Los compromisarios del PP están más centrados que sus votantes

En contra de la imagen que se puede haber difundido en las últimas semanas, el proceso de selección del nuevo líder del PP muestra hasta qué punto este partido sigue siendo una estructura de poder sólida y en qué medida alberga esperanzas para resistir como principal partido del centro-derecha en España. Y también cuáles son sus puntos vulnerables.

El PP culminará un proceso de selección del líder, cuya primera etapa tuvo lugar hace unos días. Este método multietápico no es inusual en muchos otros partidos del mundo democrático (como hemos explicado aquí), en los que la dirección del partido selecciona quiénes se pueden presentar a unas primarias, y luego las bases escogen entre los candidatos. En cambio, el PP decidió aplicar la lógica inversa: que las bases decidan primero la selección entre los diversos aspirantes y luego el órgano más reducido del congreso tome la decisión final.

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De esta manera, las elites intermedias del partido (los cargos de grandes ciudades, provinciales y autonómicos) preservan un espacio de negociación y de alianzas internas que protege al partido contra las derivas centrífugas que suele fomentar el uso de las primarias. Ese juego de alianzas será el que determine el nuevo presidente del PP, quien tendrá incentivos para mantener los equilibrios internos mientras el partido no regrese de nuevo al gobierno. En ese sentido, la aplicación de la democracia interna en el PP tendrá unas consecuencias, a priori, menos disruptivas de lo que ha sucedido en el PSOE, en el que las primarias han acabado laminando la oposición interna y el poder de los barones.

Es cierto que, en un primer momento, el uso de la votación de las bases obligó a actualizar uno de los pocos mitos que quedaban de la política-de-antes-de-la-crisis: los 800.000 afiliados del PP. En realidad, ha sido una cura de humildad por la que han pasado otros partidos grandes en los últimos años. El PSOE ya tuvo que asumirla a finales de los 90s, cuando la introducción de las primarias obligó a publicar la contabilidad de real de miembros (hasta donde era posible…).

(En Cataluña, poco se ha hablado de los tradicionales 50.000 afiliados que tenía CDC, hasta el día que decidió convocar unas primarias trascendentales para refundar el partido y acudió apenas una tercera parte; muchos de ellos luego ni siquiera se apuntaron al nuevo partido. Hoy el PDeCAT posee unos 12.000 afiliados.)

Como muestra el Gráfico 1, el PP nunca tuvo tantos miembros pagando cuota, si tenemos que creer los ingresos por este concepto declarados por el partido. Si hacemos una simple estimación conservadora del número de militantes con cuota según los ingresos declarados (calculando una cuota anual de 45 euros, superior incluso a lo que pagan muchos de los afiliados reales), observaremos una realidad muy distinta. 

Gráfico 1

De entrada, el número de afiliados (que pagan cuota) ha sido muy inferior desde la refundación del partido, aunque la distancia entre unos y otros ha ido ampliándose a lo largo del tiempo.

Además, esta contabilidad oficial ha acabado creando un engaño disfuncional para el propio partido. Cuando la crisis económica impactó en la política española y provocó, entre otras consecuencias, una caída de la afiliación de todos los partidos, algunos lo asumieron y otros no. Así, mientras que el PP mantenía una afiliación oficial completamente incoherente con lo que declaraba por ingresos de cuotas, el PSOE ha ido mejorando (modestamente) el rendimiento de sus bases militantes para sostener económicamente el partido, de tal modo que hoy es la fuerza con más militantes que pagan cuota de España. En cambio, el PP cada vez se acerca más a Ciudadanos, que se ha tomado más en serio el valor financiero de sus militantes.

Por eso, en la votación de la que saldrá el próximo líder del partido los tradicionales compromisarios del congreso nacional se parecerán más a esas bases reales, que coinciden en buena medida con el perímetro del poder institucional del partido. Y eso a pesar de que los estudios tradicionales sobre estas elites intermedias demuestran que los delegados de los congresos son más bien poco representativos del votante, e incluso del afiliado medio en los grandes partidos de masas. En cambio, son un buen reflejo del activista con cargos internos que hace funcionar la organización cotidiana del partido, el militante, el que sostiene la acción efectiva del partido en el día a día. “No son jefes sino ejecutantes”, puntualizaba el politólogo francés Maurice Duverger. Un buen reflejo, pues, de la base de activistas ejecutantes que elige a los compromisarios y sostiene hoy al PP ante la presión de Ciudadanos.

¿Y cómo son, qué opinan estos compromisarios que decidirán al líder del PP?

De entrada, el perfil activista de los delegados (Tabla 1) confirma ese papel activo y de ejecutante dentro de la organización, normalmente muy participativo en el nivel local o territorial, comprometido en las campañas electorales y muy conectado a la vida interna, dedicando varias horas a la semana al partido. La mayoría de ellos tiene cargos internos y dos tercios suelen tener, además, cargos públicos. Muchos de ellos poseen tradición de militantismo político, que en muchas ocasiones incluso han heredado familiarmente.

Tabla 1. La participación de los delegados dentro del partidoFuente: Datos GREP

Además, quienes votarán al nuevo líder del partido son partidarios, en su mayoría, del mayor poder que se ha dado a las bases. Los datos comparados de 2008-2012 muestran que las formaciones de derechas son menos partidarias de la democracia plebiscitaria que los de izquierda, pero aun así la mayoría apoya reforzar el papel de las bases en las decisiones,

Resulta interesante, además, constatar la consonancia ideológica entre los compromisarios del PP y sus votantes, particularmente en el centro-derecha, ese espacio que Ciudadanos necesita ganar si aspira a substituir al PP como gran partido. El Gráfico 2 y la Tabla 2 muestran militantes más centrados que el votante medio del partido, especialmente en cuestión de valores y de temáticas sofisticadas, aquellos en los que la mayoría de la población a veces no tiene una opinión tajante.

Gráfico 2

Aquí surge uno de los dilemas clave que debe afrontar todo líder de partido: definir un programa que sea aceptado a la vez por sus bases y por sus electores. En esta ocasión, además, el dilema se revela especialmente crítico. Quien alcance la Presidencia del partido deberá saber navegar para recuperar apoyos en un electorado liberal y moderado que en los últimos años se cansó de la corrupción y de la incapacidad de reformas políticas mostrada por el gobierno de Rajoy. Pero también deberá impedir que se le abra una brecha por la derecha extrema, cuyas posiciones políticas están incluso más alejadas del militante medio. Ésa ha sido la característica del PP desde la Transición: un partido percibido más a la derecha incluso por sus propios militantes y dirigentes.

FUENTE DE DATOS: Encuestas realizadas a los delegados de los congresos por el Grupo de Elites y Partidos (GREP), formado por Montserrat Baras, Óscar Barberà, Astrid Barrio, Patricia Correa y el autor, entre otros, y recopiladas con el apoyo de diversos estudiantes. Algunos de los datos descriptivos comparados se han publicado en: Baras, Barberà, Barrio, Correa y Rodríguez (2015): “Party members and activists in Spain”, en A. Gauja y E. van Haute, eds. Party members and activists. Londres: Routledge.

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