualdad ocupan los primeros pasos de un Gobierno decidido a paliar el sufrimiento de un país. Siendo todo lo anterior urgente, no podemos dejar de pensar en otras realidades menos visibles, pero igual de importantes para nuestro futuro. Aquí va una sugerencia.

Seguramente, todos los cambios y transformaciones de las últimas décadas hayan afectado a uno de los pilares de nuestras sociedades: la familia. El cambio social contemporáneo se ve en la evolución de aspectos como su composición o su permanencia, pasando por su concepción. Los modelos familiares se han ido modificando hasta generar nuevas estructuras distintas a las que eran consideradas tradicionales. Este modelo nuclear, formado en torno a los vínculos conyugales y a la división de tareas basada en el género, ha variado. Es cierto que algunas de estas alternativas ya existían, pero eran casi invisibles por diferentes razones. Ahora, en un nuevo tiempo, son parte de nuestro paisaje familiar habitual y, de hecho, alguna ha aumentado en número en los últimos cinco años. Es el caso de las familias monoparentales.

España incorporó este concepto a partir de los años 80, sustituyendo expresiones con connotaciones peyorativas asociadas al fracaso del proyecto de vida. Familias incompletas, rotas o descompuestas eran algunas de las lindezas que se utilizaban. La nueva denominación recoge la necesidad de diferenciar entre la estructura familiar de la persona sustentadora de la familia, permitiendo así que los hogares a cargo de una mujer se consideren familia.

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Los elementos que configuran la familia monoparental son: presencia de un único progenitor en el hogar, la convivencia de uno o varios hijos y/o hijas, el ejercicio de la potestad parental –en términos económicos, legales y prácticos–, la dependencia de los hijos del progenitor y la heterogeneidad de las causas que derivan en ella. Son una realidad creciente en la España de 2018, suponiendo 1,9 millones de hogares, cerca del 10% del total y casi el 15% del total de hogares con menores. Ocho de cada 10 están encabezadas por mujeres, luego se podría hablar de familias ‘monomarentales’ para describir esta realidad.

¿Cómo viven estas familias? Según los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida, el 65% de los hogares declaran tener alguna dificultad para llegar a fin de mes, siendo llamativo el porcentaje de hogares ‘monomarentales’ que tienen mucha dificultad, casi 12 puntos más que una familia con dos adultosEl 51% de las mujeres al frente de una familia monoparental está desempleada o trabaja en la economía sumergida. Además, esta situación de desempleo tiende a cronificarse: un 53% supera los dos años buscando empleo, mientras que un 16% lleva entre uno y dos años. En total, casi siete de cada 10 son desempleadas de larga duración, cifra 15 puntos porcentuales superior a la del resto de las mujeres (55%).

Con todo, no hay ningún instrumento en el ámbito estatal que contribuya a visibilizar, ordenar y homogeneizar el concepto. Las regiones siguen aplicando definiciones y criterios heterogéneos, divergiendo en aspectos básicos tales como la edad de las/los hijos, su relación con el empleo, el grado de dependencia del progenitor, el estado civil y otras variables. Todo esto termina teniendo una influencia en las políticas de atención a estas familias según los territorios.

En ausencia de regulación específica, el marco estatal de ayudas a familias monoparentales se define por una serie de apoyos principalmente estructurados en torno a la política fiscal y con algunos elementos en otras políticas, entre los que se podrían señalar los siguientes: prestaciones económicas por nacimiento o adopción de hijos/as; reducciones de la base imponible en la declaración del IRPF; la consideración de la familia monoparental como unidad familiar a efectos de tributación conjunta; el abono anticipado de la deducción para ascendientes separados legalmente, o sin vínculo matrimonial, con dos hijos a cargo; la bonificación del 45% de las cuotas de la Seguridad Social (del empleador) por la contratación de un cuidador; el subsidio de maternidad no contributivo incrementado durante 12 días adicionales; mejora en las cuantías de la pensión por viudedad (hasta el 70% de la base reguladora en caso de cargas familiares, rentas limitadas o cuando la pensión sea la única fuente de ingresos); extensión de la pensión de orfandad y algunas medidas en materia de vivienda y otras ayudas de carácter general.

Como se ha mencionado, hay comunidades autónomas que sí reconocen la monoparentalidad como factor de vulnerabilidad y, por tanto, han adoptado una serie de medidas para mejorar la situación de estas familias. Por ejemplo, Cataluña y la Comunidad Valenciana, con sendas leyes que establecen títulos colectivos de familia monoparental y carnés individuales para cada uno de los miembros de la familia, entre otras. No obstante, la diversidad en los modelos de atención propuestos puede acabar generando disparidades importantes en el trato que reciben estas familias según los territorios, afectando al ejercicio de sus derechos.

Los apoyos se estructuran principalmente en:

  • Incremento de la renta neta de familias con rentas bajas, mediante un amplio conjunto de mecanismos que buscan dos objetivos: incrementar los ingresos familiares (complementos de rentas mínimas, facilidad de acceso a becas educativas) y reducir sus gastos (recorte de tasas para algunos servicios educativos, trámites burocráticos o impuestos, descuentos en bienes o servicios de consumo). En este sentido, el efecto final en la situación de inclusión social de las familias monoparentales dependerá del impacto neto en su renta del conjunto de las medidas.
  • Acceso a la educación: mayor puntuación para acceder a centros educativos públicos y facilidades para el acceso a becas (también mencionados en la categoría anterior).
  • Medidas de conciliación: facilidades para la reducción de jornada o las excedencias.
  • Acceso al empleo: consideración de los progenitores de las familias monoparentales como grupo prioritario en el acceso a determinadas políticas activas de empleo, reducción de tasas para participar en procesos de selección en la administración regional.

Proteger a la familia es proteger a la infancia. Las políticas de apoyo en este terreno son una inversión en el capital humano del futuro y se enmarcan en ese enfoque de Estado social inversor que aspira a reconciliar objetivos de equidad y de eficiencia, incorporando a su vez la inclusión laboral femenina y la igualdad de género. Es sabido que la desigualdad y la exclusión social inciden especialmente en la primera infancia y se concentran en el seno de la familia. Si ésta es una mujer sola, con un trabajo precario o en paro, la falta de oportunidades para su descendencia parece más que probable. Es una desigualdad que ha de corregirse. Y si, además de esta faceta correctora, desarrollamos un enfoque hacia una política dirigida a las familias monomarentales, estaríamos cerrando el círculo.

Las mujeres se encuentran con numerosos obstáculos en su vida personal y laboral por el mero hecho de ser madres. Cuando la maternidad se ejerce en solitario, éstos se multiplican. Es necesaria una corresponsabilización pública para garantizar que tanto las mujeres como sus hijas e hijos disfrutan realmente del conjunto de derechos que concede la ciudadanía plena. Merece la pena reflexionar sobre la necesidad de trabajar conjuntamente en una legislación estatal. Desarrollar un instrumento integrador de las posibles medidas relacionadas con las familias monomarentales que recoja acciones claras, que unifique criterios y que establezca los objetivos comunes de acuerdo a la situación nacional, facilitando la implementación y evaluación de los progresos en esta materia.

Parece un buen momento para garantizar, desde el ámbito estatal, que todas las familias reciben el apoyo que merecen por parte de la Administración, independientemente de cuál sea su modelo o su lugar de residencia. Si queremos futuro, el apoyo a la familia y a la mujer ha de ser visible.

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