Las cenizas de Angela

Que se lo pregunten a Angela Merkel. De esta manera apelaban (en su análisis del pasado domingo los investigadores José Rama Caamaño y Carlos Fernández Esquer) a la canciller alemana sobre si el crecimiento de los partidos verdes europeos –y, en concreto, del alemán– puede ser una alternativa al descrédito de los partidos tradicionales y al desafío populista. La cuestión no tiene una respuesta sencilla o inmediata, pero lo que Merkel sí ha dejado claro tras su anuncio de este lunes es que no será ella la encargada de dar la vuelta a esta dinámica. Así, tras 18 años como presidenta de la CDU y 13 como canciller, Merkel declaró que no se presentará a la reelección como presidenta de su partido en el próximo congreso del mes de diciembre en Hamburgo; y que cuando termine su mandato en el año 2021, tampoco se postulará como candidata para presidir el país ni ocupará cualquier otro cargo político, tanto en Alemania como en la Unión Europea.

La canciller calificó de “decepcionante y amargo” el mal resultado obtenido el domingo por su partido en el Estado de Hesse, que se une a los ya cosechados en la cita con las urnas en Baviera el pasado 14 de octubre, y son el motivo por el cual Merkel ha precipitado su deseo de poner fin a su carrera política cuando finalice su actual mandato. “La imagen dada por el Gobierno es inaceptable”. De esta manera, asume su responsabilidad por la pérdida de votos en las recientes elecciones regionales, donde ha perdido 11 puntos respecto a las de 2013, y ha admitido que los motivos de la debacle había que interpretarlos en clave nacional, en los últimos meses de la coalición de Gobierno en Berlín: “Soy responsable de todo, de los éxitos y de los errores, y esta cuarta legislatura será la última para mí”, afirmó en la sede del partido en Berlín.

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Esta decisión de Merkel deja en una situación muy complicada a la cada vez más débil gran coalición, que nació con serias dudas después de muchos meses de negociaciones tras las elecciones de septiembre de 2017. En un primer momento, el partido entonces presidido por Martin Schulz rechazó una repetición de la coalición con el partido de Merkel a causa de a los malos resultados obtenidos (20,5% de los votos). Más tarde, tras el no del partido liberal FDP a la posible coalición Jamaica (con la CDU y Los Verdes) y el agotamiento de otras opciones, Schulz cambió la opinión de los socialdemócratas, quienes finalmente aceptaron cuatro años más de gran coalición como gesto de responsabilidad hacia el país. La población alemana no está percibiéndolo como tal y continúa penalizando a sus principales integrantes cada vez que hay una cita con las urnas, optando por otras opciones políticas menos desgastadas y con un discurso más ilusionante.

Tras las elecciones de Baviera, Merkel ya señaló la pérdida de confianza de los ciudadanos en el proyecto conjunto de CDU/CSU y SPD. Y añadió la lección era que, “como canciller, debo hacer más para asegurar que esta confianza esté ahí”. Sin embargo, en las elecciones de Hesse, la CDU y el SPD han obtenido sus peores resultados en décadas –1966 y 1946, respectivamente–, con un 27% y un 19,8% de los votos, y una caída de más de 10 puntos en ambos casos.

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Poco después de conocerse esos resultados, la presidenta del SPD, Andrea Nahles, reconoció que esta caída se debe en gran parte a la propia situación nacional del partido, a la vez que añadió que “una considerable responsabilidad en ello” corresponde al trabajo de la gran coalición, debilitada por continuas tensiones internas. Rechazó, no obstante, que este resultado fuera a tener consecuencias personales.

A nivel nacional, continúa la caída libre de los partidos del Gobierno. Según la encuesta realizada por Forsa el pasado día 27 de octubre, los dos partidos  obtendrían tan sólo un 40% de los votos totales –26% para la CDU/CSU y 14% para el SPD–, lejos del 53,4% de hace poco más de un año en las elecciones al Bundestag, y muy alejado del 70% que acostumbraban a sumar en los comienzos de la coalición, allá por el año 2005, con la llegada de Angela Merkel al poder. En este mismo estudio, Los Verdes serían el segundo partido más votado, con un 21%, y AfD empataría con los socialdemócratas en el tercer lugar.

Los dos partidos triunfadores de las elecciones de Hesse fueron, sin duda alguna, Los Verdes y AfD. Los ecologistas lograron un 19,7% y un incremento de un 8,6%, y podrían repetir Gobierno con la CDU, al sumar entre los dos partidos una mayoría absoluta de 69 parlamentarios –sobre un total de 137–, o incluso podría buscar el acuerdo del partido liberal para contar con una mayoría más amplia. Por su parte, el partido populista de derecha AfD obtuvo un 13,2% de los votos, –9,1% más que en 2013–, y con ello consiguen entrar en el último de los 16 parlamentos regionales que hay en Alemania, un hecho muy difícil de imaginar hace unos pocos años en este país.

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El primer ministro de Hesse, Volker Bouffier (CDU), manifestó que se trata de una pérdida de votos “dolorosa”, y consideró que el resultado en su Land ha estado muy influido por el descontento con la gran coalición entre CDU/CSU y SPD en Berlín, y que supone un serio aviso para su partido.

La población de Hesse, al igual que ocurrió en Baviera, ha mostrado con su voto el descontento por las disputas internas y el desgaste dentro de la coalición de Gobierno de Berlín, los problemas por la política de inmigración y la integración europea. Como se observa en la transferencia de votos, el éxito de Los Verdes depende casi en exclusiva de antiguos votantes de la CDU y del SPD. De este modo, han huido de discursos populistas y se han mostrado como un partido más amable para la sociedad, con un carácter integrador, conservador, europeísta y más tolerante con el problema de la inmigración. Gracias a ello han logrado canalizar el descontento de la población con los dos partidos mayoritarios.

Nada más conocerse la decisión de Merkel de abandonar la política, ya ha comenzado la lucha por su sucesión con “una explosión de candidaturas”, según definición  del politólogo alemán Berthold Kohler. Por el momento, hay tres posibles candidatos que destacan sobre el resto y que ya han declarado su intención de presentarse para presidir el partido: Annegret Kramp-Karrenbauer (más conocida como AKK), actual secretaria general del partido y quien contaría con el apoyo de Merkel; Jens Spahn, actual ministro de Sanidad, y el ex jefe del grupo parlamentario de la CDU/CSU entre los años 2000 y 2002, Friedrich Merz. “Estoy listo para asumir esta responsabilidad, si el partido lo desea”, afirmó en el diario Bild. Otros nombres que suenan como posibles candidatos son Armin Laschet, ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, y el actual presidente del Bundestag, Wolfgang Schäuble.

Este proceso interno de la CDU no sólo representará un cierto parón para la política alemana, sino que generará también un lapso a la expectativa del proyecto europeo, para el que es fundamental conocer quién será el líder del partido más importante del país económicamente más potente de la ‘zona euro’. Por tanto, la CDU deberá resolver este nuevo liderazgo de forma acertada y sin un excesivo desgaste interno entre las distintas facciones del partido, para encarar la próxima cita electoral del próximo 26 de mayo, cuando además de las elecciones al Parlamento Europeo, en Alemania también se celebrarán las regionales de Bremen y varias elecciones municipales en otras ocho regiones a lo largo del país. 

Merkel, quien siempre había rechazado separar el cargo de canciller de la Presidencia del partido, cambia ahora de opinión y abre su sucesión con casi tres años de adelanto para que la persona que ocupe el cargo tenga el tiempo suficiente para desarrollar un proyecto propio y afrontar con mayores garantías su candidatura a la Cancillería. Como la propia Merkel ha admitido, esta difícil decisión supone un riesgo y debilita su posición de gobierno con sus socios de la CSU y el SPD. Porque añade más inestabilidad a su gobierno, al anteponer el futuro y la estabilidad de su partido al suyo personal o al presente del país.

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