Las negociaciones del ‘brexit’: ¿divide y vencerás?

El proceso ha empezado, pero la suerte no está echada. Hoy la primera ministra británica, Theresa May, ha remitido a los líderes de los otros 27 estados miembros de la Unión Europea la carta con la que solicita activar el artículo 50 del Tratado de la UE. Un hecho inaudito en la historia de la Unión y que consumirá las energías de Bruselas y Londres en maratonianas negociaciones. Pero por mucho que sepamos cómo empieza el proceso de salida del Reino Unido, poco sabemos sobre su forma final.

A partir de hoy, los líderes empiezan a negociar los términos del divorcio que, con los ojos puestos en las elecciones al Parlamento Europeo de mayo del 2019, deberían terminar hacia octubre del 2018. Entonces, una supermayoría del Consejo deberá aprobar estos términos, con el consentimiento del Parlamento Europeo y el británico. Se abordarán cuestiones institucionales (por ejemplo, ¿cuál es el precio del divorcio? o ¿qué hacemos con los europarlamentarios británicos, que ya no deberían presentarse a las elecciones del 2019?) y se tratará de dar seguridad jurídica a los residentes europeos en el Reino Unido (y viceversa).

Dos procesos diferentes

Pero no se hablará de la futura relación, a menos que se trate de algún tipo de marco transitorio. Los servicios legales en Bruselas ya están buscando argumentos para desligar ambos procesos, con el acuerdo de salida regulado bajo el artículo 50 del Tratado de la UE y la futura relación bajo el paraguas del 218 del Tratado de Funcionamiento de la UE, que delimita los acuerdos con terceros estados y organizaciones internacionales (ambos dotados, pues, de procedimientos distintos).

La Unión tratará de salvaguardar su unidad a lo largo del proceso. La máxima de Michel Barnier, a quien los estados cederán el protagonismo en tanto que jefe negociador de la Comisión, es asegurarse que la salida y el futuro acuerdo siguen cauces distintos. Con el fin de limitar la capacidad de los estados de negociar bilateralmente y evitar filtraciones que revelen desavenencias internas, Barnier ha propuesto total transparencia en la posición de la Unión y la publicación de las líneas maestras de la negociación. Sabe que la UE dispondrá de mejores cartas si los estados y la Comisión conforman un bloque contra Londres.

May trata de dividir

Por su parte, Theresa May tratará de dividirles. Desde el principio su voluntad ha sido mezclar los términos del divorcio con la futura relación, consciente de que la UE se beneficiaría también de un buen acuerdo comercial y de un marco de cooperación en seguridad y defensa, por ejemplo. May sabe también que por mucho que el Reino Unido abandone la UE, sus relaciones bilaterales con el resto de estados miembros no desaparecen. Querrá, pues, abordar estos asuntos con las distintas capitales para tensar la unidad de acción en Bruselas.

En contra de la máxima de Barnier, el lema de May es “nada estará acordado hasta que todo esté acordado”. Y ha llegado a decir que “la falta de acuerdo es mejor que un mal acuerdo”. Mientras tanto, en casa se esfuerza por mantener la disciplina de sus ministros e impedir un segundo referéndum en Escocia que abra grietas en su negociación con Bruselas. Tanto el Reino Unido como la UE saben que, en este maratón, la unidad es un plus.

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