Latinoamérica tras la resaca

En un escenario de crecimiento global sincronizado e inflación controlada, y en el que las economías desarrolladas siguen -al menos en parte- apoyándose en las políticas monetarias de los principales bancos centrales, Latinoamérica está ganando protagonismo por sí misma.

Los precios de las materias primas consolidaron su recuperación en 2017, aunque con comportamientos no homogéneos. El valor de las exportaciones e intercambios comerciales de la región con el resto del mundo aumentó su dinamismo ayudado por las fuertes devaluaciones sufridas por las principales divisas. Las reformas económicas y monetarias llevadas a cabo por gobiernos y bancos centrales de cada país han contribuido a mejorar su competitividad y a la apertura de sus economías.

Además, estos países han afrontado desde hace años un intenso proceso de integración mediante alianzas, con diferentes resultados. Son los casos de la Comunidad Andina de las Naciones (CAN), el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la Alianza del Pacífico.

El propósito de todas estas iniciativas es el de continuar avanzando hacia la libre circulación de personas, capitales, bienes y servicios; mejorar el crecimiento, el desarrollo y competitividad de las economías integrantes y, en algunos casos, el de constituir un mecanismo intergubernamental de diálogo y deliberación política para hacer frente a los desafíos comunes.

Los resultados han sido dispares; fundamentalmente, por el comportamiento económico y evolución política divergentes experimentado por los países integrantes.

Tomemos como punto de partida las dos principales alianzas comerciales. Por una parte, Mercosur, que nació en 1991 y está integrado por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela; y por otra, la Alianza del Pacífico, conformada en 2011 por Colombia, Chile, México y Perú. La primera conclusión es que la evolución de los miembros de las segunda ha sido más simétrica que la de los primeros.

Además, mientras que Mercosur surgió con una vocación más endógena y proteccionista, la segunda lo hizo con un enfoque más exógena aperturista. Buena prueba de esto último es la firma de múltiples tratados de libre comercio (TLC) e, incluso, la integración de sus bolsas y depósitos de valores locales. Fue así como nació, en mayo de 2011, el Mercado Integrado Latinoamericano (MILA), que inició su andadura con Colombia, Perú y Chile. México se incorporó en diciembre de 2014.

El gráfico 1 refleja los crecimientos que los países que componen ambos bloques alcanzaron en 2015 y 2016, así como las últimas previsiones del Banco Mundial. Se observa claramente el comportamiento divergente de sus economías, pero también cómo se estima que convergerán a partir de este año, consolidándose tasas de aumento del Producto Interior Bruto (PIB) de entre el 2% y el 5% anual.

Gráfico1 – Evolución de la tasa de crecimiento del PIB (en %)Fuente: Banco Mundial y elaboración propia. E = estimación y P  = pronóstico.

Tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional han revisado de nuevo al alza sus previsiones de crecimiento para las economías emergentes, hasta situarla en el 4,9% para el presente ejercicio. Perú crecerá a ritmos del 4% apoyado en el consumo interno y la inversión privada, mientras que la evolución de México, con una previsión del 2%, dependerá de que se despejen las incertidumbres derivadas de las negociaciones para reformar el Nafta, el TLC al que pertenece junto a Estados Unidos y Canadá.

Un segundo grupo de países es el de los beneficiarios de la mejoría y consolidación de los precios de las materias primas. Es, por ejemplo, el caso de Colombia: aunque mostraba signos de ralentización, su economía se ha visto impulsada por la recuperación de los precios del crudo y algunos sectores (turístico, financiero y agrícola) están dando ya señales de aceleración.

El encarecimiento del cobre está beneficiando a Chile, con un pronóstico de crecimiento en el entorno del 3%.

Brasil, el país que generaba más incertidumbre, está trabajando para mejorar sus fundamentales macroeconómicos y ha conseguido reducir desde 2015 su inflación, que llegó a niveles del 10%-11%. También ha avanzado hacia una mayor estabilidad presupuestaria.

Los países miembros de la Alianza del Pacífico destacan por su estabilidad económica por y la independencia de sus bancos centrales. Esto les ha permitido mantener unas políticas monetarias restrictivas que han dado resultado una significativa reducción de sus tasas de inflación (gráfico 2). La única excepción fue México, cuyo índice pasó del 3,4% en 2016 al 6,7% en 2017, alcanzando además su mayor nivel de la última década.

Gráfico 2- Evolución de la inflación (en %)Fuente: Bloomberg. Elaboración propia. E = estimación consenso

Si hay otro rasgo positivo que caracteriza a estas economías es su bajo nivel de endeudamiento público si lo comparamos con las economías desarrolladas, lo que en muchos casos conlleva una mejor calidad crediticia de su deuda en moneda extranjera y, como consecuencia, la estabilidad en su calificación soberana, como se recoge en la tabla 1.

Tabla 1- Calificaciones crediticias de las tres principales agencias de ‘rating’Fuente: Ministerio de Economía y Finanzas de Perú. Elaboración propia.

Pero la región también está sometida a riesgos, como los problemas de índole social y de seguridad. También lo es el efecto que se derivaría de una acusada retirada de estímulos monetarios y de la subida de tipos de interés por parte de la Reserva Federal estadounidense, debido al fuerte endeudamiento en dólares que ha tomado estos países en los últimos años.

Otro riesgo es la incertidumbre política debida a  las múltiples citas electorales previstas para 2018. Más del 60% del Producto Interior Bruto latinoamericano tendrá comicios este año, destacando las citas de Colombia (en mayo), México (julio) y Brasil (octubre). Los resultados en los tres pueden no ser los esperados, lo que repercutiría en la actividad económica y aumentaría la volatilidad en los mercados.

De igual manera, no podemos olvidar los potenciales desastres por fenómenos naturales y la posible desaceleración del crecimiento económico en China, con sus eventuales efectos de corrección en el precio de los activos y de desplome del precio de las materias primas.

Si se comparan América Latina y los grandes referentes mundiales, puede afirmarse que la primera tiene un gran potencial económico y social en general, siendo especialmente destacable para los estados miembros de la Alianza del Pacífico.

Tabla 2 – Comparativa de la Alianza del Pacífico con España, UE y OCDEFuente: Banco Mundial 2014, CIA World Fact Book *2015. Elaboración propia.

En la tabla 2 se recogen datos demográficos y económicos agregados de los cuatro países que componen esta alianza y del resto de grandes economías mundiales, que muestran una población joven muy superior en términos comparativos, así como una esperanza de vida y una tasa de desempleo bastante inferiores. En el gráfico 3 se observa el comportamiento de esta última variable pasado y las previsiones futuras del consenso de Bloomberg.

Gráfico 3- Evolución de la tasa de paro (%)Fuente: Bloomberg y elaboración propia. E = estimación consenso.

Además, aunque el PIB per cápita continúa lejos del de los países desarrollados, las clases medias se están afianzando progresivamente gracias al fuerte progreso económico, lo que está dando lugar a nuevas formas de vida, lo que retroalimenta el crecimiento. Sus recursos monetarios ya no van únicamente destinados a la adquisición de bienes y servicios de primera necesidad.

El futuro de Latinoamérica pasa por que sus economías minimicen su dependencia de los precios de las materias primas y diversifiquen su actividad, aumentando al mismo tiempo el consumo interno. Es de esperar que el sector servicios vaya ganando protagonismo como componente del PIB de cada país, generando un buen número de puestos de trabajo. Si persiste en las grandes reformas estructurales (disminución de corrupción y gobiernos eficaces) y mejora el capital humano, aumentará la productividad, lo que conducirá a un crecimiento continuado en los próximos años.

En conclusión, Latinoamérica es una región con una fuerte exposición al ciclo económico global, que acelera en términos de crecimiento y competitividad económica. Asimismo, está haciendo los deberes: controlando sus niveles de inflación, endeudamiento público y déficits comerciales. Ha acometido importantes inversiones en infraestructuras, con capital público y privado, y su objetivo -aún lejano- es llegar al 5% del PIB. Según el Banco de Desarrollo de América Latina, la inversión en este capítulo ha oscilado entre el 2,4% y el 3,2% de su PIB en los últimos años.

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