Las incógnitas que importan y que no se resuelven el 21 D

A diferencia de lo sucedido en anteriores comicios, las elecciones que hoy se celebran en Catalunya no permiten hablar de certezas y solo presentan incógnitas.  No se sabe qué partido quedará en primera posición,  no se sabe cual será el bloque vencedor,  no se sabe si habrá mayorías matemática e ideológicamente viables y por no saber no se sabe  ni siquiera cual será el coste de la mayoría absoluta que en condiciones normales es de 68 escaños.   

¿Quien quedará primer partido? Aunque casi todos los sondeos den como vencedora de las elecciones  a ERC, como mínimo  en número de escaños cuando no en votos y escaños,  el elevado nivel de indecisos, que hasta ayer no dejaba de crecer según el tracking de El Periódico de Andorra, y la cercanía que se  atribuye a Ciudadanos  imposibilita dar nada por sentado. Sólo sabemos que la lucha  por la  primera plaza es entre ERC y C’s y que su victoria podrá tener mucho valor simbólico  pero quizás nada más.  Si se impone ERC -con permiso de las elecciones europeas de 2014, consideradas unas elecciones de segundo orden cuando ya ganó- será  la primera vez desde la segunda república  que este partido se impone en unas elecciones en Cataluña. Si por el contrario gana Ciudadanos,   será la primera vez que un partido abiertamente antinacionalista catalán gane unas elecciones autonómicas. Pero más allá del  simbolismo, que será importante, sobre todo para hacer  titulares,  el partido que  gane no necesariamente será el partido que forme o que encabece el gobierno . 

¿Qué bloque se impondrá?  Aunque todas las encuestas auguran que el bloque soberanista  formado por ERC, Junts per Catalunya y CUP se impondrá claramente al bloque constitucionalista formado por Ciudadanos, PSC y PP,  es porque no suelen computarse en este espacio los escaños de Catalunya en Comú-Podem que aparentemente puede ser clave para decantar las mayorías. La cuestión,  si gana el bloque soberanistas aunque sin mayoría, como también apuntan  algunos sondeos,   y si lo hace retrocediendo respecto a 2015,  es si ello,  y nuevamente más allá de lo simbólico,  podrá considerarse una victoria política. Puede ser si se da el caso, que  en realidad,  no gane ninguno de los dos bloques. Si el bloque que aparentemente gana no se basta para hacer una mayoría y esta depende del tercer bloque entonces el que habrá vencido en términos políticos pese a su reducida dimensión será el tercer bloque.

¿Habrá mayorías viables? Pero lo verdaderamente relevante más allá de las portadas de mañana no será ni qué partido ni cual de los dos bloques quede primero sino qué partidos están condiciones de formar una mayoría viable,  porque las matemáticas no lo son todo.  Si gana el bloque soberanista, incluso si lo hace por mayoría,  ¿podrá formar gobierno?  ¿Con qué presidente? Aparentemente ni Carles Puigdemont ni Oriol Junqueras podrán ejercer, al menos inmediatamente. E incluso superado el obstáculo mayúsculo del quien ¿con qué programa? ¿Hay algún programa que pueda hacer compatible la incorporación de la CUP  que reclama volver al 27 de octubre y que  a su vez haga posible el levantamiento del 155?   Parece difícil.  Y si ganan los  partidos habitualmente considerados constitucionalistas  ¿cual será el papel de los Comunes? ¿Darán su apoyo activo o pasivo a C’s, PP y PSC? ¿Querrá esa alianza y ese apoyo el PSC? ¿No resulta más plausible  si efectivamente todo depende del tercer bloque que intente precisamente romper la política de bloques en vez de sumarse a ella? ¿No es esto lo que tanto los Comunes como el PSC han venido proponiendo durante la campaña, los primeros planteando nuevo tripartito y los segundos aspirando a la investidura en solitario?

¿Dónde estará en realidad la mayoría absoluta? Todas las cábalas anteriores pueden verse alteradas porque el coste de la mayoría absoluta podría no ser el habitual. La particular situación de algunos candidatos de ERC y de JxC,  unos en prisión preventiva y otros a resguardo en Bruselas, plantean dudas,  primero,  acerca de la posibilidad de que puedan tomar posesión de sus actas de diputado,  y después,  de que puedan participar en el debate de investidura. En el caso de que puedan tomar posesión de las actas pero no participar en el debate si es que la justicia no lo permite y de que decidan no renunciar a sus actas, se produciría una anómala situación que de un modo u otro alteraría de facto el número de diputados necesarios para la obtención de la mayoría absoluta y en todos los supuestos ello supondría  una clara desventaja para los partidos soberanistas.  Bien sea porque para disponer de los 68 votos afirmativos harían falta en realidad más de 68 diputados electos, bien sea porque en realidad la mayoría absoluta, es decir la mitad más uno  se ve reducida por la ausencia de los diputados en prisión o en Bruselas,  en cuyo caso  al resto de partidos jugarían con ventaja porque les resultaría mucho más barato formar una coalición mínima ganadora. La incógnita llegada tal situación es si los partidos constitucionalistas estarían dispuestos a ganar aprovechándose de las dificultades del rival obviando cualquier fair play parlamentario. Un fair play, sin embargo, que también debería ser exigido a los candidatos soberanistas afectados que siempre tendrían la posibilidad de renunciar a sus actas y ser sustituidos para evitar dicha eventualidad.

Asís pues la única certeza es que esta noche, una vez conocidos los resultados,  sabremos quién es el primer partido y cuál de los bloques suma más pero muy probablemente para despejar el resto de incógnitas, las que verdaderamente importan, tendremos que esperar.

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