Las sombras de Beijing+20

Entre los días 9 y el 20 del pasado mes de marzo se celebró, en Nueva York, el quincuagésimo noveno periodo de sesiones de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) de Naciones Unidas. Como suele ocurrir, allí concurrieron representantes de los Estados Miembros, entidades de las Naciones Unidas y aquellas organizaciones no gubernamentales (ONG) que habían conseguido acreditarse ante el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (ECOSOC). Una sesión especial que, tras veinte años de vida, tenía como objetivo revisar la implementación y cumplimiento de la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing (PAB) sobre Derechos de las Mujeres aprobada en 1995.

Dos decenios después de la Conferencia de Beijing, las pretensiones y el objetivo de las mujeres, representadas por las ONGs que consiguieron acreditarse y financiar su presencia allí, quizás parecieran tímidos: se trataba de no dar un paso atrás en los derechos reconocidos 20 años antes. Más que avanzar, el propósito parecía ser sólo resistir.

Nada más iniciarse los debates, se pudo comprobar que el contexto que alimentó estas tímidas expectativas era peor de lo esperado. La voz de las mujeres, de las miles de representantes de la sociedad civil que presencialmente se desplazaron para participar o de aquellas que, desde sus regiones, pretendían dar seguimiento a lo allí acontecía, fue silenciada en los métodos de trabajos y en la propia negociación de la declaración política.

La declaración política fue, por vez primera en la historia, precocinada. No hubo intención de discutir nada allí, todo venía pre-negociado. Lo que explica que, la referida declaración, no sólo no respondiera a las necesidades de las mujeres sino que se reafirmará en los contenidos de una Plataforma cuya implementación tan siquiera se evaluó. En Beijing+20 se abandonó sin disimulo el posible reto de analizar las limitaciones que impiden que las mujeres tenga derechos a tener derechos (como fundamentalismos, desigualdad económica, violencia….). Una declaración política que, para más inri, no exonera la   responsabilidad de los estados en la materia y pasa de largo de posibles reformas institucionales que permitan atender las causas estructurales de la desigualdad de género. De los recursos económicos necesarios para atender tal menester, ya puestos, se pasó de soslayo. En definitiva, un documento para “salir del paso” sin voluntad de atender los retos que tenemos pendientes.

El análisis de la resolución sobre organización futura y métodos de trabajo no permite un  optimismo mayor. Entre otras cuestiones, porque no sólo restringe el reconocimiento de los derechos humanos de mujeres y niñas, sino el rol que en este sentido tiene la CSW. La resolución aprobada ni asegurarla colaboración con el comité CEDAW (Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Contra la Mujer), ni recoge la participación de la sociedad civil.

No, no era eso lo que las mujeres esperábamos de esta 59ª sesión de la CSW. Demandábamos que se renovase el compromiso con la PAB, pero también que se asegurase su implementación, que se consolidase el vínculo con ONU-Mujeres, y sobre todo, se esperaban espacios de audiencia y participación con las mujeres y la sociedad civil que las representa. En última instancia, que en lo relativo a los derechos de las mujeres, ellas tuvieran no ya sólo un papel protagónico (como la lógica indica) sino al menos voz propia. Que no se decidiese sobre la vida y los derechos de las mujeres sin las mujeres.

Por eso, a nuestro pesar, Beijing+20 ha supuesto más sombras que luces en lo relativo a los derechos de las mujeres y, lamentablemente, los gobiernos del mundo allí representados han demostrado que no sólo no están a la altura de lo que la sociedad demanda y requiere sino que siguen sin admitir la voz de las mujeres.

El próximo reto lo tenemos en septiembre, cuando se apruebe la Agenda post-2015 y se pueda evaluar en qué queda el quinto de sus diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) dedicado a la igualdad de género y al manido reto de su transversalización. Dentro de seis meses podremos comprobar si Beijing+20 ha sido una experiencia fallida o una nueva hoja de ruta.

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4 Comentarios

  1. Marina Subirats
    Marina Subirats 06-01-2015

    Gracias por esta información, Lidia. Me gustaría conocer más sobre los entresijos de esta sesión para entender que es lo que está pasando. Viví muy de cerca Beijing 95 y quedó clara la alianza entre las grandes religiones -básicamente la Iglesia Católica y el Islam- para parar los avances de las mujeres. ¿Siguen estas fuerzas poniendo obstáculos o son ahora otras potencias las que crean dificultades? Tendríamos que calibrar donde están los obstáculos para saber como podemos superarlos, porque de otro modo vamos retrocediendo.

  2. Lidia
    Lidia 06-01-2015

    Si, pero no solo…en esta afrenta estaban acompañados por Rusia, el Grupo Africano y Nicaragua.

    Muy de acuerdo contigo en la necesaria reflexión sobre los obstáculos para poder salvarlos.

    Supongo que la conoces, pero te recomiendo visita a http://beijing20sociedadcivil.wordpress.com
    Un saludo y gracias por comentar!

  3. Encarna Carmona Cuenca
    Encarna Carmona Cuenca 06-01-2015

    Gracias, Lidia, por la información sobre Beijing+20. Me será muy útil en un trabajo que estoy realizando. Es una pena que se avance tan despacio en la igualdad de mujeres y hombres. Eso demuestra, al contrario lo que algunos pretenden, que la igualdad no está conseguida y que queda muchísimo por hacer.

  4. Lidia
    Lidia 06-01-2015

    No solo queda mucho por hacer sino que también hay mucho que recuperar!
    Si crees que puedo facilitarte algo, no dudes en contactarme!

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