Las edades del Welfare

¿Podrán mantener los países del euro su liderazgo mundial en el gasto público de bienestar social?

Durante la segunda mitad del siglo XX, y con altos grados de legitimidad, el Estado del Bienestar (EB) hizo posible la aspiración ciudadana por la mejora de las condiciones de vida en la Europa occidental. Cabe establecer, en retrospectiva, que a los treinte gloreuses , o período de la Edad de Oro del capitalismo del bienestar europeo (1945-1975), le sucedió una Edad de Plata (1976-2007) que mantuvo una encomiable resiliencia ante los persistentes ajustes para contener los gastos sociales y en evitación de retrocesos de las políticas del bienestar. Tras el crack económico de 2007, la cuestión a ponderar es si la presente Edad de Bronce del welfare (2008- ¿?) podrá mantener los rasgos constitutivos del bienestar social consolidados en la segunda mitad del siglo XX. Se recurre a la alegoría de las edades mitológicas del Oro, Plata, Bronce narradas por el poeta romano Ovidio (43 a. C. – 17 d. C.), cada una de las cuales cabía ser interpretada como una corrupción de la anterior. La clasificación temporal, ya señalada por el poeta griego Hesíodo (siglo VII a. C.) en su celebrado poema, Trabajos y días, pretende ilustrar los logros del bienestar social desde finales de la Segunda Guerra Mundial y su incierta proyección futura.

Durante la Edad de Oro del welfare los sistemas de protección social de la Europa occidental fundamentaron su expansión en las altas tasas de actividad laboral masculina y en la acción complementaria de la familia y, en particular, en el trabajo no remunerado de las mujeres en los hogares. El acceso igualitario al consumo de masas había contribuido a fortalecer la demanda agregada interna. Una combinación de políticas sociales, Keynesianismo, Taylorismo y segregación de género facilitó un crecimiento económico sostenido y la generalización del ‘trabajador próspero’ (affluent worker), un tipo de empleado representativo de la práctica totalidad de la fuerza laboral asalariada de profesionales y técnicos varones. Los gobiernos gestionaron las economías nacionales con un alto grado de autonomía relativa y fueron capaces de proveer programas sociales para atender necesidades y riesgos que el mercado y la familia no podían cubrir (educación, sanidad, pensiones, servicios sociales y vivienda, por ejemplo). Las consecuencias fiscales de tal provisión de bienestar social estaban legitimadas por el respaldo político de sólidas y amplias coaliciones interclasistas.

Sin embargo, y poco antes de que se desataran las crisis mundiales del petróleo a mediados de los años 70, el pensador James O’Connor ya había formulado sus conocidas tesis sobre de la crisis fiscal del Estado y la sobrecarga presupuestaria de las democracias occidentales. Por paradójico que pudiera parecer, desde posiciones ideológicas y normativas de carácter contrapuesto, tanto pensadores neomarxistas como neoliberales, coincidieron en los años 80, en algunos de sus diagnósticos respecto a la dificultad de conciliar las lógicas del Estado del Bienestar y del crecimiento capitalista. Si bien la primera afectaba a una institución garante de estabilidad en el reparto desigual de la riqueza, la segunda encontraba dificultades en los mecanismos de generación de beneficios exigibles a la eficiencia capitalista. El EB provocaba una contradicción entre la legitimación del sistema capitalista y la erosión de los dispositivos de acumulación capitalista.

Durante la Edad de Plata del welfare (1976-2007), el sostenimiento de los valores emblemáticos de libertad, igualdad y fraternidad, ideario fundacional de la modernidad política en Europa, quedó sometido a una reinterpretación en la que la libertad (de los más fuertes) prevalecía sobre todo lo demás. En algunas democracias mayoritarias se impuso la política de ‘el ganador todo se lleva’, propiciador de una mayor disparidad de rentas y un reparto desigual de las cargas fiscales, tal y como ha venido sucediendo en Estados Unidos. En el tránsito hacia la Edad de Bronce del welfare (2008-¿?), la mundialización del modelo anglo-norteamericano empujó con fuerza hacia un entendimiento del autointerés y del hybris individualista como filosofía hegemónica. En consecuencia, la compatibilización entre las pulsiones del capitalismo y del bienestar social ha agudizado la ecuación irresuelta con nuevas incógnitas por despejar.

Es oportuno recordar que el capitalismo del bienestar, en su primera formulación realizada por el economista alemán, Gustav von Schmoller (1838-1917), enfatizaba la necesidad de que los poderes públicos proveyesen de bienestar social a los trabajadores y los ciudadanos sin confiar en que las empresas y los patronos pudieran realizar dicha tarea por sí mismos. Durante las Edades del welfare, los Estados del Bienestar europeos siguieron con mayor o menor grado de generosidad las prescripciones de Schmoller. Las magnitudes reflejadas en el Cuadro adjunto hablan por sí mismas respecto al mayor empeño de los países del euro en sus compromisos de gasto público de bienestar social. Ello responde al rasgo  cualitativo del EB, una invención europea al fin y al cabo, de promover la ciudadanía como santo y seña del impulso europeizador.

En los tiempos que corren asistimos a un proceso mediante el cual valores civilizatorios alternativos pugnan por reconducir al Viejo Continente hacia modos ajenos a su propia configuración cultural e institucional. La ósmosis contaminante del capitalismo de ‘casino’, con su corruptora avidez por el dinero, sería el acelerador de un deterioro irreversible para una Europa ahormada con el modelo de globalización neoliberal de corte anglo-norteamericano. Este modelo, en realidad, no es foráneo en su génesis conceptual al pensamiento europeo y occidental. Tal circunstancia refuerza persuasivamente el poder glamuroso del ‘espejismo de la riqueza’ abrazado por crecientes sectores sociales. De la aplicación cabal de los recursos de poder confiados a los partidos de gobierno sostenedores del Modelo Social Europeo, dependerá si la presente Edad de Bronce del welfare es tan solo un preludio de la vuelta a la prehistoria del bienestar social.

Gasto público de bienestar social (2007) (porcentaje de PIB)

Países y zonas Gasto social Gasto sanitario Total gasto públicobienestar
China 4% 2% 6%
Estados Unidos 9% 7% 16%
Eurozona 18% 7% 25%
Mundial 9% 5% 14%

Fuente: Comisión Europea, 2013

Autoría

2 Comentarios

  1. José Luis Rodríguez Peral
    José Luis Rodríguez Peral 04-28-2015

    Querido Luis: Me parece que utilizar preferentemente las razones económicas (macro y microeconómicas) en el análisis de la decadencia del EB, introduce un sesgo que puede conducirnos (y en mi opinión nos conduce) a importantes errores. A pesar de mis convicciones social-demócratas, en mi opinión es indispensable retomar al análisis marxista para constatar que una vez que cae la URSS y se desmorona la llamada Europa del Este, desaparece el miedo (digo bien, miedo) de los capitalistas y se produce un aluvión de propaganda e intoxicación en varias direcciones:
    El capitalismo popular y la superación de la lucha de clases (el fin de las ideologías)
    La supremacía de lo privado sobre lo público y la insostenibilidad del status actual (liquidación de los logros conseguidos por las generaciones anteriores)
    y por último el predominio del yo sobre el nosotros y la descalificación y el ostracismo de los sindicatos y de la negociación colectiva.
    Empezaron Thacher y Regan por la derecha y los socialdemócratas alemanes y los laboristas de la tercera vía por la izquierda. Y de aquellas lluvias hemos llegado a estos lodos.
    Siempre existieron pensadores políticos y económicos del ultraliberalismo, pero nunca como ahora se encontraron sin contrapeso alguno. No existe la amenaza de la “bota rusa” que resultaba de la Guerra fría. Tampoco el contrapeso que proporcionaban los programas políticos de los partidos de la izquierda. Ni la praxis política de la socialdemocracia en el poder (sin estupideces como que bajar los impuestos es de izquierdas o que es bueno subir la imposición indirecta y bajar la directa) y de los sindicatos en la negociación colectiva.
    Jamás hubiera pensado en que un día echaría de menos a Lenin y los bolcheviques.
    con de guieron los zpor,

  2. Luis Moreno
    Luis Moreno 04-29-2015

    Gracias, José Luis, por tu argumento que es fundamental y que ‘revisitaré’ en un próximo artículo. Abrazo, Luis

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.