Las políticas y los científicos sociales

El mundo de la política y el de la universidad interactúan. Su relación, sin embargo, puede adoptar formas muy diversas. En ocasiones, corrientes de pensamiento originadas en las ciencias sociales (la filosofía, la teoría política o la economía) inspiran e impregnan propuestas políticas de manera indirecta. Otras veces ocurre de modo más activo, con académicos que adquieren el papel de ideólogos, ya sea siendo afiliados a un partido político o sin serlo, ejerciendo una crítica más o menos externa.

También existe el caso de figuras centrales de partidos políticos que provienen de la academia. Son ejemplo de ello cinco de los siete padres de la Constitución: tanto Miquel Roca (CDC) como Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), Jordi Solé Tura (PSUC-PCE), Manuel Fraga Iribarne (AP) y Gregorio Peces-Barba (PSOE) fueron docentes en facultades de Derecho, los tres últimos en calidad de catedráticos. De este modo, además de representar los puntos de vista de sus partidos, fueron capaces de aplicar conocimientos especializados en derecho constitucional a la hora redactar la actual Carta Magna. Otra versión de este fenómeno puede observarse en Podemos. Además de poseer una gran destreza política, muchos de sus dirigentes son expertos en protestas políticas, movimientos de masas o construcción de identidades políticas, como resultado de sus carreras universitarias. Gran parte de las tesis que ahora defienden desde las instituciones (“y las calles”, como dirían ellos) fueron su objeto de estudio durante años, cosa que probablemente no sea ajena a su éxito.

De modo más genérico, las políticas necesarias para diseñar y sostener un estado de bienestar podrían mejorar sustancialmente si recogieran algunas de las lecciones que derivan de la investigación en ciencias sociales. La universidad produce un gran volumen de conocimiento en esta área, pero no suele penetrar en el proceso de diseño de políticas públicas y por tanto tiene poco impacto social. Esto es problemático porque paralelamente estamos experimentando incuestionables aumentos en los niveles de desigualdad, pobreza infantil o tasas de desempleo persistentemente altas, lo cual evidencia la necesidad de innovar en la búsqueda de soluciones.    

Este fenómeno no es exclusivo del caso español. La falta de conexión entre la investigación universitaria y el diseño de políticas públicas es un reto al que se enfrentan la inmensa mayoría de países. Para ayudar a buscarle solución, en algunas universidades se han creado centros que funcionan como espacios de unión entre el análisis académico y la construcción de propuestas políticas.

Uno de los más destacados es el Stanford Institute for Economic and Policy Research (SIEPR), de la Universidad de Stanford. En él se produce investigación destinada a arrojar luz sobre cuestiones directamente relacionadas con las políticas públicas, como las pensiones, el sistema de salud, el mercado de trabajo, el papel de la innovación y la tecnología y la movilidad intergeneracional. También se organizan conferencias, reuniones y seminarios en los que participan miembros de la administración pública con el objetivo discutir sobre cómo los resultados de las investigaciones pueden incorporarse a la acción del gobierno.

Entre los investigadores que trabajan actualmente en el SIEPR se encuentra el economista Raj Chetty, conocido por sus investigaciones sobre desigualdad y movilidad social. En particular, Chetty ha llevado a cabo una serie de estudios en los que demuestra que el barrio donde se crece es crucial para determinar aspectos de la vida adulta como ingresos futuros, asistencia a la universidad, embarazos adolescentes, paro juvenil y patrones de matrimonio.

Algunas de estas conclusiones han sido alcanzadas tras revisar un proyecto anterior dirigido por el también economista Lawrence Katz en el que se hacía seguimiento a una serie de familias de barrios humildes que habían ganado un sorteo para ser trasladadas a barrios más prósperos, como parte de un programa piloto del gobierno. Inicialmente, los datos parecían indicar que este cambio no había generado mejoras significativas, pero tras un nuevo estudio en el que se diferenció a las familias en función de la edad que tuvieran sus hijos en el momento de la mudanza, el equipo de Chetty halló grandes beneficios para los niños de menor edad. Estas conclusiones fueron corroboradas con análisis de nuevas fuentes de datos, y han sido enormemente influyentes porque ponen en entredicho las asunciones del “sueño americano”, al mostrar que las oportunidades están se concentran en determinadas áreas geográficas y son, por tanto, desiguales. Tanto es así, que fueron citadas por el entonces presidente Obama durante su discurso sobre el Estado de la Nación y recibieron la atención tanto de Hilary Clinton como de Jeb Bush durante la pasada campaña presidencial, además de  ser objeto de una amplia cobertura mediática.

Esto ha contribuido a poner las desigualdades urbanas en la agenda política americana, y ha dado paso a una serie de proyectos auspiciados por el SIEPR destinados a entender mejor el funcionamiento de los mecanismos de movilidad social y a identificar intervenciones que sirvan para mejorar el entorno en el que crecen los jóvenes con menores recursos, con la intención de que sean adoptadas por las autoridades federales competentes.

Pero la investigación aplicada puede tener un gran impacto sin necesidad de socavar los cimientos ideológicos de una sociedad. De hecho, uno de los ámbitos en los que está siendo impulsada de modo más prometedor es en la gestión municipal. Ejemplo de ello son los Laboratorios Urbanos de la Universidad de Chicago, liderados por profesores de la institución que trabajan junto con autoridades locales y organizaciones sin ánimo de lucro para producir mejores políticas y programas sociales en las áreas de criminalidad, educación, energía y medio ambiente, salud y pobreza.

Uno de los programas más exitosos en que el trabajaron fue “Becoming a Man”, que consistía en enseñar a jóvenes de zonas desfavorecidas de Chicago a ser más reflexivos, controlar su impulsividad y reconocer algunos de sus automatismos, con lo que se logró una reducción de los arrestos de un 50% y un aumento de sus tasas de graduación escolar de casi el 20%.  Esta experiencia ha sido recogida por medios como NPR (Episodio 62), una de las principales estaciones radio de EEUU, o el programa Freakonomics, entre otros, y fue uno de los modelos en los que se basó programa nacional “My Brother’s Keeper”, impulsado por Administración Obama y que ha contado con el apoyo y participación de figuras mediáticas como las estrellas de la NBA Steph Curry y Michael B. Jordan.

Es posible que este tipo de iniciativas pudiesen haber surgido desde los partidos políticos, de la administración pública o de un departamento universitario convencional. Sin embargo, contar con la participación conjunta de miembros de la universidad y autoridades asegura que su diseño sea riguroso, que tengan impacto y que exista un cierto consenso sobre su valor y efectividad más allá de la lógica de un partido determinado. La investigación académica tiene el potencial de ayudar a generar mejores políticas públicas, pero esto no necesariamente ocurre automáticamente. No se está sugiriendo que deban importarse exactamente las experiencias aquí expuestas, sino que es importante que existan espacios multidisciplinarios que faciliten este tipo de contacto entre universidad y gobiernos. Tender puentes ente investigación académica y política es crucial para solucionar algunos de los retos a los que nos enfrentamos.

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5 Comentarios

  1. juli ponce sole
    juli ponce sole 05-03-2017

    Felicidades por el artículo, que me parece muy interesante y plantea un tema muy importante para el buen gobierno y la buena administración.

    Existen nuevas y tímidas iniciativas también en nuestro país, entre las que puedo señalar al instituto de investigación transdisciplinar TransJus de la Universidad de Barcelona:

    http://www.ub.edu/instituttransjus/index_español.html

    Esperemos que surjan más y las existentes no decaigan…

  2. Ricardo Esteban
    Ricardo Esteban 05-16-2017

    Me parece un artículo muy adecuado, porque identifica bien el problema y se aportan soluciones interesantes.
    Ahora bien, hay un elemento que me preocupa y es cómo evitar el peso agobiante de los grupos económicos de interés en la acción de gobierno. Porque, por mi experiencia ese es uno de los mayores obstáculos a la puesta en práctica de resultados de la investigación social. Resultados que a veces son compartidos por la práctica todalidad de los académicos que trabajan un tema concreto. Aumentar la transparencia para que se identifique la acción de los lobbies es importante, pero me da la impresión de que no es suficiente, ya que en algunos ámbitos los grupos de presión o de interés tienen una capacidad pasmosa de arrinconar las propuestas de los investigadores sociales. En todo caso, como punto de partida las ideas aportadas van en la buena dirección.

    • Elena Casanovas
      Elena Casanovas 05-16-2017

      Hola Ricardo,

      Muchas gracias por tu comentario.

      Sí, tienes mucha razón en apuntar que la existencia de buenas propuestas no es garantía de que se adopten mejores políticas. De hecho este uno de los matices que hice en mi otro artículo sobre el tema: http://agendapublica.elperiodico.com/observar-la-evidencia-diseno-de-politicas-publicas-en-el-siglo-xxi/.

      Sería interesante ver qué tipo de dinámicas obstaculizan el proceso. Podría haber presiones de los grupos de interés pero también otras cuestiones como tacticismo político, falta de mayorías parlamentarias, o probablemente alguna combinación de estos factores. No conozco mucha investigación al respecto, pero echaré un vistazo, sí que sería interesante aprender más sobre el tema.

  3. mlopezplana
    mlopezplana 05-16-2017

    Hola Ricardo,
    Creo que apuntas un tema muy interesante. Quizá Elena, la autora, se anime a escribir un artículo sobre el peso de los grupos económicos en las políticas públicas. Un saludo, Marc

    • Ricardo Esteban
      Ricardo Esteban 05-20-2017

      Hola Marc y Elena,

      Creo que todas las ideas aportadas suman y llevan al mismo resultado: transparencia y aprovechamiento del esfuerzo del científico social. En la línea de lo comentado por Elena sería fantástico reforzar la transimisión de resultados a los responsables políticos del ramo, o a funcionarios de peso, que pudiesen transmitir los resultados a instancias políticas. Ahora bien, en el tema de los lobbies en España tenemos trabajo pendiente. Elena apunta algunas causas –tacticismo, falta de mayorías– a la que yo añadiría la capacidad de algunos lobbies de colonizar y de empatizar con todos los grupos políticos con capacidad de decisión. Eso antes era más fácil pero intuyo que en los partidos tradicionales esa cultura esta muy instalada en buena parte de las políticas públicas

      Saludos cordlales

      Ricardo

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